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El orgullo del Sevilla no fue suficiente en el Bernabéu (2-0)

El conjunto nervionense dio la cara ante los merengues, pero no tuvo remate ni suerte con la actuación arbitral.

el 02 feb 2011 / 23:15 h.

El centrocampista alemán del Real Madrid, Mesut Ozil (d), regatea al portero del Sevilla CF, Javier Varas, para conseguir el primer gol blanco.

El Sevilla jugó un partido serio en el Santiago Bernabéu, un partido competido y disputado, en el que le faltó, eso sí, pegada, eso que tanto le sobra otras veces. Anduvo tan ocupado de llegar vivo a los minutos finales de la eliminatoria que olvidó que para tener opciones debía meter un gol. Y lo cierto es que no encontró caminos para hacerlo y, cuando lo hizo, Teixiera Vitienes se lo cortó anulando un tanto. Jugar ante el Real Madrid una eliminatoria tan decisiva tiene estas cosas, no te das ni cuenta y acabas un partido con un gol fantasma no concedido y otro con un tanto anulado pese a ser legal y jugando con diez los minutos finales del encuentro mientras el rival, que como mínimo ha repartido la misma estopa, campa a sus anchas con su superioridad. Esto está montado así.

Podrá quejarse el Sevilla, en la ida y en la vuelta, de la actuación arbitral, pero también deberá analizar por dónde se le ha ido esta eliminatoria. Cierto que el Real Madrid era favorito, pero en los dos partidos el equipo de Manzano ha carecido de pegada en ataque. Ayer, salvo la jugada de Negredo, ya mencionada, apenas probó a Casillas. Sí, pisó área, se aproximó más o menos con peligro, pero no remató, no creó fútbol en la zona decisiva del campo.  Seguramente porque sus bandas andan en un pésimo momento. Navas firmó ayer otro discreto encuentro y en la banda izquierda directamente Manzano prescindió de su extremo para colocar a Romaric. Por ninguna penetró con peligro el Sevilla. Más inquietud creó por el centro, porque Rakitic, debutante, mejoró las prestaciones nervionenses, avivó el juego y tuvo la pelota y la distribuyó rápido y con sentido. A ello se le sumó un buen Zokora. Eso provocó que el conjunto andaluz dominara la primera mitad más o menos de manera solvente, porque además, salvo un par de acciones –Di María y Benzema en el minuto 4 y Cristiano Ronaldo, en el 30–, la defensa nervionense se mostró bastante firme, con un Sergio Sánchez crecido y un Escudé mejorado a su lado. Con el gol de Negredo, el plan habría salido redondo. Pero al descanso el Sevilla llegaba por detrás en la eliminatoria, vivo, pero por detrás.

En la segunda mitad el encuentro continuó en el mismo estado. Los dos equipos muy aguerridos, compitiendo al máximo pero sin romper ni arriesgar más de lo debido. El Sevilla seguía esperando su oportunidad, que no llegaba, ni una decisión arbitral favorable –Teixeira se comió un empujón de Carvalho a Kanouté en el área–, mientras que el Real Madrid esperaba pacientemente que su rival se abriera buscando su gol. Y llegó ese momento que esperaba Mourinho. El Sevilla había aguantado el partido hasta el cuarto de hora final con 0-0, pero tocaba intentar algo diferente o aguantar así hasta el final. Manzano optó por lo primero y retiró del campo a Rakitic para dar entrada a Luis Fabiano. Y el Sevilla se rompió. Se rompió porque tenía que romperse en busca de un gol y porque Kanouté, que había hecho una labor incansable de acoso a Xabi Alonso, retrasó su posición y dejó al vasco más solo para que entrara en acción. A partir de ahí Di María, Benzema y Cristiano Ronaldo recibieron buenos Balones de Alonso y Khedira. Uno del alemán lo aprovechó su compatriota Özil para dejar la eliminatoria casi finiquitada (82’). Casi de inmediato fue expulsado Sergio Sánchez (por hacer no más que Khedira o Xabi) y el Sevilla se hundió. Llegó el segundo tanto local y la confirmación de la final que todo el mundo esperaba, salvo el Sevilla. Acabó una eliminatoria que le ha pasado factura a los hispalenses y que demuestra que enfrentarse al Real Madrid nunca es positivo, porque siempre suele tener buen equipo y siempre suele tener buenos ‘aliados’.

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