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El parque que se comió una autopista

Miraflores es el único gran parque sevillano abierto de los tres recién reformados. Frente a las quejas de esta semana por el retraso de Tamarguillo y Guadaíra, aquél es una dulce realidad.

el 08 sep 2010 / 19:34 h.

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Si Woody Allen viviera en Sevilla (cosa improbable, porque no podría lucir su chaqueta de mezclilla y las gafas de pasta se le caerían del sudor), el lugar donde intentaría camelarse a la joven e inquieta estudiante de Filosofía a base de balbuceos sería el camino de tierra que, bordeado por el antepecho de madera basta que rodea el lago, permite al paseante ver las crestas de los edificios altos de Miraflores por encima de las copas de las acacias, las jacarandas y las moreras. Ayer, en particular, le habría encantado exponerle a la chica en cuestión sus dudas metafísicas; sobre el horizonte de la tarde, un manojo de nubecitas grises patinaban al compás del jazzístico solo de trompeta que un músico igual de solo, excepción hecha del perro, se dedicaba a sí mismo porque allí no había nadie más. Bueno, sí, un joven corriendo en calzonas y otro más, a lo lejos. Tal vez uno de ellos fuese ese afamado atleta llamado Manuel Olmedo que va a entrenarse por allí, según contaba ayer la presidenta de la Plataforma Vecinal Entorno del Parque de Miraflores, Alicia Rivera. "Suele venir mucha gente", decía, "sobre todo por las noches". Luego se comprobó que era cierto. Pero a esa hora, la del cafelito, el resto del ajetreo de este Parque de Miraflores estaba compuesto por los saltitos burlescos de un mirlo y el vuelo rasante de 50 metros de una especie de cotorra que no sabía que la otra rama estaba tan lejos.     

La vena neoyorquina del cineasta también quedaría satisfecha con una nota de carácter de este parque: que es el único de toda Sevilla que ha sido capaz de vencer a un autopista, la que rodea a la ciudad, sobrevolándola para abastecer con su pulmón a las dos orillas: Miraflores y Pino Montano. Las obras de unión no han concluido, es cierto, pero quién tiene derecho a meterles prisa a los milagros. Con todo, la inmensa parte visitable ya da para cansar a cuantos legionarios tengan a bien pasarse por esta proeza. Sí, proeza. Porque lo lógico es que aquí hubiese habido cualquier cosa menos un parque. Por un lado, la Ronda Norte arrollándolo todo; por otro, el Polígono Store; y el resto, uno de los retales más densamente poblados de la Sevilla obrera y desarrollista. Fue el vecindario, a fuerza de empeñarse y hasta de desgañitarse, el que en los años ochenta le arrancó a la especulación este trozo de descampado para transformarlo (con sus propias manos, en buena parte, véanse los huertos) en casi cien hectáreas de zona verde, de esparcimiento social y de aire puro. Allí montó su cine de verano; en él celebró sus fiestas con los inmigrantes; pruebas deportivas y reuniones populares se suceden sobre sus avenidas y praderas. Es normal que lo cuiden, aunque, en opinión de la citada Alicia Rivera (por cuya ocupación se ve obligada a fijarse más en las cosas malas que en las buenas, según admitía ayer), "no todo el barrio opina lo mismo". En una palabra: vandalismo.

Es cierto que una mañana apareció el lago del parque con unas cuantas bicicletas de alquiler arrojadas para entretenimiento de sus carpas. Pero claro, demonizar por ello al barrio, en una Sevilla que ostenta el triste récord de 214 bicicletas de ésas destrozadas en una sola noche, tiene un puntito injusto. La responsable de la plataforma vecinal coincide en ello, aunque insiste en que faltan papeleras, "vigilancia sobre todo", y en lo bien que vendría que arreglasen algunos socavones de los caminos de tierra prensada, no sea que se descalabre un día Olmedo y para qué quieren más. Con todo, reconoce las virtudes del lugar, desde sus aparatos de gimnasia para mayores hasta sus vistas impresionantes. "Intentamos cuidarlo", dice. Equilicuá.

En resumen, me gustaría tener algún tipo de mensaje positivo que dejarles. Pero no lo tengo. ¿Aceptarían dos mensajes negativos?, dejó dicho el de la chaqueta de mezclilla y las gafas de pasta. Ayer, el Parque de Miraflores estaba reluciente. Ni un papel. Ni un ruido. La brisa correteaba por las praderas y aquello bien podía ser lo más bonito del mundo.

De utilidad:

Qué: Parque de Miraflores
Una precaución: Cuidado al pulsar el botón de la fuente. Si no tiene un brazo de metro y medio, se empapará las perneras y los zapatos.
Un lugar para sentarse: El césped, en el costado oriental de la laguna. Fresco, a la sombra y bonito.
Un lugar para pasear: El paseo de los pinos. Ayer, las agujas caídas sobre el camino lo hacían parecer el suelo de una barbería. Diferente.
Detalles: El agua es la dueña del parque, en forma de lagos. El tacto de los bancos hechos con traviesas de vía férrea. El olor del aire es dulce.

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