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El nuevo jefe recibe carta blanca para refundar la unidad antidroga

La Jefatura de Policía quiere iniciar una nueva etapa que relance a estos grupos tras el escándalo por el robo de sustancias

el 30 nov 2009 / 21:20 h.

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Oleum en su edición del 2008

La Policía quiere reactivar sus unidades antidroga tras los escándalos de los últimos meses, en los que se han visto vapuleadas tras el robo de la droga que tenían almacenada, y ha nombrado a un nuevo responsable con carta blanca para remodelar sin cortapisas la Unidad de Drogas y Crimen Organizado, Udyco.

Tras el cese del anterior jefe, imputado por su posible relación con traficantes y trasladado al distrito Centro, el nuevo responsable es un inspector jefe joven, alejado hasta ahora de la lucha contra el narcotráfico. De él se espera que dé aires nuevos, levante la moral de sus policías, impulse su trabajo y limpie la imagen de la Udyco, hasta el año pasado ensalzada por sus éxitos. "En realidad no hay tanto que cambiar, está llena de gente joven y con ganas de trabajar que ha tenido la mala suerte de tener dentro a un par de manzanas podridas", consideran fuentes policiales.

El inspector jefe Borja, de 37 años y con 11 de trayectoria policial, recibió su nombramiento la semana pasada y ayer se trasladó a su nuevo despacho en la brigada que va a dirigir. Le han dejado claro que tiene las manos libres para hacer todos los cambios que necesite. Su primera tarea será reemplazar a los jefes de los grupos II y III, de los que se investiga si retuvieron información sobre el robo de droga, y que acaban de ascender a inspectores jefe. La posiblidad que les da su ascenso para pedir un nuevo destino, unida a la presión de ver cuestionado su trabajo al ser imputados, ha hecho que ambos dejen sus puestos. Lo habitual suele ser que los ocupen inspectores llegados de otras unidades porque ayuda a dar un giro al trabajo y evita la inercia, pero por ahora no hay sustitutos.

El nuevo jefe de la Udyco ingresó en la Policía Nacional en 1998 y recaló en Málaga de prácticas. Luego fue trasladado a Cádiz, donde tomó contacto con la lucha contra el narcotráfico al pasar un año en la Udyco, hasta que ingresó en el grupo de Atracos gaditano. En el año 2000 desembarcó en el grupo de Robos y Atracos de Sevilla, que se desgajó en 2001 cuando él se convirtió en jefe de Atracos, un puesto en el que se mantuvo durante casi nueve años. Hace ocho meses fue nombrado jefe del grupo de Homicidios, cargo que ocupaba cuando aprobó el ascenso a inspector jefe que, en realidad, no se hará efectivo hasta principios de año. Tiene varias cruces al mérito policial con distintivos tanto blancos como rojos.

Su llegada a la unidad se produce tras el robo de 150 kilos de cocaína de sus almacenes descubierto el año pasado, por el que un policía que había estado en la propia unidad está en prisión desde septiembre junto a una pareja de traficantes. La investigación llevó a la imputación del entonces jefe de la Udyco y dos jefes de grupo por retener información a la juez, que aún los investiga aunque los dejó en libertad. El jefe de la Udyco fue imputado en un caso aparte ante la sospecha de que favoreciera a traficantes.

Los grupos antidroga recibieron otro mazazo la semana pasada al imputarse a un policía y al jefe del grupo VII por un nuevo supuesto robo de droga, ya que kilo y medio de hachís del mismo tipo de un lote de 11 toneladas incautadas en enero fue hallado en casa de un socio del policía. El jefe está imputado como responsable último de la custodia de la droga.

Crisis interna. Después de esto, agentes de ese grupo cargaron contra sus compañeros de la Udyco, acusándolos de crear rumores contra ellos porque lograban mejores resultados contra el narcotráfico y aireando una pugna interna con la que tendrá que bregar el nuevo jefe policial. Porque el grupo VII, que pertenecía a otra unidad, se integró en la Udyco la semana pasada, aunque fuentes policiales indican que es probable que la unificación real se haga una vez que la investigación judicial avance, se aclaren posibles responsabilidades y se hagan cambios en el grupo VII.

Los sindicatos policiales han advertido además de que el ambiente que se respira en la Udyco está provocando que nadie quiera trabajar en ella, al sentirse cuestionados y ver infravalorada una labor que no es nada fácil. Por eso, al margen de reemplazar a los mandos y reorganizar los equipos, la prioridad es animar y dar confianza a los policías -"muy válidos y bien formados", insisten fuentes policiales- para que retomen su trabajo con nuevas energías y relancen la imagen de la unidad.

La Udyco engloba a siete grupos especializados: el I, II y III en hachís, cocaína y drogas sintéticas y el VII en droga a menor escala, sea cual sea la sustancia. El IV, V y VI en crimen organizado, vigilancias y seguimientos.

Un punto y aparte. La Udyco de Sevilla está abocada a poner punto y aparte a una etapa marcada por serias irregularidades y los responsables policiales lo sabían desde hacía tiempo. Era necesaria una criba porque la Policía no puede consentir, y menos encubrir, que ningún agente abuse de su posición para hacer lo mismo que está encargado de perseguir. Y en esto todos, en público y en privado, son beligerantes y aseguran que las manzanas podridas deben recibir su castigo, aunque exigen que antes se demuestre que lo son.

Al tiempo, los jefes policiales están seguros de que el mal está aislado y de hay que ser cuidadoso al cercenarlo para no dañar a una gran mayoría de policías que llevan años trabajando esforzadamente en un campo más que difícil. En ellos, el hastío y el cansancio tras meses bajo la lupa, y el desánimo por las imputaciones a sus compañeros –la mayoría siguen convencidos de que las de los mandos de la Udyco quedarán en nada– ha llevado a una etapa de cierta desidia.

Por eso urge abrir otra, aunque tendrá un precio: descabezada, la Udyco deberá reinventarse para coger impulso, y posiblemente eche de menos la experiencia de quienes han sido sus jefes durante décadas. Pero el cambio será una oportunidad para los policías jóvenes.

Hay otra clave: el trabajo en narcotráfico es complicado, “siempre en el filo de la navaja”, dicen quienes lo conocen, porque se trata con delincuentes, se crean lazos, se baja a los suburbios. Los sindicatos lo avisan: a lo mejor se les está pidiendo demasiado, igual es necesario que los juzgados realizan una tutela más efectiva, a lo mejor hay que reforzar la figura de los infiltrados. En todo caso, la refundación de la Udyco permitirá una reflexión seria sobre todo esto.

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