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El Metro y sus novatadas

En sus nueve meses de funcionamiento, los supervisores acopian anécdotas de todo tipo: desde los niños perdidos hasta la chica que pidió una cita a ciegas al operador del interfono

el 02 ene 2010 / 19:05 h.

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Una señora entra en la estación de San Bernardo del Metro y le pregunta al supervisor comercial cómo se accede al andén, a lo que el supervisor le pregunta: "¿Dispone usted de título?". "Yo no, pero mi hija está estudiando en la facultad", le responde, ajena a que le estaba pidiendo el billete. Éste no es uno de los chistes sobre metropolitanos que se cuentan entre sí los trabajadores de la línea 1, sino que es una de las anécdotas recogidas en los primeros meses de funcionamiento del suburbano, que se estrenó el 2 de abril.

Nueva tecnología, nuevo sistema de transporte y muchas novatadas. Incluso las estaciones de la línea 1 han sido escenario de lo que podría haber sido una gran historia de amor. Una viajera se enamoró de la voz del operador que la atendía a través del interfono en la estación de Nervión. Así pasó. Este operador, desde el puesto de control central, respondió a una consulta de la mujer y ella, ni corta ni perezosa, le planteó una cita a ciegas para que se conocieran. Pero no era su media naranja. De hecho, no llegaron a consumar la cita. Eso sí, los compañeros del operador seguro que se mofaron de él durante varios días.

Otra de las incidencias más repetidas en el Metro en los primeros días fue la pérdida de niños pequeños. O no tan pequeños. También en la estación de Nervión, el personal se movilizó un día para buscar a una niña. La cara del supervisor cambió al encontrarla y comprobar que la chica tenía 16 años y 1,79 metros de altura. Eso sí, aún le daba vergüenza montarse en el Metro.

Pero no sólo se pierden niños. Hay quien olvida en el tren algún objeto más que curioso, como un maletín de juegos eróticos. En la Oficina de Atención al Cliente, las dos chicas que lo perdieron lo pasaron mal (se ruborizaron bastante) a la hora de describir su contenido, un trámite rutinario la mayoría de las veces. Ambas iban en el Metro a una despedida de soltera.

En otra ocasión, un usuario llamó por el interfono de la estación de San Bernardo para denunciar que se había dejado en el tren la bicicleta, que viajó sola. Pero para bicis, el día que la Universidad Pablo de Olavide regaló bicicletas a sus estudiantes. Fue divertido ver los trenes llenos de bicicletas. Un paraíso para la asociación A Contramano.

Otro día un humo intenso inundó la estación del Prado. Más de uno estuvo a punto de llamar a los bomberos y presagió un desastre. Era un castañero (vendedor de castañas) que para cobijarse de la lluvia se metió en el templete de acceso a la estación con su carrito. Allí siguió vendiendo y provocó las quejas de los usuarios, algunos asustados y otros encantados por el buen olor.

En todas las estaciones durante primeros días de abril, la gente metía por cualquier orificio de los tornos las tarjetas sin contacto. E, incluso, algún usuario pasaba la mano por el torno pensando que de ese modo accedería al andén.

Cuando se pusieron los carteles informativos sobre la apertura selectiva de puertas (a partir del 1 de julio), el supervisor comercial de la estación Primero de Mayo encontró a una señora dándole al botón de la fotografía y quejándose de que el botón no funcionaba.

Además, el Metro tiene, a veces, raros visitantes. Un usuario pidió insistentemente llamar al Seprona y a los Bomberos para sacar a un pájaro que había entrado en el templete de la estación de Plaza de Cuba. Pero el pájaro, cuando se cansó de estar en el templete, salió solito.
Por ahora, el anecdotario del Metro es bastante light, no se han registrado sustos importantes ni vandalismo o robos. No obstante, la Policía Nacional ultima su sede en la estación de Puerta de Jerez. La comisaría estará lista en pocos días y servirá para disuadir a los delincuentes y atender al viajero.

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