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El nuevo Gobierno afronta la misión de recuperar la confianza de los libaneses

El nuevo Gobierno de unidad nacional, formado en el Líbano tras mes y medio de disputas entre mayoría y oposición, tendrá como principales retos recuperar la confianza de los libaneses en sus instituciones y reformar la ley electoral.

el 15 sep 2009 / 07:49 h.

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El nuevo Gobierno de unidad nacional, formado en el Líbano tras mes y medio de disputas entre mayoría y oposición, tendrá como principales retos recuperar la confianza de los libaneses en sus instituciones y reformar la ley electoral.

El secretario general del Consejo de Ministros del Líbano, Suheil Buyi, anunció la formación del Gobierno, que está integrado por 16 miembros de la mayoría anti-siria, 11 de la oposición encabezada por el grupo chií Hizbulá, y tres nombrados por el presidente libanés, Michel Sleiman.

Esta repartición está estipulada en el acuerdo de Doha, alcanzado el 21 de mayo por los líderes libaneses para poner fin a una crisis que había culminado en los combates entre la mayoría y la oposición, que se cobraron 65 vidas.

En ese pacto, Hizbulá obtuvo una importante victoria, plasmada en la composición de este gabinete: la oposición tiene derecho de veto al contar con más de un tercio de los ministros (11 de 30).

El nuevo Ejecutivo, reflejo del complejo mapa político y social del Líbano, deberá hacer frente a sus propias contradicciones y al mismo tiempo tendrá la misión de sacar al país del borde del precipicio.

"El gobierno de unidad nacional es el gobierno de todos los libaneses", declaró Siniora en una rueda de prensa momentos después de la formación de su gobierno, que ha venido precedido de dolorosas concesiones.

Pese a tantos quebraderos de cabeza, el Ejecutivo tiene una fecha de caducidad realmente próxima, ya que las próximas elecciones generales deberían celebrarse el año que viene.

Por eso, una de las prioridades será modificar la ley electoral para adecuarla a lo pactado en Doha.

En ese sentido, Siniora señaló que su gobierno se enfrenta a dos retos principales: recobrar el crédito de los ciudadanos y reformar la ley electoral.

En primer lugar, según Siniora, el Ejecutivo deberá "recuperar la confianza (de los libaneses) en el sistema político y en las instituciones que se basan en el equilibrio y la libertad".

"La segunda responsabilidad del Gobierno actual es garantizar la celebración de las próximas elecciones legislativas con transparencia a través de una ley que asegure la justicia y la competencia pacífica", agregó Siniora.

Insistió, asimismo, en que es importante que se mantenga cualquier diálogo en el seno del Gobierno y lejos de la calle para evitar incidentes violentos, como los que se produjeron antes del acuerdo de Doha.

"Las divergencias no pueden ser eliminadas de un día para otro, pero lo importante es gestionarlas", agregó.

Estas disputas no sólo habían pospuesto la creación del gobierno tras el acuerdo de Doha, sino que se tradujeron en más choques armados en diferentes regiones libanesas, como en la ciudad septentrional de Trípoli, donde esta semana murieron cinco personas.

La formación del Ejecutivo tropezaba en la repartición de las carteras y también en algunos nombres que intentaron ser vetados a toda costa por ser considerados como un desafío.

Al final, de cualquier forma, parece haber prevalecido el interés por sacar adelante el Gobierno y las dos partes han hecho algunas concesiones inesperadas.

El ex secretario general del Partido Sirio Nacional Social, Ali Qanso -cercano a Hizbulá-, era rechazado por la mayoría, que le atribuía gran responsabilidad en los combates de mayo y le acusaba de haber amenazado de muerte a algunos de sus miembros.

Finalmente, Qanso estará en el Ejecutivo como ministro de Estado sin cartera.

Concesiones de la oposición. La oposición ha tenido que hacer amargas concesiones. Así, por ejemplo, a pesar de que Hizbulá rechazaba a ultranza que un representante de las Fuerzas Libanesas del ex miliciano Samir Geagea ocupase la cartera de Justicia, finalmente será un miembro de este partido, Ibrahim Najjar, quien se haga cargo del ministerio.

El mosaico gubernamental habla a las claras de la atomizada sociedad que compone este pequeño país árabe.

En el Ejecutivo están representados maronitas (católicos de Oriente), griego-ortodoxos, católicos, armenios, drusos, suníes y chiíes.

Ahora, los 30 miembros del gabinete afrontan un periodo decisivo en el que los libaneses demandan estabilidad para poder resurgir y recuperar parte del tiempo perdido.

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