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El paro sólo se impone en obras, grandes empresas y transporte

el 29 sep 2010 / 08:46 h.

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La jornada de huelga que arrancó con la paralización de Mercasevilla y los agresivos piquetes de Tussam concluyó en Sevilla con un balance irregular y con una ciudad más próxima a la normalidad que a la paralización que promovían los sindicatos. El paro detuvo grandes empresas, especialmente del sector industrial, recortó los transportes públicos prácticamente a los servicios mínimos, bloqueó grandes obras de la ciudad y dejó sin abastecimiento a los mercados. Pero a cambio tuvo un seguimiento bajo entre los funcionarios de las administraciones local y autonómica, en los centros de salud y colegios, en las pequeñas y medianas empresas y en el sector servicios, pese a la agresiva campaña de los piquetes.

El contraste sirve de base para la tradicional guerra de cifras que sigue a cualquier convocatoria. Los sindicatos cifran en un 75% el seguimiento en la provincia; mientras que la patronal destaca la normalidad salvo por el boicot de los sindicatos a los establecimientos que querían abrir. En medio, hasta cuatro personas fueron detenidas, se quemaron contenedores y se cortó el acceso a Sevilla a primera hora de la mañana a través de la A-49, la N-IV, la A-92 la Avenida de la Raza
Los sindicatos fijaron sus objetivos para que la huelga se visualizase. El primero fue Mercasevilla. La plantilla secundó la convocatoria en más de un 90% y a través de los piquetes impidieron el acceso a todos los camiones de mercancías. El resultado, además de un incidente aislado por el enfrentamiento entre los manifestantes y un camionero, se percibió en todas las plazas de abastos y empresas minoristas. El pescado no llegó. "Hemos tenido que abrir con género del día anterior. Los placeros votamos y decidimos que cada empresario tuviera libertad y todos hemos abierto. Estamos como para perder otro día de ingresos", resumía Rafael Conde, del mercado de Triana, quien señalaba a una decena de puestos que amanecieron cerrados: "Esos no cierran por la huelga, sino por la crisis. Aquí han desparecido la mitad de los puestos". En San Gonzalo, sin embargo, casi el 50% optó por no abrir. Otros se lamentaban de no haberlo hecho. "De haberlo sabido no vengo, aquí no hay clientes, tienen miedo", resumía Rafael Díaz.

El segundo gran objetivo sindical fueron los transportes. Los piquetes se concentraron en las puertas de Tussam e increparon a los servicios mínimos. La frecuencia de paso de autobuses se redujo a un vehículo cada media hora, con un efecto inmediato en las paradas. Pruden, en su primer día de trabajo, acumulaba ya media hora de retraso. De Los Pajaritos a la Cartuja. Más de una hora de camino. Pese a esto, miraba el reloj comprensiva: "Yo no me puedo ni plantear la huelga. Hago una sustitución por 24 euros al día durante una semana y me advirtieron de que si no trabajaba, me quitarían 90 de sueldo". A las ocho y media el autobús llegó. Pese a las protestas, los servicios mínimos se cumplieron, y durante la mañana se sobrepasaron en 31 unidades al presentarse voluntarios más trabajadores de los previstos.

En el Metro, donde se cumplieron los servicios mínimos, los vehículos circularon cada 30 minutos en hora punta -lo que no evitó la imagen de estaciones como Plaza de Cuba vacías a la una de la tarde-, y en los taxis sólo el 10% de la flota estuvo operativa. El aeropuerto fue objeto de actos de sabotaje que derivaron en el corte del suministro eléctrico, mientras que en Santa Justa se cumplieron los servicios mínimos.

El tercero de los frentes sindicales fueron las grandes empresas, y especialmente los polígonos industriales. En El Pino hubo cortes en la rotonda de Pino Central; en Store se quemaron dos contenedores y en Carretera Amarilla la atención se centró en Tussam. Los sindicatos destacan el alto seguimiento en Renault, Sacesa, Vicasa, Licuas, Flisa, RMD y Resilec, entre otros. Pero las pequeñas empresas mantuvieron su ritmo de trabajo aunque a puerta cerrada. Así lo confirmaron tanto la CES como los presidentes de los principales parques industriales. Las grandes obras como Fibes, San Jacinto o la Encarnación, se paralizaron.

Conforme fue avanzando la mañana, los piquetes de los sindicatos convocantes desplazaron su atención al Centro. El Corte Inglés tuvo que abrir con un amplio despliegue policial, con casi un centenar de agentes, y sus clientes fueron increpados; mientras que pequeños comercios y bares se limitaron en su mayor parte a esquivar las protestas. Persianas abajo cuando llegaban los sindicalistas, arriba en cuanto pasaban. Salvo excepciones, como el establecimiento de lotería de La Campana: tuvo que avisar a la Policía después de que un grupo entrara y tirara todos los boletos de quinielas y primitiva. "El seguimiento ha sido nulo. Sólo se cerró por miedo. Cuando pasaban los piquetes, se volvía a la normalidad y todos abrían", explicaba Enrique Arias, de Aprocom. Fuera del casco histórico, ni siquiera los piquetes de dejaron notar. Triana, Los Remedios o San Jerónimo afrontaron la jornada con relativa normalidad.

El temor marcó la jornada en otros sectores. Colegios e institutos abrieron sus puertas, pero con menos alumnos, aunque, según la Junta sólo hubo un seguimiento del 3,5% entre los docentes. En Justicia fue del 20%, según el Gobierno andaluz, mientras que en los centros de salud el seguimiento fue mínimo. "Los médicos siguen con sus citas y están todos, la huelga sólo se ha notado en recepción", explicaba la única trabajadora que atendía al público en el Cachorro.
La huelga no paralizó Sevilla pero sí la transformó: niños fuera de los colegios, comercios sin clientes, banderas y una tensión en la calle que se rebajó a primera hora de la tarde, al concluir los piquetes.

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