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El outplacement existe

Las elecciones al Parlamento Europeo han pasado ya, gracias a Díos. Así se llamaban, técnicamente hablando, y el nombre era correcto; porque de "Elecciones Europeas", nada. Poco o nada hubo de Europa en la campaña, y menos aún, seguramente, en las votaciones.

el 16 sep 2009 / 04:10 h.

Las elecciones al Parlamento Europeo han pasado ya, gracias a Díos. Así se llamaban, técnicamente hablando, y el nombre era correcto; porque de "Elecciones Europeas", nada. Poco o nada hubo de Europa en la campaña, y menos aún, seguramente, en las votaciones. Los ciudadanos hicieron de esta votación lo que les pareció conveniente, un refrendo o un castigo, un mensaje o un simple encogerse de hombros. Lo que es lógico, teniendo en cuenta que los partidos políticos hicieron lo propio. Esto es, se adueñaron de unas elecciones que tuvieron que ser Europeas para convertirlas en un instrumento, uno más, de sus actividades cotidianas. Una oportunidad para arrojarse a muerte contra el contrario; una manera de sacar pecho y enseñar los dientes; una excusa para gastar fondos -no suyos, la mayoría- en adornos y festejos. Los resultados electorales demuestran lo que los ciudadanos pensamos de ellos; porque nos damos cuenta, vaya que sí. Estas elecciones cumplen eficazmente la función de outplacement de los partidos nacionales, ya que les permite recolocar a aquellas personas necesitadas de nueva ocupación tras haber cesado en otro puesto político. No todos los eurodiputados lo son, desde luego; pero todos sabemos que las listas se pueblan de prejubilados de lujo, nombres y caras que te suenan, pero de largo atrás. El lujoso Parlamento de Bruselas y Luxemburgo es la última oca del juego, a la que se llega saltando de ocas anteriores, y haber tirado porque te toca. Esta solución te evita dos problemas: por un lado, salva al profesional de la política del mal trago de volver a la vida civil, para lo que siempre se está dispuesto pero para lo que nunca es buena hora; por otro, evita reconocer errores, camuflando dimisiones o ceses como patadas hacia arriba. Y hacia Bruselas, que está bien lejos.

Esta forma de actuar es un disparate, otro más de nuestros partidos políticos, que vuelven a hurtarnos una oportunidad para elegir, para debatir, para formar un cuerpo de representantes de categoría y en su mejor momento. Nunca ha sido el Parlamento Europeo tan importante como ahora; y nunca lo han valorado tan poco los ciudadanos. Y la culpa es de quien la tiene; a mi modo de ver, de los partidos políticos, que no saben estar a la altura especialmente en estas elecciones. El espectáculo debe continuar, pero cuando el público es poco y bosteza, los responsables deben plantearse muchas cosas; no es bueno esperar a que te piten, sobre todo porque luego vienen los tomates.

Catedrático de Derecho del Trabajo

miguelrpr@ono.com

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