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"El Parlamento tiene que regular sanciones para los diputados"

El presidente de la Cámara ofrece recetas y apuesta por diputados en la calle, a disposición de los ciudadanos.

el 09 mar 2013 / 19:28 h.

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El presidente del Parlamento, Manuel Gracia.

Manuel Gracia (1946, Peñarroya-Pueblonuevo, Córdoba) es catedrático de Filosofía y maestro de profesión y se le nota. Desde la atalaya de la presidencia del Parlamento, reflexiona con serenidad sobre los males de la política y la grave desafección de los ciudadanos. Uno de los más veteranos de la Cámara ofrece recetas y apuesta por diputados en la calle, a disposición de los ciudadanos.

 

-Su discurso del 28-F fue autocrítico y apostó por que los diputados rindan cuentas ante los ciudadanos. ¿Cómo?
-La rendición de cuentas requiere transparencia y una información exhaustiva a los ciudadanos de la actividad de los parlamentarios, de qué es lo que hace, qué iniciativas presenta, en qué temas interviene, el texto o el vídeo de sus intervenciones, e incluso la explicación del sentido de su voto. Esto daría una información que permitiría que los ciudadanos puedan ejercer ese control sobre los diputados y diputadas. Comportaría una modificación de un calado legislativo muy amplio. No hay en estos momentos precedentes pero creo que el mero hecho de estar expuestos a los ciudadanos generaría un ejercicio de autocrítica y autoexigencia constante que seguro que va a significar un mejor trabajo.


-¿Qué modificaciones legales son necesarias?
-Como mínimo la del Reglamento de la Cámara pero también probablemente habría que cambiar la ley electoral. Hay que estudiarlo.


-También propuso una prueba de idoneidad para los órganos de extracción parlamentaria.
-Lo planteé para el Defensor del Pueblo, la Cámara de Cuentas, el Consejo Audiovisual, etc. En estos momentos ya existe la previsión de que tienen que comparecer pero es un puro trámite. Es el modelo anglosajón y de Estados Unidos. Se trata de generar una dinámica y una forma de hacer política distinta. No son cambios de maquillaje sino que buscan cambiar la forma de hacer política para tener mejor democracia. Si el grupo que propone a un candidato sabe que estará expuesto a un interrogatorio, a preguntas, a que se debata su idoneidad, seguramente cuidarán más los perfiles. Ayudaría a que esos órganos tengan mucho más contenido profesional, de más solvencia.


-Y junto a la rendición de cuentas, ¿caben sanciones?
-Creo que es importante, hay que regularlas. El Reglamento contempla los deberes de los diputados, pero no un mecanismo sancionador si no se cumplen. Es difícilmente comprensible porque para el ciudadano, cuando se le pone un deber, sabe que hay una sanción si incumple. Esto lo vinculo con la idea de la ejemplaridad. Además de las sanciones que serían sobre todo económicas, se pueden establecer nuevos deberes.


-¿Cuáles?
-Pues relacionados con esa idea de la rendición de cuentas, con la obligatoriedad de que con cierta periodicidad mantengan un mínimo de actos y de actividad presencial en su provincia.


-Ahora hay mucho diputado de despacho. Supondría también un cambio de mentalidad, ¿no?
-Todo esto tiene que ver con la percepción de que lo que ha cambiado es la exigencia de los ciudadanos respecto a los políticos. O cambiamos la forma de hacer política o la cambiará la gente. Esto no se puede resolver con cuatro cositas cara a la galería. Hay que ir a procesos donde seguro que cometemos errores, nadie tiene la solución, pero no podemos quedarnos con lo que hay ni satisfacernos con cambios superficiales. Hay que ir a un cambio profundo de la forma de hacer política.


-Los políticos se han convertido en un problema para los españoles. ¿Qué han hecho mal?
-Todo esto se ha agudizado por la incapacidad de dar respuesta a la crisis económica. Los ciudadanos ven cómo su problema número uno es el paro y no se lo resuelven. Esto afecta también directamente a la confianza. Pero hay más responsabilidades. Los medios de comunicación también tienen que ver bastante.


-¿En qué?
-Los medios de comunicación están en una especie de carrera por ver quién pone más alto el listón informando de corrupción.


-Pero esos casos de corrupción existen. El problema no es que se cuenten sino que existan.
-Está claro. Haberlos haylos, pero no son tantos. Es lo mismo que con la prima de riesgo. Cada día nos levantábamos escuchando lo que había subido la prima de riesgo, con el mensaje alarmista del periodista que daba la información y del comentarista de turno, desayunábamos oyendo que estábamos al borde del abismo. La percepción social es que estábamos en colapso y yo creo que no hemos estado tan al colapso. Y con esto de la corrupción ocurre algo parecido. Los casos están ahí pero se tiene la percepción de que es mucho más extendido el fenómeno de lo que es. En la provincia de Córdoba, por donde soy diputado, no conozco ningún caso de concejal o alcalde que haya sido condenado por corrupción y la percepción de mis paisanos no es esa.


-Quizás el problema es que los casos de corrupción que han aparecido últimamente, como el caso ERE o el caso Bárcenas, demuestran que no son episodios aislados sino la corrupción instalada, durante años, dentro de un partido o una institución.
-No pongo al mismo nivel los dos casos. No me corresponde como presidente del Parlamento, pero en un caso (Bárcenas) todo apunta a la financiación ilegal de un partido y en el otro no. Como dijo Rubalcaba el otro día, nosotros con Filesa aprendimos la lección, otros lo mismo todavía no. Lo que sí creo que es verdad que la respuesta que se ha dado por parte de los partidos cuando salta un caso de corrupción influye, sin duda. Muchas veces no hay una respuesta cauterizante rápida.


