Cultura

'El Mesías', reflexiones en la Catedral

Como ha sido habitual en los últimos años, el pasado lunes tuvo lugar en la Catedral de Sevilla el concierto en torno al Mesías de Haendel, una composición que desde su estreno en Dublín en 1742.

el 14 sep 2009 / 21:23 h.

Juán José Roldán

Como viene siendo habitual en los últimos años, el pasado lunes tuvo lugar en la Catedral de Sevilla el concierto en torno al Mesías de Haendel, una composición que desde su estreno en Dublín en 1742, ha admitido toda clase de variaciones y modalidades interpretativas, entre los que destaca esta ya popular participativa.

Se da la particularidad de que hace dos años la Orquesta Barroca de Sevilla interpretó esta inmortal obra de la música universal tan sólo un día antes de que la Sinfónica hiciera el participativo de la Caixa en el Teatro de la Maestranza. Ésta ha sido la primera vez que la Barroca la ha afrontado con acompañamiento coral masivo y aficionado, coincidiendo con el arranque de una extraordinaria gira que está llevando a sus integrantes por varias capitales españolas, hasta desembocar en enero en diversas regiones de Francia, y en París, donde le auguramos el éxito que le ha propiciado ser uno de los conjuntos más reconocidos de nuestro panorama.

El Mesías de Georg Friedrich Haendel contiene en cada una de sus partes justificación para interpretarse en Navidad (la primera parte versa sobre el nacimiento de Cristo), Semana Santa (la segunda sobre la Pasión) o el Día de los Difuntos (la tercera reflexiona sobre la muerte y la resurrección), pero auspiciada por la proverbial capacidad de seducción británica (en Gran Bretaña se concibió y estrenó), aparcó sus raíces en la inminente Natividad.

Nuevo auditorio.

La sedosa, discreta y elegante batuta de Pierre Caro, maestro luxemburgués al que se le deben gloriosas páginas de la interpretación musical historicista al frente de algunas de las más prestigiosas formaciones europeas, combinada con las no muy recomendables prestaciones acústicas del templo, provocaron que la cita fuera prácticamente inaudible en muchos de los rincones del crucero donde se celebró el concierto, entre el que inexplicablemente se encontraba el reservado a los pocos que en Sevilla nos dedicamos a la crítica musical. Mucha reverberación y una inevitable sensación de lejanía nos dejaron la impresión de estar en actitud de meditación, pasando mucho frío y acompañados por el hilo musical. Difícil resulta así calibrar matices y colores en el trabajo de la orquesta, o si el contratenor Carlos Mena no tenía uno de sus mejores días, o la voz de la soprano Hana Blazíková era demasiado angelical o hasta sosa, o si el tenor Christoph Genz ejercía un efecto sedante sobre nosotros, o incluso si realmente fue el bajo Thomas Bauer quien más nos hizo disfrutar con su voz más cercana a barítono.

Por su parte, el prestigioso coro Arsys Bourgogne pareció imprimir de calidez y equilibrio su esforzado trabajo. Pero desgraciadamente todo fueron impresiones desde la lejanía, lo que nos hace reflexionar sobre lo necesario que es para nuestra ciudad un auditorio que nos evite depender permanentemente de la agenda o la dirección del Maestranza, único lugar posible hoy en día para el merecido lucimiento de la afición sevillana, que ha demostrado sobradamente que hay demanda para merecer un espacio alternativo.

Crear afición.

Lo que no podemos negar, a pesar de que el maestro Caro les obligó a rendir a medio gas, es el arraigado entusiasmo que este evento está generando en muchos sectores de la ciudad, hasta el punto de que una de las formaciones que acompañaron al conjunto francés en algunos de los coros de la obra, nació precisamente al hilo de la primera vez que se celebró este concierto participativo.

Precisamente en el Coro de la Sociedad Musical de Sevilla se englobaron también los alrededor de cincuenta participantes individuales que magnificaron, hasta donde las limitaciones acústicas denunciadas permitieron, la representación de esta obra. También el Coro del Ateneo de Sevilla y el Manuel de Falla del Conservatorio contribuyeron con firmeza e ilusión a hacer realidad esta cita prenavideña, constatando la buena salud cultural con la que a veces nos sorprende nuestra querida Sevilla.

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