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El Papa, convencido de que los tiempos son propicios para un retorno de Dios

Benedicto XVI está convencido de que los tiempos "son propicios para un retorno de Dios" y que la cultura y sus intérpretes son los vectores privilegiados del diálogo entre la fe y la razón, entre Dios y el hombre. Con ese convencimiento abandonó Lourdes. Foto: EFE.

el 15 sep 2009 / 11:49 h.

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Benedicto XVI está convencido de que los tiempos "son propicios para un retorno de Dios" y que la cultura y sus intérpretes son los vectores privilegiados del diálogo entre la fe y la razón, entre Dios y el hombre. Con ese convencimiento abandonó Lourdes, última etapa de su viaje de cuatro días a la laica y católica Francia, que le llevó a París y al santuario mariano que se levanta en los Pirineos para conmemorar el 150 aniversario de las apariciones de la Virgen.

Su viaje, como él mismo lo calificó, ha sido como un díptico, cuya primera tabla fue París -de mayor contenido político, donde se reunió con el presidente, Nicolás Sarkozy, y el mundo de la cultura- y la otra Lourdes, marcadamente mariana, donde le acogieron unas 150.000 personas.

En París, el Papa defendió ante Sarkozy las raíces cristianas de Francia y apostó por una "laicidad sana". Según el Papa, la 'laicidad' en sí misma no es contradictoria con la fe, sino que la fe es fruto de una 'laicidad' sana".

Sarkozy defendió su concepción de la "laicidad positiva" como "una invitación al diálogo, la tolerancia y el respeto" y aseguró que para las democracias sería "una locura" privarse de las religiones. La sintonía entre el Papa y Sarkozy fue duramente criticada por la oposición socialista, que exigió al Jefe del Estado que sea el "guardián" de los principios de laicidad que rigen en el país.

Ante el mundo de la cultura dio una lección magistral en la que denunció que en las ciudades "ya no hay altares y Dios se ha convertido en el gran desconocido" y reiteró que a través de la razón se puede llegar a Dios.

La etapa de París concluyó con una misa ante más de 260.000 personas, en la que hizo un llamamiento al mundo para que "huya" de los ídolos, "que son -dijo- un señuelo que encadena al hombre al reino de las apariencias y lo alejan de la felicidad y de su verdadero fin, que es Dios".

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