Local

El paciente inglés

El príncipe tardó 30 años en casarse con quien quería y lleva cuatro décadas esperando convertirse en rey.

el 02 abr 2011 / 21:16 h.

TAGS:

Carlos de Inglaterra lleva toda su vida esperando. Perfectamente podría pasar a la historia con el sobrenombre de Carlos, el paciente. La repentina muerte de su abuelo Jorge VI convirtió a su madre, Isabel de Inglaterra, en una de las reinas más jóvenes del siglo XX, y a su primogénito en el más precoz príncipe heredero, apenas tenía cuatro años cuando su progenitora accedió al trono. Hoy, 42 años después de su nombramiento oficial como sucesor, el duque de Cornualles continúa esperando su gran momento en una familia con unos antecedentes de longevidad dignos de estudio. Sin ir más lejos, su adorada abuela, la Reina Madre, falleció a los 101 años con sus facultades mentales intactas.

Pero su destino no es a lo único que Carlos de Inglaterra ha tenido que aguardar. La expresión "el que algo quiere, algo le cuesta" cobra un nuevo significado en su caso. Más de 30 años le llevó al príncipe de Gales casarse con quien realmente amaba: Camilla Parker-Bowles, una mujer casada, independiente, amante de la caza y la naturaleza, poco agraciada físicamente y con escasa elegancia; especialmente si con quien se la compara es con la idolatrada Diana de Gales, fallecida en 1997.

Su fracasado matrimonio con Diana Spencer, un acontecimiento retransmitido al mundo a través de la televisión, no se puede achacar a la inmadurez. Al menos en el caso del novio, que pese a la desesperación de sus padres, el pueblo británico y la prensa de su país se casó por primera vez a los 33 años. Se tomó su tiempo. Ha sido una de las pocas veces en su vida que Carlos de Inglaterra ha hecho esperar a otros, para variar. Pero aquello no funcionó. La pareja comenzó a distanciarse tan sólo unos años después, tras el nacimiento de los dos hijos de la pareja: Guillermo -que se casa a finales de este mes con Kate Middleton- y Enrique. El deterioro del matrimonio se convirtió en un folletín al más puro estilo de Belén Esteban y Jesulín de Ubrique, incluidas confesiones de infidelidad en televisión por parte de los protagonistas en horario de máxima audiencia.

Una situación que la prensa sensacionalista británica aprovechó para presentar a una solitaria, rebelde y humanitaria Lady Di -como era conocida popularmente- y dejar al duque de Cornualles como el malo de la película: un ser aburrido, distante, antipático y sujeto a las rígidas costumbres monárquicas. Una situación que terminó por hundir la popularidad de Carlos de Inglaterra, hasta el punto de que los británicos preferían mayoritariamente que el próximo rey del país fuera Guillermo, su hijo.

Pero cosas del destino, la prematura muerte de la princesa del pueblo en un accidente de tráfico en París y el papel de padre en solitario -en el funeral se colocó detrás del féretro junto a sus dos hijos- elevaron su proyección pública y le permitieron recuperar el prestigio perdido. E incluso casarse (al fin) en 2005 con Camilla, su gran amor. Un enlace que ha cambiado su vida.

Aquellos que lo conocen aseguran que el Carlos de Inglaterra que visitó este viernes Sevilla no tiene nada que ver con aquel hombre triste y taciturno que estuvo en la capital hispalense en la Expo del 92 con Diana de Gales, tan sólo meses antes de hacerse pública su separación. Los duques de Cornualles se muestran hoy cercanos, atentos, extrovertidos y, sobre todo, felices.

Su vida privada ha eclipsado siempre toda su actividad pública. Como príncipe heredero ha representado a la Reina y a su país en multitud de viajes al extranjero, aunque el más importante políticamente tuvo lugar en junio de 1997 durante el traspaso de la soberanía de Hong Kong del Reino Unido a China. Es un intelectual, amante del saber y del arte y un gran aficionado a la arquitectura -es un declarado conservacionista-, los productos ecológicos -tiene su propia granja- y defensor de la lucha contra el cambio climático. Carlos de Inglaterra recibió una férrea y estricta educación en los más exclusivos centros educativos, lejos de los mimos maternales. Primero en la escuela de Gordonstoun (Escocia), luego en el Colegio de Aberystwyth (Gales) y más tarde en la Universidad de Cambridge, donde estudió Arqueología, Antropología e Historia. Es el primer príncipe nacido en Inglaterra que intenta seriamente aprender el galés.

Mientras espera a convertirse en Jorge VII (escogería el nombre de su abuelo materno), el príncipe de Gales asiste a cócteles, actos sociales y... comerciales (no es extraño verle en la portada de Hola con Isabel Preysler y los dueños de Porcelanosa), de ONG, partidos de polo, conciertos de música moderna, charlas, debates y conferencias. En definitiva, vive su vida junto a la mujer por la que un día quiso convertirse en un tampón.

  • 1