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"El niño tiene que salir de Libia ya"

Ana Arjona esperaba anoche que su marido y su hijo llegaran a Sevilla en AVE tras haber volado a Madrid en el avión fletado por Repsol desde Trípoli, después de tres días intentando salir de Libia.

el 23 feb 2011 / 21:22 h.

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Ana Arjona acababa de volver de Trípoli, la capital Libia, el 14 de febrero sin que nada hiciera presagiar que la ciudad donde viven su marido y su hijo Gabriel desde el año pasado fuese una zona de riesgo. Pero el lunes, su marido José Antonio Vázquez, del que está separada, la llamó a las 7.30 de la mañana con voz de urgencia: "Ana, la cosa está fatal, te mando al niño lo antes posible". Ana le preguntó que cuándo, pensando que sería en una semana, o en verano. "Te lo mando en cinco minutos", le dijo José Antonio. Entonces sí se asustó.

José Antonio, agregado de la Oficina Comercial de España en Trípoli, y Gabriel, el hijo de 15 años de la pareja, estaban camino de Sevilla anoche desde Madrid, donde aterrizó a media tarde el avión fletado por Repsol YPF que logró sacar de Libia a sus propios trabajadores y a otro grupo de españoles que aún no habían logrado volver a casa. El avión, con 131 pasajeros, llegó a Barajas a las 18.15 horas.

El periplo para intentar salir del país -primero el niño y luego también su padre, ante la gravedad de los sucesos- ha durado tres días en los que José Antonio ha ido varias veces al aeropuerto sin conseguir más que volverse preocupado, porque incluso con el billete comprado, las revueltas le hacían imposible entrar allí con su hijo para pugnar por coger un avión. Anoche, con su familia ya de vuelta en el AVE, Ana se quejaba de la falta de ayuda de la Embajada española.

"Dormían en casa de José Antonio, ni siquiera los convocaron para quedarse en la Embajada todos los españoles juntos", decía Ana, a quien el martes tardaron 24 horas en cogerle el teléfono en la Oficina de Emergencia Consular. "¿Eso es una oficina para emergencias?", se preguntaba.

José Antonio era director del Instituto de Comercio Exterior en Sevilla y el verano pasado fue enviado como agregado a la Oficina Comercial de Trípoli. Su hijo Gabriel, que ha estudiado en el Colegio Americano de Sevilla y quiere ser diplomático, pensó en terminar allí la ESO y el Bachillerato, para mejorar su inglés y el árabe que está estudiando.

Llegó en septiembre. "Estaba feliz con su padre, tenía una relativa amistad con los hijos del resto de trabajadores extranjeros y le iba bien", cuenta Ana, que pudo comprobarlo a principios de mes, cuando pasó 10 días con ellos de vacaciones. Justo antes de venirse, su hijo le dijo que habían suspendido las clases, y le extrañó. Pero no imaginó que pudiesen estallar estas fulminantes revueltas. "Hablé con ellos cada día y todo fue normal hasta la llamada del lunes", dice Ana, que no cree que su marido ni su hijo vayan a volver a Trípoli a medio plazo. Anoche, mientras los esperaba, se acordaba de que José Antonio eligió Libia entre varios destinos al considerarlo un lugar seguro. "¡Anda que el ojo que tuvimos...!".

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