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El Papa impone el palio a Juan José Asenjo en el Vaticano junto a otros dos arzobispos españoles

el 29 jun 2010 / 12:40 h.

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El Papa Benedicto XVI impuso hoy el palio a 38 arzobispos  procedentes de distintos países, entre los que se encontraban tres  españoles: el de Sevilla, Juan José Asenjo; el de Oviedo, Jesús Sanz;  y el de Valladolid, Ricardo Blázquez.

Ante ellos, el Papa destacó la importancia de que los arzobispos  de todo el mundo estén en comunión con la sede de Roma, ya que esto  garantizará su libertad "con respecto a los poderes locales,  nacionales o supranacionales, que en ciertos casos pueden  obstaculizar la misión eclesial".

La ceremonia fue precedida ayer por la celebración de las Primeras  Vísperas de la Festividad de San Pedro y San Pablo en la basílica de  San Pablo Extramuros, durante la que el Papa anunció la próxima  creación de un Consejo Pontificio especialmente dedicado a la  evangelización de los países de Occidente. Hoy en cambio, durante la  misa solemne, impuso el palio a los arzobispos metropolitanos que han  sido nombrados en todo el mundo a lo largo de este año.

El palio es una distinción litúrgica honorífica y jurisdiccional  que llevan el Papa y los arzobispos. Consiste en una faja blanca de  lana con cruces de seda negras, que pende de los hombros sobre el  pecho.

Cada año, el día 21 de enero, que es el día en que según el  calendario litúrgico se celebra la fiesta de Santa Inés, el Pontífice  bendice los corderos de los que se sacará la lana para confeccionar  los palios en seguimiento de una antigua tradición.

Asimismo, Benedicto XVI afirmó hoy que las persecuciones externas  "no constituyen el peligro más grave para la Iglesia" sino que éste  procede de "aquello que contamina la fe y la vida cristiana de sus  miembros", según destacó durante la misa solemne que presidió en la  basílica vaticana con ocasión de la festividad de San Pedro y San  Pablo.

"En efecto, si pensamos en los dos milenios de historia de la  Iglesia, podemos observar que, como había anunciado el Señor Jesús,  no han faltado nunca para los cristianos las pruebas, que en algunos  períodos y lugares han tenido el carácter de verdaderas y propias  persecuciones", explicó.

Sin embargo, "éstas, a pesar de los sufrimientos que provocan, no  constituyen el peligro más grave para la Iglesia. El daño mayor, de  hecho, que ésta sufre procede de aquello que contamina la fe y la  vida cristiana de sus miembros y de sus comunidades, ensuciando la  integridad del Cuerpo místico, debilitando su capacidad de profecía y  de testimonio, empañando la belleza de su rostro", destacó el  Pontífice.

Según el Papa, todo esto ya fue advertido por San Pablo en sus  cartas, una de cuyas conclusiones es que "los hombres que obran el  mal no llegarán muy lejos porque su estupidez quedará a todos  manifiesta".

"Hay, por lo tanto, una garantía de libertad asegurada por Dios a  la Iglesia, libertad ya sea de los lazos materiales que intentan  impedir o coartar su misión, como de los males espirituales y  morales, que pueden ensuciar la autenticidad y la credibilidad",  concretó.

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