Toros

El Manriqueño gana la final del ciclo de promoción

El alumno de la escuela de Camas se impuso en una tibia final en la que también destacó la solvencia y la capacidad del madrileño Amor Rodríguez.

el 26 jul 2013 / 11:47 h.

TAGS:

Foto: González Arjona Foto: González Arjona Se lidiaron ocho erales de Juan Pedro Domecq, bien aunque desigualmente presentados. Destacaron por su juego el boyante primero; el manso pero importante segundo; y los nobles cuarto y octavo. El resto fueron más complicados, especialmente el tercero. Juan Solís ‘El Manriqueño’, de corinto y oro (Escuela de Camas), oreja con petición de la segunda y ovación tras aviso. Jesús Bayort, de teja y oro (Camas), silencio tras aviso y ovación. Amor Rodríguez, de celeste y oro, (Fundación El Juli), silencio y vuelta al ruedo tras petición Juan Pablo Llaguno, de tabaco y oro (México), ovación tras aviso y vuelta al ruedo tras leve petición. La plaza registró casi tres cuartos de entrada. Se guardó un minuto de silencio en memoria de las víctimas del accidente ferroviario de Santiago de Compostela. Se desmonteró el banderillero Viruta. El Manriqueño se llevó el gato al agua bien y legítimamente arropado por sus paisanos y gracias a su determinación por triunfar. El chaval, que ha sido formado en la escuela de Camas bajo la batuta del Almendro, sorteó dos erales de distinta condición que permitieron comprobar su auténtico estado de forma. Le cortó una oreja al primero de la noche, uno de los mejores ejemplares del interesante envío de Juan Pedro Domecq al que toreó con solvencia y temple después de mostrar sus progresos con el capote. Puesto y resuelto, no llegó a pisar el acelerador al cien por cien pero le bastó para cuajar un trasteo templado que enseñó su mejor fachada por el lado izquierdo. La contundencia estoqueadora fue fundamental para calentar al personal, aunque algo más comprometido en la colocación habría conseguido esa segunda oreja que le pidieron con fuerza. Pero el nuevo valor de Villamanrique de la Condesa iba a dar lo mejor de sí mismo ante el quinto, un novillo con muchas más teclas que tocar con el que mostró su verdadera dimensión. Solís lo metió en la canasta sobreponiéndose a las embestidas broncas y descompuestas de este ejemplar. Lo sometió gracias a su sentido del temple y a su contrastada firmeza en una faena que tampoco estuvo exenta de calidad. Al final de su labor, dos cantaores espontáneos quisieron unirse a la fiesta por fandangos pero la espada jugó esta vez una mala pasada al novillero que no le impidió alzarse como gran triunfador del ciclo. El madrileño Amor Rodríguez debió cortar otra oreja del séptimo de la tarde. Solvente y capaz toda la noche, tuvo que pechar con un tercero de aviesas intenciones con el que volvió a mostrar que ha sido el novillero mejor preparado de los doce presentados a este ciclo de promoción. El chaval tiene valor y torea con firmeza; sólo así pudo sacar lo que no tenía a ese tercero y cuajar una relajada y honda faena al otro en una faena de eco sordo por la desbandada de parte de parte de la parroquia y el cansancio de la otra cuando la novillada se acercaba a la una de la madrugada. El mexicano Juan Pablo Llaguno volvió a evocar el aire de los toreros sevillanos de los años 40 y 50. En el vuelo de su muleta hay resonancias de Pepe Luis, Bienvenida y su pariente Manolo González pero el chico peca de alargar demasiado las faenas y necesita mejorar el trazo de los muletazos acorde a las exigencias del toreo moderno. Llaguno gusta y se gusta, es como una espuma a la que le falta un mayor apoyo técnico. Sus dos faenas, con dos novillos más que potables, estuvieron presididas por ese mismo sello: calidad y personalidad; chispazos de cadencia natural que necesitan reforzar su fibra para dar un nuevo paso hacia delante. El cartel lo completaba el camero Jesús Bayort, que había sido repescado por la empresa –había cortado una oreja en la fase clasificatoria- para completar este festejo de ocho novillos que se hizo demasiado largo para parte de un público que coge la puerta cuando se termina la merienda. Bayort lo intentó todo pero no todo le salió. Los nervios y las ganas le jugaron una mala pasada y esta vez no pudo aprovechar la oportunidad. El veredicto del jurado no se hizo esperar demasiado: El Manriqueño ganaba el ciclo seguido en la clasificación por Amor Rodríguez, Llaguno y Bayort. En marzo le entregarán el vestido de torear que regala la Real Maestranza.   -->-->

  • 1