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El orgullo de un barrio humilde que quiso ser de los obreros

Rochelambert ha logrado renacer de sus cenizas gracias al esfuerzo de sus vecinos.

el 13 may 2010 / 19:37 h.

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Los niños juegan en las calles de Rochelambert.

A principio de la década de los 70 la zona este de la ciudad daba a luz a un nuevo barrio llamado a ser el lugar escogido por los jóvenes sevillanos para iniciar una nueva vida en familia. Con este sino nació Rochelambert, un barrio fraguado a base del trabajo diario de humildes vecinos que renunciaron a su carácter residencial para llenarlo del espíritu de lucha de la clase obrera que hoy se afana en demostrar que su barrio es la mejor zona de la ciudad para poder vivir.

Con una población que ronda los 7.500 habitantes, Rochelamber (o Ciudad de los Condes de la Rochelambert que fue su nombre primitivo) se alza en el entorno del Parque Amate y próximo a barriadas populares como El Cerro o Los Pajaritos. Sus vecinos son gente de clase media y baja que se afanan en su trabajo diario con el que poder colaborar en el sostenimiento de sus casas. Un barrio de ciudadanos obreros que, en contra de lo que muchos puedan pensar, tiene una proporción de universitarios que, a pesar de ser baja, es cinco veces mayor que la del Polígono Norte. Repartidos en más de 2.700 hogares, la media de personas que los habitan se cifra muy cercana a la de la ciudad, incluso llega a superarla. A pesar de contar con casi tres miembros por vivienda, el número de hijos que nacen en estos hogares baja la media de la ciudad y se sitúa en 0,45. Los datos ascienden levemente si se tiene en cuenta su población extranjera. En total, 276 inmigrantes que proceden en su mayoría de Marruecos y China, con una importante presencia de nativos de América Latina y una representación casi testimonial de residentes europeos.

Sus vecinos responden a un claro perfil que se repite en casi la totalidad del Distrito Cerro-Amate, al que está adscrito. En concreto, el grupo más mayoritario de la población es el que componen las mujeres mayores de 35 años. Una cifra que confirma que el índice de envejecimiento de Rochelambert, que es el que se extrae al comparar la población mayor de 65 años con el resto de los vecinos, es ligeramente superior a la del Distrito y a la de la ciudad que no superan el 16%, un punto por debajo de la del barrio.

No es, por tanto, un barrio cuya población envejecida diste mucho de la media de la ciudad, aunque su mayor handicap reside en la comparativa entre los residentes menores de 16 años y los que superan la edad de la jubilación. Aquí Rochelambert sitúa su índice en un 120,04, muy por encima del resto de barrios del Distrito y de la media de la ciudad. Son datos que arrojan que el barrio está necesitado de población joven que aumente sus índices de natalidad y que le auguren un buen estado de salud de cara a un futuro no demasiado lejano.

Pero por encima de índices y datos socioeconómicos, Rochelambert ha sabido renacer del proceso de degradación en el que se vio inmiscuido hace años. En parte, gracias a las inversiones del primer Plan de Barrios que adecentó especial peatonales, parques y zonas ajardinadas pero, fundamentalmente, gracias al trabajo de los vecinos de la Asociación Al Quivir que día a día luchan por mejorar la imagen externa de un barrio que nació para ser residencial pero que quiso hacerse obrero con sus vecinos.

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