El ocaso de un poblado

El Torbiscal, en el término municipal de Utrera, llegó a tener medio millar de habitantes, que trabajaban las cercanas tierras en la época de la colonización agraria y que sirvió como ejemplo de modelo de gestión

el 03 ago 2014 / 16:12 h.

el torbiscal (9) Los escombros que han tomado un poblado que un día habitaron 500 vecinos. Fotos: Salvador Criado Como si se caminara por un pueblo fantasma, tras haber sido bombardeado. Ésa es la sensación que da recorrer las calles de El Torbiscal, un poblado que hoy día se muestra sin vida, con parte de sus edificaciones convertidas en escombros, ofreciendo al visitante una imagen bien distinta de aquel núcleo que llegó a contar con medio millar de habitantes. Era una época en la que, tras la Guerra Civil española, se realizaron reformas para impulsar la autarquía, con estructuras agrarias que permitieran lograr la subsistencia gracias a los productos que ofrecía el campo. En ello trabajó el Instituto Nacional de Colonización, un organismo creado en 1939 que dependía del Ministerio de Agricultura. Y con ese momento histórico a modo de telón de fondo es como surgió este poblado utrerano en los años 50 del pasado siglo, tomando su nombre de una finca del mismo nombre. A diferencia de otros muchos que nacieron en aquellos años, este partió de una iniciativa particular. José Manuel de la Cámara estuvo detrás de este proyecto que pretendía crear un núcleo de población en el que tuvieran su residencia las personas que iban a trabajar las explotaciones agrícolas, estando de esta manera lo más cerca posible de la tierra. el torbiscal (5)Junto a lo distinto de su origen, El Torbiscal tuvo una diferencia destacada con respecto a otros núcleos similares: su estética y su urbanismo. En la construcción del enclave intervinieron importantes arquitectos como el sevillano Antonio Delgado Roig, quien diseñó el trazado y posiblemente los diversos módulos de habitación del mismo, fundiendo las corrientes regionalistas con notas art decó. Igualmente participó en el proyecto el también arquitecto hispalense Romualdo Jiménez Carlés. Destacan en este lugar la existencia de una iglesia –en la que se aprecian los esquemas de la arquitectura barroca dieciochesca– y un teatro-cine con más de 200 butacas. También llegó a tener un consultorio médico, un cuartel de la Guardia Civil, una escuela, un economato, una piscina, una estafeta,… Todo ello acompañando a las viviendas que conformaban las distintas calles y la plaza del poblado, donde se aprecia claramente la reproducción de modelos tradicionales. La estética de El Torbiscal le ha hecho estar reconocido como Patrimonio Inmueble de Andalucía, formando parte del inventario del Instituto Andaluz de Patrimonio Histórico. Además, tras los derribos que se han registrado hace unos meses, el Ayuntamiento de Utrera pretende proteger estas construcciones en el nuevo Plan General de Ordenación Urbana que se está elaborando. En torno a 2.800 hectáreas conformaban El Torbiscal, cultivándose algodón, trigo, cebada, maíz, remolacha o girasol. Además de contar con espacios para la cría de vacas lecheras y para carne. Agrupadas en 150 viviendas, llegaron a vivir unas 500 personas. A finales de los años 70, se contaba una plantilla fija de 185 empleados y otros 200 trabajadores temporales. De hecho, el modelo de explotación del lugar fue un ejemplo en su época, contando incluso con ingenieros especializados en busca de los mejores resultados, al tiempo que se realizaban investigaciones de vanguardia agrícola. De forma paralela, en este poblado llegó a existir un sistema de becas que se destinaban a los hijos de aquellas personas que trabajaban allí, que servían para ayudar a que esos jóvenes continuaran sus estudios secundarios, universitarios o de formación profesional. el torbiscal (4)Los cambios en la gestión, unidos a la jubilación de las personas mayores que se marcharon de allí y a la falta de gente joven que siguiera con el trabajo en este lugar, hicieron que en la década de los 90 se fuera despoblando El Torbiscal. De hecho, según el censo del año 2011, solamente quedaban 14 personas residiendo en este enclave. Ahora parte de aquel próspero poblado ha quedado reducido a escombros. Una de las manzanas de viviendas ha sido demolida, hecho que ha obligado a actuar al Ayuntamiento, paralizando dicha operación y abriendo un expediente de infracción urbanística al no contar con los permisos correspondientes. En este sentido, desde el Consistorio señalan la obligación de mantener en pie la iglesia, el teatro, la escuela y algunas viviendas, como ejemplo del tipo de construcción. Junto al importante puñado de escombros, el resto del poblado parece estar ausente del trasiego de vehículos que, a diario, circulan por la carretera N-IV, junto a la que se encuentra El Torbiscal. La realización de distintos ejercicios por parte de militares rompe únicamente la calma que se respira en este antiguo núcleo de población. Ventanas destrozadas, una muñeca abandonada que contempla el paso del tiempo, una mecedora que se deja ver tras la puerta de una casa, el dibujo de una calle que servía de escenario en el teatro y que ahora espera la llegada de actores,… Así se encuentra El Torbiscal, un poblado que llegó a ser ejemplar y que ahora ve pasar los días sin que nadie acabe con su ocaso definitivo.

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