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"El muelle de las Delicias es un proyecto malo porque sigue aislado"

Antonio Barrionuevo, arquitecto del muelle de Nueva York, critica su vallado y sostiene que la crisis no debe ser excusa para rebajar la calidad de proyectos como el de Marqués de Contadero.

el 27 oct 2012 / 18:51 h.

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El arquitecto Antonio Barrionuevo, ante su última obra inaugurada, el renovado muelle de Nueva York.
Tras la inauguración del muelle de Nueva York, el arquitecto Antonio Barrionuevo analiza la situación urbanística del entorno del río, de Sevilla y de la profesión.

-¿Qué le parece el cerramiento del muelle de Nueva York?
-No me parece bien. La ciudad está salvaje, habría que educar, y apostar por la vigilancia como antaño, con guardias en los parques.

-El muelle está incompleto.
-Los elementos que faltan le darán más vida y uso: los kioscos, el mercado de artesanos... pero no es lo fundamental.

-¿Cómo valoraría los espacios públicos de Sevilla?
-En el muelle de Nueva York se usaron materiales de primera calidad en el granito y madera, en todo, pero hay partes de la ciudad mal construidas. Por regla general el pavimento de la ciudad es muy malo. Un ejemplo es la Avenida. Sevilla da una imagen de pobreza en sus calles y en su iluminación nocturna. El mobiliario urbano no está cuidado, prima más el diseño que la durabilidad.

-¿Qué falta en el río?
-El Cristina y el muelle de Nueva York son una unidad, puesto que la Puerta de Jerez es la más importante al río. Pero el muelle de las Delicias tiene un malísimo proyecto, con una verja que lo aísla, de ahí la queja de los restaurantes. Es un proyecto fallido, sigue aislado, ni se integra en la ciudad ni en los jardines. No tiene atractivo y debería dar paso al gran muelle de Tablada, que debe reconvertirse.

-¿Que ubicaría en esa zona?
-Algunos profesores de la Escuela y yo propusimos al Ayuntamiento que la Ciudad de la Justicia vaya en la Raza. En los espacios vacantes desde el puente de las Delicias hasta Heliópolis. Y el muelle de Tablada sería para los cruceros, porque el puente de las Delicias no puede estar levantándose continuamente. Es la zona que Sevilla debe conquistar. El Puerto va hacia el Sur y la ciudad debe recuperar ese espacio.

-Usted ganó el concurso para el anteproyecto del paseo de Marqués Contadero hace dos años, ¿se hará?
-Sí. Allí irá el centro de recepción e interpretación turística. Es un espacio difícil porque hay un escalón intermedio entre paseo del Colón y el muelle que hace que no esté bien conectado. Y no tiene continuidad por los extremos. Necesita una solución no costosa para hacerlo atractivo, porque ahora no lo es.

-¿Hay presupuesto?
-El plan turístico de Sevilla de Ayuntamiento y Junta tiene asignado presupuesto, unos cinco millones. Cualquier cantidad nos parece mucho porque estamos acobardados por la crisis, pero no lo es. Sólo hay que procurar que sean cinco, y no diez. Esta ciudad tiene poco pulso por los políticos y los ciudadanos. No está unida, sólo está para entrar en polémicas absurdas. Todos están contra todos, en vez de sumar.

-¿La crisis generó una arquitectura basura?
-No es el momento de una visión pacata y cicatera porque no haya presupuesto. La crisis no anula la ambición sana de lograr lo que la ciudad quiere ser, de realizar proyectos buenos. Y en época de crisis hay que potenciar los proyectos para que los presupuestos no se disparen. Es necesario tiempo. No se pueden redactar en un mes. Necesitan maduración, estudiar el desarrollo histórico y el entorno, sobre todo en el espacio público, que hay que dotarlo del carácter del lugar para sacarle su esencia.

-La falta de obras está haciendo mella en su profesión.
-El enorme peso de las empresas públicas, infladas, se está sosteniendo para no destruir empleo, pero daña al sector privado. El problema es que la administración hace los proyectos, que son estudios previos o pliegos de condiciones, y luego saca concursos de proyectos y obras. Entonces los técnicos (arquitectos, ingenieros, aparejadores...) que participan son los de las constructoras y no hay independencia para llevar el control de la obra.

-¿Por eso falta calidad y se disparan los presupuestos?
-Se hacen obras sin ese control de calidad y presupuestario. Las empresas eligen a los técnicos que les resultan más cómodos y la obra tiene que ser una briega entre ambas partes. Se rompe el equilibrio y al haber tan pocas obras se arruina aún más el tejido civil, a las pymes. Los estudios de arquitectura están cerrando.

-Lleva muchos años dando clases, ¿cómo ve el futuro de los jóvenes arquitectos?

-No tienen futuro y los que terminan, los más brillantes, emigran a Alemania, Chile, Brasil... Me apena, es una gran pérdida.

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