Local

"El monstruo de nuestra época es el gilipollas economicista"

El dibujante y su colega Azpiri abren con ‘Drácula’ (Ediciones B) su serie ‘Horreibols and terrific books’.

el 16 dic 2011 / 19:47 h.

TAGS:

Forges, metiéndole miedo a su colega Alfonso Azpiri, esta semana en Sevilla.
-Con lo terrorífico que está el panorama, ¿no se han quedado un poco antigüitos los clásicos del terror?
-Es curioso, todos los grandes terrores vienen de la más remota antigüedad: lo único que cambia es la indumentaria, los vestidos, las épocas. Shylock [el judío de El mercader de Venecia de Shakespeare], por ejemplo, me parece un cuento de terror terrorífico no considerado como tal. Con los tiempos procelosos que vivimos, creo que Shylock puede convertirse en un monstruo a la altura de Drácula, Frankenstein o el Hombre Lobo.

-Los monstruos clásicos respondían a ideales románticos, más tarde vinieron otros que eran fruto del progreso o la tecnificación. ¿Qué monstruos va a producir esta época?

-El gilipollas, en general. Que no tiene por qué ser e-co-no-mi-cis-ta, ojo, no economista, no la vayamos a liar. El economicista es una cierta forma de uso de la sociología. Ahora mismo hay un monstruo, una especie de teórico-político, que diseña unas estrategias, para que la sociedad actúe con parámetros exclusivamente economicistas. No existe el amor, ni la comprensión, fíjate si será grave que no va a existir ni la tuna. Todo lo que no sea rentable, rentable para ellos, no existe. Cosas que parecen un chiste, como la idea de "estamos dispuestos a dar trabajo, siempre que los trabajadores nos paguen a nosotros", están pasando. Un alto dirigente de los empresarios españoles ha propuesto crear cientos de miles de empleos a 400 euros. Pero, ¿usted cuánto gana?

-¿Y el humor, qué puede hacer ante esos nuevos terrores?
-El humor tiene una ventaja. Según el Derecho Romano, siempre está protegido por el animus ioacandi del humorista. Es una eximente legal por el cual el ánimo de hacer reír, de hacer felices, tiene licencia para "atacar", entre comillas, determinadas parcelas de la realidad y el poder. Por eso intentamos decir lo que otros dicen embrollado. Vamos al grano.

-Eso les acerca a los periodistas, viejos vecinos que no siempre dan su sitio al humor gráfico.
-Yo no soy periodista, aunque casi todos mis compañeros tienen el carnet que las correspondientes asociaciones de la prensa dan. Pero claro, hay que pedirlos, y yo soy muy malo para pedir las cosas, me da mucha vergüenza. Me considero un periodista vago, solo porque llevo en esto 47 años.

-¿Y cómo andamos de libertades en la España actual?
-Antes yo exigía libertad para expresarme, tener lugares o sitios para expresar las cosas. Lo que no haré nunca es aprovecharlos para ofender, agraviar, chantajear.., Que es lo que intenta un grupo determinado de gente, que cuando recibe una demanda, dice que están atentando contra su libertad. ¿Lo has dicho y lo has podido decir? Allá tú entonces. Del agravio y la mentira no hay ninguna ley que te proteja.

-¿Cree que ha sido el caso, por ejemplo, de los polémicos secuestros de El Jueves?
-España está absolutamente calada por una cosa que se llama mal gusto, que suena muy burgués, pero cada vez está más presente. Se puede decir todo, pero para poder hacerlo, en vez de coger la pluma o el ordenador y hacer ¡zasca!, mejor te tiras dos días pensando cómo decirlo. Seguro que, cuando llegues al final, has cumplido tu misión de decirlo, y nadie puede quejarse. Hay que tener una profesionalidad tan constatada que el director pueda meter tu dibujo en imprenta sin mirarlo, porque no le vas a dejar con el culo al aire. Un chiste diario está tirado, lo que cuesta es pensar cómo hacerlo.

  • 1