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El ocaso de los cascos antiguos

¿Se puede hallar equilibrio entre conservar el legado del pasado y garantizar que los centros de la Gran Sevilla mantengan el ritmo pujante de sus municipios? Muchos núcleos urbanos han logrado preservar su patrimonio. Más difícil es mantener el comercio, el ocio o las señas de identidad.
Foto: Antonio Acedo

el 15 sep 2009 / 04:57 h.

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¿Es tan difícil hallar el equilibrio entre conservar el legado del pasado y garantizar que los centros de la Gran Sevilla mantengan el ritmo pujante de sus municipios? Muchos núcleos urbanos han logrado preservar un patrimonio impresionante. Pero es más difícil mantener el comercio, el ocio e incluso las señas de identidad.

"Recuerdo que en mi infancia, los años sesenta o setenta, veía mucha a gente andando por la calle, muchos quioscos que ofrecían refrescos y niños jugando...". Este viaje al tiempo perdido lo evoca José Jurado, en Dos Hermanas.

Preside la plataforma ciudadana por la Recuperación del Arenal y está preocupado porque el pulso de la ciudad se ha trasladado del centro al "anillo de las barriadas", donde vive buena parte de los 117.000 habitantes de la ciudad, la mayoría procedentes de otras poblaciones cercanas. "Echo de menos el saludar a la gente en la calle", expresa a su vez el presidente de la asociación Casco Antiguo de Mairena del Aljarafe, otra ciudad expandida en las últimas décadas.

En todos los cascos antiguos de la Gran Sevilla el acelerón del desarrollo deja su huella: donde la piqueta o la desidia no ha arruinado monumentos -o la propia imagen de pueblo que tenían muchas poblaciones- son sus habitantes más jóvenes los que se han marchado por las dificultades de pagar una vivienda en estos lugares o lo complicado que resulta hacer cualquier obra de reforma. Y tras ellos las tiendas de barrio de toda la vida, los bares de siempre... y hasta la casa consistorial, como ocurrirá pronto en Mairena del Aljarafe.

"Tenemos que actuar a corto plazo y revitalizar el centro, que los visitantes de Itálica tengan un lugar para pasear después, para tomar café o comer en el pueblo de Santiponce", reflexiona a este respecto el concejal de Urbanismo de esta población, Juan José López, quien detecta un conflicto entre el deseo de los jóvenes de vivir "donde sus abuelos" y las dificultades que les ponen el mercado inmobiliario y las cautelas para conservar un pasado muy anterior: el de los viejos romanos, que duerme en el subsuelo.

Cuestiones como el aparcamiento amargan la vida a los residentes del centro de Carmona o Alcalá de Guadaíra. En esta última ciudad tienden a abandonar el casco antiguo, que envejece, pero la vida cotidiana en sus tres núcleos urbanos históricos es más compleja.

Están los problemas del también histórico barrio de San Miguel, que tienen que ver con la infravivienda. El Ayuntamiento de Alcalá de Guadaíra tiene allí que hacer la guerra en varios frentes: conservar y hacer visitables restos arqueológicos muy antiguos -el castillo, las galerías subterráneas...- y dinamizar el comercio, además de erradicar focos de marginalidad. "Veo el futuro como un gran entorno de paseo, con comercios, espacios para la hostelería...", sueña la concejal de Servicios Personales, Laura Ballesteros.

En Carmona los fondos europeos ayudarán a construir aparcamientos, mientras que la ayuda de la Junta de Andalucía y el Ministerio de Cultura (más de un millón de euros) se dedicará a recuperar el Alcázar de Arriba y un buen número de iglesias barrocas cerradas.

Y es que la antiquísima ciudad guarda tesoros en su casco antiguo como el mosaico romano que apareció al levantar los adoquines hace un par de meses.

El patrimonio, tesoro intocable o pasto para la piqueta. Los tiempos en los que los monumentos se caían o los tiraban pasaron. En eso están de acuerdo tanto los consistorios como las asociaciones proteccionistas de la Gran Sevilla, aunque las excepciones son la denuncia de Aljarafe Habitable sobre el dolmen de Montelirio en Castilleja de Guzmán, bien es verdad que el megalito está, por unos metros, fuera del casco urbano, y la del PSOE de Utrera de que 20 inmuebles con los grados más bajos de protección (C y D) del centro de la ciudad fueron demolidos en los "últimos años sin informes favorables".

El equipo de gobierno (PA) sólo reconoce "casos muy contados", entre ellos un molino de aceite, y contraataca explicando que el próximo plan especial del casco antiguo incrementará el grado de protección de muchos elementos del centro, algunos de ellos simples puertas.

También las históricas haciendas de Mairena del Aljarafe fueron desapareciendo "una a una", según los conservacionistas de este pueblo. La última, "hace un lustro". Más allá de que atraigan visitantes, las haciendas constituyen el origen de muchas poblaciones del Aljarafe y son por tanto más antiguas que el propio pueblo.

En el otro extremo, el de una conservación escrupulosa -y alentada por desmanes que ocurrieron mucho tiempo atrás- se encuentran los cascos antiguos de Santiponce y Carmona. Más allá de los monumentos, en la ciudad milenaria de Los Alcores está protegido -y en vías de aprobación un plan especial del casco antiguo con el consenso de todos los partidos- el caserío del centro.

Y es que muchas viviendas guardan en lo más profundo un muro mudéjar, o un arco del Renacimiento, según apostillan fuentes municipales. Y los vecinos "saben donde viven", agregan. El nivel de expolio protagonizado por los propietarios de las viviendas cayó drásticamente en los últimos años, según presumen allí, al igual que en Santiponce, donde también se elevó "el civismo" con el yacimiento arqueológico de Itálica.

Foto: Javier Barbancho

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