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Cultura

"El panorama del cante está herido, pero saldrá adelante"

el 26 mar 2012 / 20:40 h.

Miguel Poveda.
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-Después de hacer incursiones en músicas muy diversas, ¿es éste el retorno de Poveda al flamenco puro, sin colorantes ni conservantes?

-No puedo hablar de vuelta al flamenco, ni puro ni duro, porque es algo que no he dejado hacer nunca. Y también debo decir que los colorantes y conservantes que llevaba en otros proyectos eran todos de primera calidad, desde Joan Albert Amargós a la guitarra de Chicuelo. Este disco es simplemente la búsqueda de un sonido que refleje mejor lo que hago en directo. Un disco de cante tradicional con el instrumento más artesano que hay, la guitarra.

-Con lo que gusta en el flamenco autoproclamarse artista, lo de artesano suena a ejercicio de humildad...

-Me gustaba la idea de dejar pasar incluso las imperfecciones de lo artesanal, que son las que hacen también algo más humano. Y también jugar con las palabras, señalar que éste es un arte sano porque tiene una cantera importante de artistas jóvenes.

-De Cádiz a Málaga, pasando por Jerez o Triana. A usted siempre le ha gustado acudir allí donde pudiera aprender...

-Sí, pero se trata de desplegar un muestrario, sino de mostrar todo aquello de lo que me he impregnado durante veintitantos años. Soy, en esencia, un enamorado de todas esas cosas que trato de plasmar aquí.

-¿Y, en esa búsqueda de las fuentes, cómo dio con Ranca?

-A Rancapino lo conozco desde hace muchos años, siempre le he visto una actitud hacia mí muy cariñosa, de compañero a compañero, a pesar de su veteranía. Lo he admirado siempre como referente, como a Chano lobato. En esta bulería, desde el primer momento, lo veía conmigo. Y quería mostrar a quien todavía lo conozca quién es ese señor, que se ha dejado la vida cantando. Así que, apenas se lo propuse aceptó: "Cuando tú quieras, sobrino", me dijo.

-Luego está ese batallón de guitarristas, de Paco y Manolo Sanlúcar a Parrilla, Morao... ¿Una demostración de fuerza?

-No, no, no presumo. Desde siempre me he llevado a los músicos que me gustaban, y esta vez quería que cada cante tuviera un perfume muy distinto, que se acercara al carácter preciso que persigo. Paco aceptó sin dudarlo y soy consciente de que tengo mucha suerte. Quien sí dudó, hasta casi estar a punto de quedarse fuera, fue Isidro Sanlúcar... ¡y al final hizo dos temas!

-El Teatro Real va a abrirse para usted. Modestia aparte, ¿es este su ingreso definitivo en la estirpe de quienes le precedieron, los Morente, Mercé...?

-No me lo planteo así. Me alegra y me enorgullece que el Real me abra sus puertas, pero solo porque son muy pocos los cantaores que han actuado en él. Sin embargo, he estado en muchos teatros del mundo que serían el equivalente del Real, en el Carnegie Hall de Nueva York, en el teatro de la Ópera de Viena... Los flamencos poco a poco nos hemos ido despojando de prejuicios, lo cual no quita que actuar en cualquiera de estos grandes coliseos sea una responsabilidad tremenda.

-Ha puesto su voz al servicio de autores catalanes como Brossa o Ferrater. Después de su Medalla de Andalucía, más vale que vaya preparando algo con poetas andaluces, o se van a encelar...

-Sí, llevo tiempo con un proyecto con Luis García Montero, que está seleccionando sonetos de Quevedo a Joaquín Sabina, pasando por Lorca, y con música de Pedro Guerra. Tengo muchas ganas de trabajar en ello.

-¿Cómo es el actual momento del cante?

-El panorama está herido, sobre todo por la ausencia de Enrique [Morente], pero ahí está su obra. En los últimos tiempos se nos han ido muchos grandes, pero quiero pensar que saldremos adelante con gente como Rafael de Utrera, José Valencia, Kiko Peña, Jesús Méndez... Y siguen estando ahí Menese, Lebrijano... Lo que hace falta es que haya apoyo y trabajo.

-Usted, que fue muy activo con la petición de declaración de la Unesco para el flamenco, ¿cree que sido efectiva?

-Eso ha sido una etiqueta bonita, preciosa, aunque la Humanidad ya se volvía loca con el flamenco desde hacía siglos. Pero efectiva, no ha sido nada. Mis compañeros siguen quejándose de que no hay trabajo, ése es un mal que sufre el flamenco y al que no se ha puesto remedio.

-¿No le tienta el más difícil todavía en la próxima Bienal?

-Rotundamente no, ya estuve tres días en el Maestranza hace poco y no voy a volver por Sevilla en un tiempo. A finales de agosto estaré en la plaza de toros de Utrera, pero después de haber estado en las dos últimas bienales, no tengo ganas. Eso sí, como público veré todo lo que pueda.

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