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El momento de la política

Corramos un tupido velo ya a lo pasado y busquemos una solución a un proyecto que se necesita.

el 07 mar 2012 / 12:28 h.

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Desde hace años, el esqueleto de lo que podría haber sido la biblioteca del Prado 'decora' los jardines.

En unas pocas semanas, la biblioteca del Prado volverá a las primeras páginas de los periódicos. Para entonces, la Universidad de Sevilla habrá presentado en el Tribunal Superior de Justicia de Andalucía (TSJA) sus alegaciones a la petición de los vecinos del Prado de San Sebastián de que se ejecute la sentencia del Supremo con la que se paralizó la nueva biblioteca central. Será entonces cuando el Alto Tribunal dicte sentencia y en ella diga qué es lo que tiene que hacer la Universidad con los hierros que le llegó a dar tiempo a levantar en los jardines hasta ese momento hogar de las ratas. El flamante rector, Antonio Ramírez de Arellano, no se mueve un ápice de la réplica estándar cuando se le pregunta por este asunto: "Es la hora de los técnicos". Disiento. Es el tiempo de la política. De la política que no se deja llevar por corolarios ideológicos sino por el interés general. Y la Universidad de Sevilla, una de las instituciones universitarias más importantes del país por su historia y trayectoria académica, demanda una nueva biblioteca central.

La Biblioteca de la Universidad de Sevilla, fundada en 1505, dispone de un valiosísimo fondo antiguo constituido por 917 volúmenes manuscritos, 330 incunables, 8.000 del siglo XVI y una amplísima colección de los siglos XVII y XVIII. "Gran parte de sus fondos antiguos, libros editados desde la invención de la imprenta hasta el año 1500, entre ellos la Biblia Latina, el primer libro impreso, publicado por Johannes Gutenberg en 1456, proceden de los viejos anaqueles de los conventos sevillanos desamortizados. Estos fondos necesitan un recinto adecuado con instalaciones modernas y apropiadas para su conservación y consulta. Y en la antigua Fábrica de Tabacos ya prácticamente no caben", resumía el catedrático Ramón María Serrera en uno de sus artículos de opinión en El Correo de Andalucía.

Esta realidad sumada al hecho de que la biblioteca sería un espacio PÚBLICO (dícese de lo común del pueblo o ciudad, según la Real Academia Española. Aclaro esto último porque esta misma semana he podido escuchar a un señor catedrático afirmando vehementemente que la biblioteca iba a estar ¡cerrada a los sevillanos!), deberían tener el suficiente peso como para que a estas alturas se supiera qué alternativas hay para que la ciudad y con ella su Universidad dispongan de un espacio cultural de primer orden donde todos, universitarios y no universitarios, pudieran disfrutar del espacio en sí y de la consulta de auténticas joyas bibliográficas.

Desde que Juan Ignacio Zoido aterrizó en la Alcaldía -y ya hace de esto nueve meses- el mutismo sobre qué quiere hacer con este proyecto es absoluto. Lo más que sabemos es que aspira a que se cumpla la sentencia, lo cual es obvio. El Supremo dice que hay que restituir el parque a su estado original y así se hará. Pero se echa en falta, no solo por parte del alcalde sino de la propia Universidad, una comunicación clara en esta materia. La Universidad falló tiempo atrás al pensar que el asunto de la biblioteca era cosa de cuatro locos. Cuatro locos que hicieron mucho ruido y que consiguieron que delante de la pancarta se pusieran personalidades de la sociedad sevillana de primer nivel... Las mismas que ahora parecen coartar a Zoido. Porque debe haber razones de mucho peso para que el alcalde no diga alto y claro cuáles son sus planes para el proyecto de biblioteca central de la Universidad. ¿La quiere en Los Gordales? ¿Está buscando terrenos en el entorno de Viapol como quiere la Universidad? ¿Quiere que este proyecto duerma el sueño de los justos y pase a la historia de los planes fallidos de la ciudad, como ya ocurrió con el edificio de Moneo precisamente también en el Prado de San Sebastián? El Supremo lo dejó claro: de biblioteca en los jardines, nada de nada. Pero no prohibió el proyecto en ningún otro lugar (crucemos los dedos).

Sevilla merece una biblioteca universitaria de primera. Olvidémonos del boceto de Zaha Hadid, de sus volúmenes, de sus perfiles puntiagudos... Olvídemonos de los dimes y diretes. Corramos un tupido velo ya a lo pasado y centrémonos en buscar una solución. Una solución que pasa por dejar claro, primero, que se quiere la biblioteca. Segundo, que van de la mano dos instituciones como el Ayuntamiento y la Universidad. Y tercero, que se defenderá, en la medida de lo posible, lo invertido. Posibilidades hay. Lo que sería un error es adoptar con la biblioteca de la Hispalense la misma actitud que con la torre Pelli: mutismo y a verlas venir.

En twitter: @carlotilla2

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