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El New York Times y Javier Bardem

Veremos si justifico el hecho de que haya temas interesantes que no sean estrictamente actuales. Lo diré de una vez: dudo mucho que hubiera confusiones en la transcripción, o errores de traducción en los comentarios de Javier Bardem al New York Times.

el 15 sep 2009 / 15:52 h.

Veremos si justifico el hecho de que haya temas interesantes que no sean estrictamente actuales. Lo diré de una vez: dudo mucho que hubiera confusiones en la transcripción, o errores de traducción en los comentarios de Javier Bardem al New York Times. Diré más, todos aquí sabemos que no hubo confusiones de transcripción ni errores de traducción, y que, al final, la cosa no hizo más que poner en evidencia a los detractores de Bardem, sin dejar por ello de sacar a relucir nuestros vicios más arraigados.

Nada desvela Bardem en sus réplicas que no supiéramos. O sea, que en este país la envidia es el pecado público y privado número uno. El problema, como el propio actor ya está en condiciones de sufrir, es que la envidia en USA es un estímulo que ayuda a mejorar emulando, y, llegado el caso, hasta superando, las virtudes del adversario, mientras que aquí sólo es un arma arrojadiza.

Una segunda cuestión es que, en el fondo, vivimos de arquetipos y máximas ligadas a estos arquetipos. Las máximas de derechas hablan de que la Verdad y la Fábula son lo mismo, que hay que representar las pasiones para sentirlas y que el hombre es un ser de ceremonias. Pues bien, Bardem es, reconocidamente, un hombre de izquierdas, y, "a sensu contrario", responde con demasiada previsibilidad al arquetipo que asume que la franqueza es sinónimo de libertad, y que las ceremonias contaminan lo más fresco y valioso de un hombre.

Por último, tenemos a la gran familia del cine español, cuyo significado se nos escaparía si no fuera porque se llevan a matar entre sus miembros, igual que las verdaderas familias, que viven del dinero público, como las verdaderas familias, y que, en términos generales, hacen películas feas, sórdidas y "realistas como la vida misma", que no interesan ni siquiera a las verdaderas familias.Y ahora pongamos en relación las tres cuestiones: gran familia del cine español, arquetipo de izquierdas frente a arquetipo de derechas y, por último, envidia como pecado patrio, y para qué decir más.

El mayor riesgo del arquetipo de izquierdas es terminar desengañado, y el mayor peligro es que su previsibilidad siempre hará de él un blanco fácil. Por eso los arquetipos funcionan mejor en el arte que en la vida.

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