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El miedo al voto y el voto del miedo

El PP teme no lograr mayoría absoluta, y al PSOE le aterra que el PP lo consiga... y lo que dice la jueza.

el 15 mar 2012 / 22:12 h.

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El candidato de IU por la provincia de Sevilla, Juan Manuel Sánchez Gordillo, en un acto de su partido esta semana.

Llegados a este punto de la campaña, si hay un sentimiento que lo resume todo es el del miedo. Miedo tiene el PP a no sacar mayoría absoluta cuando la está rozando con los dedos, porque si no lo consigue ahora que es para que vengan los sociólogos (a estudiar un caso que ya rozaría la condición de maldición mitológica) y los psicólogos, que tendrían que montar una clínica de campaña en plan aquí ha ocurrido una desgracia en plena calle San Fernando, a las puertas de la sede regional del PP.

Derivado de lo anterior, de este vértigo a las alturas, viene el miedo de Javier Arenas a debatir en Canal Sur, que si aquello no fue pánico a meter la pata (aunque fuese con el vuelo de una mosca) fue una prudencia que puede interpretarse como tal. Hay veces en que el miedo se disfraza de estrategia política, pero al final canta, y para espantar fantasmas al día siguiente Arenas se puso en plan intrépido y se fue a Barbate a embarcarse aunque fuese martes y 13.

Pero si en el PP tienen miedo, esta palabra se queda corta con la sensación que recorre el espinazo de los socialistas, lo suyo es un frenesí de terror con dos frentes fundamentales: en un lado del cuadrilátero tenemos el miedo a que al final el PP tenga mayoría absoluta (el agujero que se les abriría bajo los pies sería del tipo Gran Cañón del Colorado); en el otro rincón, hay pánico a todas las resoluciones que salen del despacho de la jueza Mercedes Alaya, que solo su nombre dispara los miocardios por San Vicente, en la sede del PSOE. El caso de los ERE es de los más sonrojantes, indignantes y chuscos que se han conocido en España, pero también es casualidad que las principales declaraciones y anuncios se están haciendo en plena campaña electoral. Eso es tener mala suerte, sí señor.

A los socialistas les queda un tercer escenario, que es por el que ahora suspiran pero que les puede llevar después a querer cortarse las venas: el PP no logra mayoría absoluta y hay que negociar con IU. Y ahí está el problema: ¿con qué IU se negociaría, qué facción llevaría la voz cantante? ¿La moderada de Diego Valderas, que ya hasta se pone corbata para ir a un debate televisivo, o el comando jornalero que lidera Juan Manuel Sánchez Gordillo? Porque sentarse a negociar con este sector de IU tiene que ser, como mínimo, durillo, para ir a las reuniones con casco y todo.

Lo curioso de este panorama es que durante la campaña se está echando un pulso con el voto del miedo. El PSOE ya no recurre a algo tan simple como lo de la derechona, pero mantiene la esencia: estos del PP son unos señoritos y, además, da miedo que lleguen al poder. Los socialistas vienen a decir que con tanto recorte estos del PP son capaces de cargarse la educación y la sanidad, que en Cataluña ya han votado a favor del copago, y mira qué reforma laboral han hecho, la nuestra parece de juguete en comparación. El PP, por su parte, también atiza con lo del miedito: a un panorama con un millón largo de parados, al escándalo de los ERE... y a Juan Manuel Sánchez Gordillo, genio y figura.

El todavía alcalde de Marinaleda ha pasado a encarnar para la derecha qué es el voto del miedo, en sus diccionarios se busca la definición de este concepto y te sale una foto del líder jornalero, con su correspondiente pañuelo palestino para golpear todavía con más fuerza. Sánchez Gordillo tiene su fuerza donde la tiene, en unas zonas rurales en las que el miedo a la derecha está grabado a fuego porque hay cosas que nunca se van a poder olvidar, pero es un anacronismo viviente cuando se quiere llegar a los caladeros urbanos de izquierdas.

Que Sánchez Gordillo sea el cabeza de lista de IU por Sevilla es fruto de la rocambolesca composición de este partido, una gran familia en la que manda (y mucho) una CUT-BAI que arrasa en la Sierra Sur pero da miedo en el área metropolitana. Aunque más que miedo, lo que puede producirse es una desconexión con esta izquierda urbana de la que puede aprovecharse Equo a poco que centre y clarifique su mensaje. Que a estas alturas de la película te venga, como en la entrevista que publicó el martes este periódico, con que va a nacionalizar la banca, Endesa y los latifundios de la Casa de Alba, pues ya me dirán.

Es verdad que tiene su razón cuando apela a una revolución ecológica y ética, pero el resto de su discurso lo adorna con tanta parafernalia de lucha de clases que corre el riesgo de convertirse en un estereotipo, en un esclavo de su propio personaje. Y mientras tanto, el PP diciendo que el verdadero voto del miedo lleva pañuelo palestino.

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