Cultura

"El nacionalismo está tras las peores carnicerías de la Historia moderna"

El flamante Nobel MarioVargas Llosa desgrana su nueva obra, 'El sueño del celta'.

el 29 oct 2010 / 17:29 h.

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“Abrumado” por las innumerables muestras de cariño que ha recibido tras ganar el Premio Nobel de Literatura, Mario Vargas Llosa se enfrenta ahora a la publicación de su nueva novela, El sueño del celta, en la que explora los límites de la maldad y reflexiona sobre los peligros del nacionalismo.

“El nacionalismo es una de las fuentes peores de la violencia” y está detrás de “las peores carnicerías que ha vivido la Historia moderna. Las dos guerras mundiales son producto del nacionalismo y las grandes tragedias de América Latina también están motivadas por esta ideología”, afirma Vargas Llosa en una entrevista telefónica con EFE.

Desde Nueva York, donde trata de “sobrevivir” al aluvión de compromisos que le han surgido tras ganar el máximo galardón de las letras mundiales, y donde procura seguir con sus clases en la Universidad de Princeton, el escritor peruano habla de su estado de ánimo y desgrana algunas claves de esta novela que Alfaguara publicará el próximo 3 de noviembre en los países de habla hispana.

Desde que la Academia sueca lo encumbró el pasado 7 de octubre, Vargas Losa (Arequipa, 1936) no para de recibir felicitaciones, y eso “ha sido como otro premio”, dice este portentoso narrador, siempre apasionado al hablar de su oficio de escritor.

Esa pasión late en las 450 páginas de su nueva novela, en la que da una paso más en “la cartografía del poder” por la que le dieron el Nobel –a Vargas Llosa le gusta la fórmula que utilizó la Academia porque él considera su obra “una exploración del poder y sus estragos”–, y reivindica la figura del irlandés Roger Casement (1864-1916), un personaje “fascinante” donde los haya.

Casement fue cónsul británico en el Congo a principios del siglo XX y amigo de Joseph Conrad. Fue uno de los primeros europeos en denunciar los horrores del colonialismo en el Congo.

Su estremecedor informe sobre las atrocidades que allí se cometían con los nativos –Ediciones del Viento lo recupera ahora en La tragedia del Congo– tuvo gran repercusión en la sociedad de su tiempo, como también sucedió con el que hizo tras su viaje a la Amazonía, para comprobar in situ los abusos sufridos por los indígenas del Putumayo, en la frontera entre Colombia y Perú. Una biografía de Conrad le descubrió a Vargas Llosa la existencia de Casement, cuya trayectoria parece sacada “de una novela y, al mismo tiempo, es un personaje misterioso porque hay muchas partes de su vida que están en sombra y que son objeto de controversia”, señala.

Y apostilla. “Eso a mí me estimuló porque me dejaba mucho campo para la invención, para la fantasía, para llenar todos esos huecos de su existencia”, comenta el escritor, quien no duda en afirmar que en su nueva novela “hay más imaginación que historia”, igual que sucedía, añade, en La guerra del fin del mundo y La fiesta del chivo.

“Casement es un hombre fascinante y representa algo infrecuente: por una parte es un héroe, un hombre que dedicó su vida a una causa muy justa; y, por otra, un ser humano con sus debilidades, errores y contradicciones”, señala Vargas Llosa, que refleja con su habitual maestría las luces y sombras del personaje.

Y es que Casement “es una contradicción viviente desde que nace hasta que muere”. Su dura experiencia en África y en la Amazonía lo llevó a ver cierta similitud entre el colonialismo de esas zonas y el que sufría Irlanda. Dejó de ser probritánico y se convirtió en un independentista irlandés. Considerado un traidor por el Imperio Británico, fue condenado a muerte. Mientras esperaba en la prisión la conmutación de la pena, la Inteligencia británica puso en circulación unos diarios que ponían de relieve su homosexualidad y que estaban llenos de “obscenidades pestilentes”·

Todavía es “un misterio” si estos diarios fueron “manipulados para difamar” a Casement. Fueran falsos o ciertos, la tesis de Vargas Llosa es que el cónsul británico “los escribió, pero no vivió todo lo que allí contaba”. “Jamás hubiera podido ser por veinte años diplomático si hubiera hecho la décima parte de las cosas que cuenta en ellos”, subraya.

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