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El ‘parlamento’ de los deseos

El candidato a rector de la Universidad de Sevilla presentó ayer a los claustrales el programa electoral con el que espera ganar el próximo 23 de febrero.

el 06 feb 2012 / 22:28 h.

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El parlamento de la Universidad de Sevilla no se parece en nada al Congreso. Entre los señores académicos no se estila levantar la voz. Los mítines son cosas de otros. Será por este talante genuinamente universitario que la presentación ayer en el Claustro del único candidato a rector en las elecciones del 23 de febrero fue un remanso de paz.

Antonio Ramírez de Arellano esbozó en poco menos de una hora su programa electoral a los 182 claustrales presentes. Un listado de promesas que, por momentos y por imperativo del formato establecido, resultó monótono. Lo mejor estaba por llegar. En el cara a cara con los claustrales que pidieron intervenir, el candidato sacó su artillería pesada: hizo gala de la agilidad mental y capacidad de diálogo que muchos de los parlamentarios le alabaron. Arellano se tuvo que fajar especialmente con los claustrales que le reclamaron recuperar el sufragio universal para elegir a rector (seis de un total de 41 intervenciones). La Hispalense es la única institución en la que el Claustro elige a su máximo responsable.

Un grupo de seis catedráticos y dos profesores de la Asociación Antonio Machado y Núñez promovieron una iniciativa que consistió en repartir papeles entre los claustrales con diez preguntas para que estos se las hicieran al candidato. Entre ellas, y además del sufragio universal (para lo que han empezado incluso a recoger firmas, con 576 registradas hasta el momento), pedían explicaciones sobre la implantación del Plan Bolonia, el futuro de Andalucía Tech y la biblioteca del Prado. Francisco Garrudo, de Filología, es uno de los promotores e hizo una de las primeras intervenciones para cuestionar la legitimidad del sistema de elección de rector. "Le ruego que no critique en esos términos", le recriminó Ramírez de Arellano, que ya en una réplica anterior a la profesora de Derecho Casilda Rueda había dejado clara cuál es su posición.

El candidato aseguró no tener reparos en debatir todo lo que se presente "en tiempo y forma", pero recalcó a renglón seguido que "no es conveniente" ahora abordar cambios normativos, máxime cuando "mi preocupación tiene más que ver con la gobernanza por la que apuestan los dos grandes partidos [PP y PSOE]", que han puesto encima de la mesa la posibilidad de que el rector sea elegido por un consejo de administración en lo que sería un ataque frontal a la autonomía universitaria. "No es mi prioridad", zanjó Ramírez de Arellano a preguntas del profesor Alfonso Mate de Farmacia. Un representante de los estudiantes llegó a insinuar que el rector tendría más apoyo de cara a futuras movilizaciones ante la Junta o el Gobierno central si apostara por cambiar el sistema de elección. "Me sentiré un rector fuerte en caso de ser elegido", apostilló.

Sea como sea, el Claustro evidenció que este tema se cerró en falso y que sigue siendo un runrún dentro de la comunidad universitaria. Pero tampoco es menos cierto que los opositores son un movimiento tímido en el que no hay un líder claro sobre el que podría haberse organizado una candidatura alternativa a la que presenta Ramírez de Arellano (hay varios catedráticos entre los militantes).

Lo que sí quedó claro es que entre los universitarios el futuro de la biblioteca del Prado no está entre sus preocupaciones. Sobre este tema tan sólo preguntaron el citado catedrático Garrudo y el profesor de Arquitectura José Pérez de Lama. Ramírez de Arellano repitió que el asunto está en manos de los técnicos y recalcó que esta situación [el más que seguro derribo de todo lo hecho] no afectará al estado de las cuentas.

Sobre este particular y los temidos recortes, el candidato fue contundente. El profesor Jaime Benjumea, de Informática, le preguntó cómo priorizará cuando llegue el tijeretazo. Ramírez de Arellano se quejó en este punto de la "excesiva prisa" del Gobierno del PP por aprobar el Real Decreto de diciembre en el que congeló la oferta de empleo público, una medida "torpemente planteada", aseguró.

Para el candidato, la universidad seguirá funcionando con autonomía y según las necesidades docentes que tenga. "Si hay alguien que quiera recortar tendrá que dar explicaciones de por qué no quiere apostar por la educación", había manifestado minutos antes al preguntársele cuáles serán sus medidas para garantizar una aplicación real del Plan Bolonia. Algunos de los claustrales denunciaron que el nuevo modelo educativo se ha aplicado tan solo desde el punto de vista burocrático. Se quejaron de clases con hasta 120 alumnos cuando Bolonia preconiza la atención personalizada.

Que la cosa esté muy mala no es impedimento para que los haya que pidan mejoras salariales. Víctor Molina, de la asociación ADIUS, se lamentó de que la generación de jóvenes profesores "más formados de la historia de la Universidad" tengan unas condiciones que "dejan mucho que desear". Parafraseando la canción, "se nos rompió la vocación de tanto usarla". Este mismo profesor se ofreció al candidato a coger con él la "pancarta" ante el más "mínimo ataque" que haya a la autonomía universitaria.

El profesor de Económicas José Luis Osuna, éste sí más encendido que la media, defendió la legitimidad de la elección a rector mediante el Claustro y apostó por la "estabilidad" que representan Arellano y su equipo ante la "ofensiva de la derecha contra todo lo público". "Nos estrangulan económicamente para después acusarnos a los universitarios de no saber gestionar".

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