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El nuevo artista de los Flores

Nacido en el Madrid del ‘aperturismo’, Quique Sánchez Flores se crió en el seno de una familia de raíces flamencas. Su tía, Lola Flores, y su madre, Carmen, marcaron una infancia con un único objetivo: triunfar en el fútbol.

el 18 may 2010 / 15:54 h.

Las coplas que mecían la cuna de Quique Sánchez Flores en las noches del Madrid de los años 60 eran fandangos y alegrías. En su casa reinaba el arte. En la cocina olía a potaje de garbanzos jerezano y un cuadro de la fuente del barrio de San Miguel presidía la sala de estar.

El acento andaluz gobernaba la casa de uno de los niños más prometedores de la cantera del Pegaso y que pronto descubrió una de sus principales virtudes: el fútbol.

Mientras su madre, Carmen Flores, añoraba a su Jerez natal y paseaba en bata de cola por los cuatro puntos cardinales de Argentina, su padre, el semidesconocido Isidro Sánchez García, trataba de ganar un sueldo de capitán general¬ en el Real Madrid. Era defensa, ex bético y un tipo de carácter marcado.

Sobrino de la mítica Lola Flores y primo de Lolita, Antonio y Rosario Flores, Quique jugueteaba con el micrófono en las giras de su madre. Era julio de 1971 y Carmen Flores interpretaba El último cuplé.

Sonó la música y el hoy técnico del Atlético de Madrid, entonces un zagal de apenas siete años, asió el atril. Cantó y bailó sobre el escenario sin apenas vacilar. Aquel niño atrevido e inquieto pronto capturaría la fe de los cazatalentos del Real Madrid. Sin embargo, fue el Pegaso el destino de un chaval de tez oscura y expeditivo sobre el césped.

En 1984, cuando sólo había cumplido 19 años, Quique abandonó su Madrid natal para recalar en el Valencia. Fue en Mestalla donde se curtió en mil batallas y centenares de vivencias. Once años adornaron el palmarés de un lateral diestro que el ya lejano 23 de septiembre de 1987 debutaba con la elástica de la selección en Castellón ante la débil Luxemburgo.

En 1994, una oferta del Real Madrid dinamitó su vida. "Era mi club y no podía decirle que no", comentó en una entrevista concedida en el verano de 2005 sobre su trayectoria como jugador, que expiró en Zaragoza.

Tras abandonar el fútbol en activo, Quique decidió cursar los estudios necesarios para adquirir el título de entrenador. Y fue en el Real Madrid donde debutó en los banquillos. Implantó desde el inicio unos métodos revolucionarios y sólo su divorcio con algunos miembros de la dirección deportiva impidió que asumiera los designios del filial blanco, el Castilla.

Pero fue en el estío de 2004 cuando Ángel Torres, entonces presidente del Getafe, arriesgó su crédito y encargó al madrileño el proyecto del 'Geta'. Su rendimiento coincidió con una nueva era en el Valencia. Aterrizó a la orilla del Turia en la 05-06 y selló la clasificación para la Champions.

Sin embargo, su relación con Mestalla fue deteriorándose y en el inicio de su tercera campaña en el club che fue destituido. Claro y contundente en sus mensajes, Quique ordenó su maleta y tomó un avión hacia Lisboa. En silencio y sin rencor.

Y tras su periplo en las filas del Benfica, aquel niño que jugaba en El Retiro asumió el reto de dirigir el proyecto del Atlético de Madrid, 'el pupas'. Y de un plumazo sepultó 24 años de sequía europea tras ganar en la Europa League al Hamburgo. Ahora amenaza al Sevilla. A ritmo de fandangos y alegrías.

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