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El milagro de la Virgen de la Palma y su nueva saya

Tras 18 días en coma, su maridole dijo: "Pili, tienes que acabar la saya". Y se despertó

el 30 mar 2010 / 19:42 h.

"Mi abuela era camarera de Nuestra Señora de la Palma, y mi marido pertenecía a la hermandad del Buen Fin desde antes de que nos conociéramos. Cuando nos casamos, veníamos desde Cádiz sólo para estar bajo este techo, y a nuestra hija la llamamos Pilar, como yo, pero seguido de María de la Palma". Pilar de la Haza, bajo el techo de la iglesia de San Antonio de Padua, confiesa que aún tiene miedo.

Miedo de no ver cómo María Santísima de la Palma estrena la saya que con esfuerzo "y un milagro", señala el hermano mayor Alejandro Franco, ha bordado. "¡El milagro lo hiciste tú!", bromea Pilar con él. "¡Qué me convenciste a costa de ser un pesado!", le replica. Pero entre risas y siempre con modestia, Pilar reconoce que "algo debió de ocurrir aquel día".

Tras regalarle a la Virgen un fajín para que lo estrenara el Miércoles Santo de 2008, Pilar recibió una proposición que le pareció una locura: realizar una saya con la misma técnica que había utilizado en la otra prenda. Y aunque nunca le gustó bordar, le encantan los retos. Así, tras ver la saya en su mente, se puso en contacto con Pepe Asián para que realizara el dibujo, y con Alfonso Aguilar para proponerle un trueque: "Le regalo a tu Virgen de Montserrat un fajín si tú le haces a la mía una malla de bolillo para que yo pueda bordarla". Y así fue.

Pasados algunos días, en los que llegó a dedicarle a la saya hasta 18 horas diarias, a causa de una afección coronaria los médicos le informaron de que debía ser operada. Por si no tenía ocasión de volver, Pilar dejó las piezas de la saya preparadas para que otros la continuaran. La cirugía a corazón abierto finalizó tras horas de intervención, pero Pilar continuó dormida: "A pesar del coma, era consciente del paso de los días porque mis ojos notaban la bajada de las luces en la noche, y escuchaba todo lo que sucedía a mi alrededor", explica.

Así, habiendo sus ojos notado la bajada de las luces hasta en 18 ocasiones, y sus oídos escuchado cómo una enfermera sentenciaba su muerte para esa misma noche, Pilar pidió a su Virgen no seguir viviendo. "¡Pili, despierta, que tienes que terminar la saya!", le dijo entonces su marido.


Y aquel día despertó. Y aunque siente miedo, hoy verá a su Señora de la Palma estrenar la saya que "milagrosamente" pudo acabar y regalarle.

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