-¿Son hoy imprescindibles las listas abiertas y las primarias?
-Creo que es más importante el tamaño de la circunscripción, que debe reducirse. Son los partidos los que tienen que cambiar. Hay que introducir mecanismos para saber qué diputado y qué diputada le está haciendo mejor servicio o peor y eso permitiría discriminar entre ellos.


-Ahora mismo llegan a ser diputados de este Parlamento no los mejores o los que más hayan trabajado, sino los que tienen mejor padrino o estén más pegados a los aparatos del poder.
-No voy a hacer un juicio sobre todos los diputados... que algo de eso puede ocurrir, puede que ocurra. Pero lo que importa es cómo lo podemos cambiar y creo que se puede cambiar haciendo reformas que permitan exponer públicamente el trabajo de los diputados, reduciendo el tamaño de la circunscripción, que permitiría un grado mayor de conexión entre el representante y el representado, y cambios legislativos que permitan dentro de unas listas cerradas desbloquearlas y, por ejemplo, poder cambiar el orden.


-Todas estas medidas, ¿se harán en esta legislatura?
-Al final los cambios los tienen que hacer el Parlamento y los grupos parlamentarios. Espero que en la mesa política del Pacto por Andalucía se introduzcan todas estas modificaciones.


-¿Usted confía en que haya acuerdo político?
-En estos temas confío en que sí. A estas alturas, quien se quede fuera va a tener muy difícil explicárselo a los ciudadanos. No se le perdonaría a la fuerza política que se quede fuera. Sobre todo porque si no hacemos nada, los riesgos están ahí. Siempre aparecen tentaciones de carácter autoritario, del signo que sean.


-El sueldo base de un diputado ronda los 3.900 euros, ¿le parece razonable?
-Ése no es el salario base de un diputado. No, hombre, no. Eso es en bruto con la suma de todas las retribuciones. El salario base no llega líquido a 3.000 euros.


-¿Y le parece razonable?
-En los tiempos que vivimos, me parece que es razonable.


-En Castilla-La Mancha, María Dolores de Cospedal ha suspendido los sueldos de los diputados. ¿Qué le parece?
-Cospedal demostró en este caso su enorme capacidad para equivocarse. No le han seguido ni sus propias comunidades autónomas. Es esencial que un diputado tenga un buen sueldo. Yo soy partidario de la dedicación en exclusiva, radicalmente, de los diputados y diputadas, de una incompatibilidad total y absoluta. Otra cosa distinta es que haya que pensar en optimizar los recursos y racionalizar los gastos. Pero el debate en los términos que lo planteó la señora Cospedal es una auténtica barbaridad. Significa reducir el Parlamento a un órgano de decir amén a lo que diga el Gobierno. Y lo del ahorro es fantasmagórico. Aquí en la primera legislatura no había sueldo de los diputados pero se cobraba por dieta y por asistencia casi tanto como lo que luego se cobró como sueldo.

-Pero el hecho de que el político sea solo político y no tenga vida profesional, ¿es bueno?
-Es deseable que todo el mundo que llegue a la política tenga una actividad profesional previa, eso es deseable. Pero a mi modo de ver, eso no se puede regular. En una sociedad ideal, utópica, donde todo el mundo haya tenido las mismas posibilidades para recibir una formación, pues vale. Pero esa sociedad no es ésta. No vayamos a pedirle a todo el mundo que sea licenciado. Sería muy recomendable también que quienes nos dedicamos a la actividad política tuviéramos contacto con la realidad. Es importante que nuestra vida cotidiana sea como la de cualquier otro ciudadano, sin privilegios. Yo puedo ser presidente del Parlamento pero soy una persona normal, hago cosas cotidianas, desde cambiar una bombilla a comprar en el supermercado. Eso es fundamental como forma de vida. La pérdida del contacto con la realidad para un político es lo peor.


-Bajo su mandato se han activado las comisiones de investigación. ¿Es sano?
-Las comisiones de investigación cuando son necesarias, son totalmente saludable. La experiencia de los ERE no la he visto tan negativa. En nuestra cultura democrática, a las comisiones de investigación tenemos que darle una vuelta y reflexionar qué nos puede hacer mejorar para que estas comisiones sirvan para algo.


-¿Mandaría usted a una ministra a hacer punto de cruz? Un diputado socialista lo ha hecho.
-El comentario me parece absolutamente rechazable y algo más que desafortunado. Nos queda mucho todavía por avanzar. Al final eso responde a una mentalidad machista que desgraciadamente está todavía muy extendida, también entre los políticos y las políticas. Y ahí no hay más medicina y más tratamiento que la educación a fondo.


-¿Cómo se lleva con el PP?
-Es una relación cordial, mantenemos una buena relación. Creo que estoy ejerciendo la presidencia del Parlamento con ecuanimidad.


-Y desde el balcón de la presidencia, ¿cómo ve el pacto de PSOE e IU?.
-Bien, con mucha naturalidad. No es infrecuente que diputados socialistas aplaudan intervenciones de diputados de IU, quizás menos al revés, pero también. Veo una relación muy fluida.


-No le veo mucho del socialismo bolivariano de IU.
-(Risas) No, no, a mí lo del socialismo bolivariano no, francamente. El socialismo, el democrático. Los demás son todo inventos.


-Lo mejor y lo peor del año que cumplirá en abril como presidente del Parlamento.
-Lo peor lo tengo clarísimo, la muerte de la diputada Araceli Carrillo. Lo mejor...espero que lo mejor esté por llegar y ojalá se avance en el Pacto por Andalucía y en el acuerdo político sobre transparencia. Y creo que estamos empezando a conseguir serenar los debates en el Parlamento. Al ciudadano le repele mucho la bronca por la bronca.

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