Análisis. El pacto y el cuento del lobo

Izquierda Unida soporta una creciente presión interna en contra del Presupuesto y hace gestos para convencer a su militancia de que no es la perdedora de las cuentas públicas de 2014

el 29 oct 2013 / 23:43 h.

“Un exceso de teatralización”. Este es el diagnóstico de la parte socialista del Gobierno andaluz sobre el papel jugado por Izquierda Unida en la negociación del Presupuesto de 2014. El plante de última hora anunciado por el coordinador regional de IU, Antonio Maíllo, la noche del pasado lunes tras una reunión de la ejecutiva del partido y su posterior cita en San Telmo con la presidenta de la Junta, Susana Díaz, hasta el filo de la medianoche, no es más –según los socialistas– que un intento de los socios de mantener un mensaje interno en sus filas, ante la creciente presión interna en contra de las cuentas que ayer vieron la luz. No le dan más importancia. Lo cierto es que la negociación del segundo Presupuesto de PSOE e IU, el primero con Susana Díaz como presidenta del Gobierno, ha sido dura y tensa. Más de lo habitual, según la federación de izquierda. Dentro de lo normal, insisten los socialistas. La coalición se estrenó, en 2012, con el duro trance de tener que recortar más de 2.500 millones de euros en las cuentas de aquel año. IU logró que aquel tijeretazo lo asumiera el Gobierno socialista y esgrimió que aquel no era su presupuesto. Meses más tarde se enfrentó a la realidad de estar en el Gobierno. Tuvo que asumir más recortes y entonces ya no tenía excusas. Tres diputados de IU se ausentaron de la Cámara para no votar la ley. Un escenario que puede volver a repetirse en diciembre de este año. En esta ocasión, el partido que capitanea Antonio Maíllo sale retratado como perdedor de un Presupuesto en el que no se contemplan ninguna de sus grandes aspiraciones. No habrá nuevos impuestos. No habrá banca pública. Y el banco público de tierras se incluye con una partida testimonial de 3 millones de euros. Además se mantienen los recortes a los empleados públicos. Una línea roja que IU no quería pisar. Su aspiración de eliminar cargos directivos en las empresas públicas y de poner en marcha un plan de “optimización” del sector público empresarial, también se pospone. Será a partir del 31 de enero del próximo año cuando llegue un primer informe sobre qué se puede hacer y dónde hay que recortar. Hay calma tensa, según la federación de izquierdas. La mayoría de las más de 200 medidas y 27 leyes incluidas en el acuerdo siguen en el cajón. Ningún dirigente habla abiertamente de romper el pacto de Gobierno o de un adelanto electoral. Sin embargo, a poco que se rasque, enseguida surge alguna voz que deja claro que a IU –según las encuestas la formación más beneficiada de convocarse ahora elecciones– no le da miedo ningún escenario. Suena al cuento de Pedro y el lobo y al final, al pastor no se lo creyó nadie.

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