Economía

El pánico a una nueva recesión

Los ataques de los mercados a los países del euro y la rebaja del ‘rating’ de EEUU amenazan con una recuperación en forma de ‘W.

el 21 ago 2011 / 19:12 h.

Los ataques a la deuda soberana de los países del euro, la crisis de la moneda del Viejo Continente, las rebajas en la calificación de EEUU, los desplomes de las bolsas internacionales y los crecimientos prácticamente estancados en Europa -incluidas Francia y Alemania- hacen pensar que la recuperación de la crisis económica, cuatro años después de que comenzara, está aún lejos. Los expertos temen que estemos a las puertas de una nueva caída, de una doble recesión que anticipe una recuperación en W.

Cuando en 2007 estalló la burbuja inmobiliaria de EEUU por las hipotecas subprime, pocos pensaban que la crisis financiera que después se trasladó a la economía real iba a ser tan dura y tan difícil de superar. Entonces, ese ente abstracto denominado mercado no parecía tan poderoso, aunque era sólo una cuestión de apariencias, como se ha podido ver a posteriori.

Los Gobiernos del mundo no paran de aprobar unos tras otros paquetes de medidas que satisfagan a estos mercados para que no los ataquen directamente, algo impensable en agosto de 2007 para un país como Italia. El estado gobernado por Silvio Berlusconi no ha tenido más remedio que aprobar una serie de medidas drásticas en un muy corto espacio de tiempo para evitar los continuos ataques a su deuda.

Y es que, junto a España, ha sido el país que más ha padecido la presión desde que comenzara el mes de agosto. De hecho, el presidente del Gobierno, José Luis Rodríguez Zapatero, tuvo que aplazar sus vacaciones y reunirse con su equipo económico para decidir cómo afrontar los nuevos embates contra España.

En España, la prima de riesgo -el diferencial entre el bono español a diez años y su homólogo alemán y algo desconocido hasta hace unas semanas por el común de los mortales-, ha alcanzado unas cotas impensables hace apenas dos años. De hecho, ha llegado a superar los 400 puntos, frente a los 57 de principios del pasado ejercicio por los continuos ataques de los mercados.

La confianza perdida en los países periféricos del euro ha marcado un verano negro para la economía y más aún para los ciudadanos europeos, que tendrán que soportar nuevos recortes.

Desde el comienzo de la crisis, tanto en Europa como al otro lado del Atlántico los organismos supervisores han optado por mantener los tipos de interés bajos. En cualquier caso, el Banco Central Europeo (BCE) ha subido los tipos en dos ocasiones desde el pasado abril, ante la perspectiva de la recuperación de las principales locomotoras europeas y como mecanismo para controlar una inflación que amenazaba con crecer.

Precisamente el BCE, que dirige Jean Claude Trichet, ha tenido que tomar cartas en el asunto para apaciguar a los mercados. Hace apenas dos semanas, su falta de claridad a la hora de decir si iba o no a comprar deuda de Italia y España -dijo abiertamente que lo hacía con Portugal e Irlanda-, que estaban en el punto de mira, llevó a un cataclismo en las bolsas internacionales, a lo que se unió la sombra de desconfianza que surgió hacia Francia y sus bancos, que fueron objeto de los ataques de los especuladores.

Pocos podían prever en aquel verano de 2007 que en este periodo la UE tendría que salir al rescate de tres de sus países miembros. Tras Grecia, que durante un tiempo estuvo manipulando sus cuentas para que no se viera el profundo agujero existente en sus arcas, cayeron Irlanda (en 2010) y Portugal, ya este año. Pero no ha sido el único problema que ha tenido que afrontar la Eurozona. El país heleno solicitó un segundo rescate para hacer frente a sus deudas y no quebrar, algo que se aprobó ya entrado el verano.

Durante toda la crisis, Alemania se ha mostrado como la líder europea y a comienzos de año empezó a fijar límites a sus socios. Así, puso como condición firmar el denominado Pacto por la Competitividad del Euro a cambio de ampliar el fondo de rescate ante posibles nuevos descalabros de las economías de la Eurozona.

A todo ello se sumó que uno de los supuestos pilares de la economía mundial, la inapelable solvencia crediticia de EEUU, se resquebrajó el pasado 5 de agosto con el anuncio por parte de Standard & Poor's de rebajar la calificación AAA, la máxima posible, a AA+. La degradación de la calificación de la deuda de EEUU supuso un jarro de agua fría tanto para la economía estadounidense, aún en frágil recuperación, como para economía mundial debido a la estrecha interconexión financiera internacional.

La semana siguiente fue negra para los mercados del Viejo Continente, pero lejos de tranquilizarse, el miedo a una nueva recesión sigue hundiendo los parqués de medio mundo.

Esta situación hizo que el presidente del país, Barack Obama, saliera a la palestra para asegurar que "los mercados siguen percibiendo que el crédito de EEUU es de primera categoría". "Siempre seremos un país AAA", sentenció.

Volviendo a España, uno de los principales problemas a los que se enfrenta es al del desempleo. Aunque otras economías europeas están pasándolo mal por la crisis de deuda, en nuestro país toda esta situación se ve agravada por la alta tasa de paro, que, si se suma a una posible nueva recesión, podría suponer un desastre para la ya mermada sociedad española.

Los últimos datos evidenciaron que la temporada estival alejó a España de los cinco millones de parados, según la Encuesta de Población Activa (EPA) correspondiente al segundo trimestre , que arrojó una caída del paro en 76.500 personas hasta los 4.833.700 desempleados. La tasa bajó cuatro décimas y se situó en el 20,89%.

En cualquier caso, la cifra no es desdeñable, sobre todo porque no se vislumbran cambios estructurales que alienten el auge de nuevos sectores que absorban a tal número de parados. Además, la superación de este problema está vinculada a un crecimiento económico estable, cosa que no sucedió en el segundo trimestre, cuando se desaceleró por la caída de la demanda interna.

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