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Economía

El 'oro verde' que teme ser siempre 'low cost'

La inestabilidad de Deoleo, dueña de Carbonell y Koipe, es una muestra más de la división de una industria con cinco grandes y un sinfín de almazaras en hipercompetencia.

el 01 mar 2014 / 23:25 h.

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aceite-tablaLa inestabilidad de la envasadora Deoleo no es sólo la inestabilidad de Deoleo. Es la de todo un sector, el del aceite de oliva, muy atomizado y que tiene el desafío de la creciente competencia de los países olivareros mediterráneos que no pertenecen a la Unión Europea. Es el momento de pararse a analizar un negocio estratégico para la economía andaluza. Cinco grandes empresas controlan casi las tres cuartas partes del envasado del aceite de oliva en España –en y no de porque las importaciones están aumentando sobremanera–. Se trata del grupo portugués Sovena, cuya fábrica se ubica en la localidad sevillana de Brenes y que, gracias al tirón de la marca Hacendado (propiedad de la cadena de supermercados Mercadona), tiene ya el 28,66 por ciento de la cuota de mercado, quedándose a las puertas de los cien millones de litros (98,53 millones). Le sigue Deoleo, el clásico del sector al contar con las etiquetas más renombradas, Carbonell y Koipe, que revela un porcentaje del 15,81 por ciento. Le pisa los talones el grupo sevillano Acesur, con La Española y Guillén como enseñas bandera: 14,67 por ciento. Cuarta en esta clasificación, la granadina Maeva, que ha sido una de las más pujantes en los últimos años, con un 9,06 por ciento en 2013. Y cierra este quinteto la catalana Faiges que, con las marcas Abaco y Autrán, escala al 5,36 por ciento. Estamos hablando –que conste– de comercialización de aceites envasados, no de producción, donde nadie le discute la supremacía mundial a la malagueña Hojiblanca, ni tampoco de ventas a granel, donde la referencia internacional es la nazarena Miguel Gallego (Migasa). Si nos adentramos en las distintas categorías del oro verde, en el virgen extra –de todos los tipos es el considerado de mayor calidad al tratarse del zumo de la aceituna sin procesamiento alguno–, la relación de empresas se altera, con Maeva como el líder (23,3 por ciento), seguida de Sovena, Acesur, Deoleo y Oleomasía –ésta, adscrita al grupo Migasa–. En el virgen, la firma lusa escala nada más y nada menos que al 59,92 por ciento, quedando muy atrás Deoleo (16,22 por ciento) o Acesur (12,24 por ciento). En el refinado, también preside Sovena (26,75), tras la que se sitúan Deoleo (19), Acesur (15,21), Faiges (9,53) y Oleomasía (5,36 por ciento con marcas tradicionales como Ybarra y La Masía). Un tanto al margen del aceite de oliva aunque nunca del olivar, el orujo, indicado especialmente para freír. Aquí es Aceites Toledo quien encabeza el podio (12,70 por ciento), a muy escasa distancia de Acesur (12,08), siendo tercera la sevillana Coreysa (6,91), radicada en Osuna. Hasta aquí, un quién es quién de una industria que, a excepción de Sovena y Deoleo, está sobre todo en manos de grupos familiares (Guillén, Gallego, Rubio, Torres, etcétera) o cooperativos. Pero las ventas del aceite de oliva envasado, ¿crecen o no? La patronal que aglutina la mayoría del negocio, Anierac, detalla que en 2013 bajaron un 7,43 por ciento, una caída más intensa que la registrada para el conjunto de los aceites (oliva y semillas), del 5,17 por ciento. ACEITE-PRECIOSDos claves. Primera: la comercialización descendió especialmente en los aceites refinados y en menor medida en los vírgenes extra, mientras que creció hasta un 28,29 por ciento en los vírgenes. Tal evolución obedecería a la generalización de las marcas del distribuidor (blancas) en esta categoría, con su consiguiente abaratamiento. Y segunda: la mayor oferta de las mezclas de aceites de semillas (las ventas se incrementaron el 11,75 por ciento el año pasado). En España el más popular es el aceite de girasol (248 millones de litros, por debajo de los 343,7 que arrojan los de oliva). Las marcas blancas –propias de las cadenas de hipermercados y supermercados, aunque también las hay de mayoristas como la del cash de Hermanos Ayala Sousa, radicado en el término sevillano de Utrera– copan ya el 65 por ciento del negocio del oro verde. La porción es mayor en los refinados (según el tipo puede llegar hasta el 80 por ciento) y menor para los vírgenes extra (alrededor del 50 por ciento). El aumento, imparable debido en parte a la crisis económica. Sólo hay que echar un vistazo a las estanterías de las tiendas, en las que imperan las etiquetas propias frente a las de los tradicionales fabricantes que, asimismo, menguan en número. Esa atomización industrial, de hecho, es una de las grandísimas rémoras. Por no existir no existe ni siquiera unión para tratar de que Deoleo, la segunda firma en importancia y con un fuerte poder de arrastre sobre las compras en el olivar andaluz, se quede en manos españolas tras el vaivén en su accionariado y el anuncio de antiguas cajas de ahorros que quieren salir del mismo. Cifras reveladoras: sólo en Andalucía existen ¡820! almazaras, con pueblos pequeños donde incluso hay varias, y Anierac suma casi sesenta industrias envasadoras. Una hiperatomización que lleva aparejada una hipercompetencia, con todas peleando contra todas. En el caso de las cooperativas, aún aflora una enorme resistencia a procesos de concentración sobre todo entre los equipos directivos. La Consejería de Agricultura tiene el firme propósito de impulsar las fusiones, sobre todo teniendo en cuenta el avance de las cosechas de otros países mediterráneos, en especial Marruecos y Túnez. O comemos o nos comen. A duras penas cuesta bajar el peso que suponen las ventas a granel, esto es, las producciones en cisternas, sin envasado alguno, tal y como salen de las almazaras, sin valor añadido. En estos momentos, el porcentaje se sitúa en un 40 por ciento de la comercialización total, con Italia como principal y tradicional destino, recuerda el Instituto de Comercio Exterior. Es más, las aperturas de nuevos mercados internacionales como pueden ser China, la India o Brasil se afrontan principalmente bajo esta fórmula comercial. Primero consolidar un mercado para después abordarlo con marca propia. Y al contrario para los países ya asentados, como los de la Unión Europea o Estados Unidos. En la industria existe un temor generalizado: que se condene al aceite de oliva a ser un sempiterno producto low cost, chocando con los esfuerzos de comercializarlo internacionalmente como gourmet o de calidad. Paradojas comerciales.

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