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El mejor Daredevil de Marvel

el 07 may 2010 / 16:32 h.

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A finales de los setenta, el nombre de Frank Miller todavía no se podía asociar a ese autor que, con su Regreso del señor de la noche, revolucionaría la industria del cómic norteamericano y la manera de ver los superhéroes a mediados de la década siguiente. Por aquel entonces, Miller era un joven de 22 años que había llegado hacía tres a Nueva York y conseguido entrar a trabajar para Marvel como artista de relleno.

Pero todo cambiaría cuando se hizo cargo de dos números de Spider-man en los que aparecía un personaje con cuernos, un bastón y cuya característica principal era ser ciego. Fascinado por Daredevil, cuyas ventas eran paupérrimas, Miller pidió al editor de la serie, Jim Shooter, que le permitiera trabajar como dibujante de la misma. Shooter accedió, sin imaginar que había dado pie al nacimiento de una leyenda.

Tanto es así que sólo diez números después de haber empezado a dibujarla, Miller pasaba a ser guionista de la serie en un movimiento que por entonces era inaudito teniendo en cuenta la temprana edad del autor. Sin dejarse amilanar por la tarea, el joven de Maryland pronto convenció a los lectores hasta tal punto que Marvel decidió cambiar la periodicidad de la serie de bimestral a mensual, un paso más en la forja de lo que terminarían siendo 33 números que han servido a muchos autores posteriores como ejemplo a seguir a la hora de aproximarse al personaje.

De entre las muchas virtudes que la etapa de Miller al frente de Daredevil consiguió concretar, la primera de ellas fue el carácter oscuro que aportó al ambiente del cómic, alejándolo del colorismo que por entonces se asociaba a los superhéroes para acercarlo al cine negro y la crudeza de las calles de la Cocina del Infierno, el barrio neoyorquino donde vive el personaje.

Pero por encima de todo, los tres años que el autor permaneció en la colección serán recordados por la creación de Elektra, una asesina ninja amante del protagonista y uno de los más complejos y mejores personajes que se hayan ideado nunca en el seno de La Casa de las Ideas. Con Elektra, Miller trascendía cualquier arquetipo para insuflar vida a un personaje atormentado que servía como complemento perfecto a un héroe que se definiría más por su gran carga de humanidad y sus muchos defectos y dudas que por ser el justiciero invencible que hasta entonces siempre se había dibujado.

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