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El Partido Popular

La pasada legislatura el PP exhibió su posición más dura y reaccionaria lo que provocó que miles de ciudadanos dieran su apoyo al PSOE. La coincidencia de las elecciones generales y andaluzas determina que los actos complementarios y consecuentes de ellas, como la constitución de las Cámaras...

el 15 sep 2009 / 02:53 h.

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La coincidencia de las elecciones generales y andaluzas determina que los actos complementarios y consecuentes de ellas, como la constitución de las Cámaras, la investidura y formación del nuevo Gobierno se sucedan con escasa diferencia de tiempo, proporcionando a los analistas materia sobrada para sus análisis y comentarios. No obstante ser habitual que la atención se centre en el programa de gobierno y en los posibles llamados a ostentar responsabilidades de gestión en las distintas áreas, en la actualidad y a nivel nacional, es el Partido Popular el centro de todo ese torbellino informativo, acrecentado por manifestaciones y rumores provenientes de las fuentes más dispares y que los distintos medios se encargan de amplificar. Las derrotas electorales, sobre todo si son reiterativas, obligan a un replanteamiento político, programático y organizativo del partido perdedor. Es lo que está ocurriendo en estos momentos en el PP por varias razones. En primer lugar, por la amplia diversidad de "sensibilidades políticas" que conviven y cohabitan en el seno del partido y que ha caracterizado desde siempre a la derecha española. La amplia y sólida base social, que en cada consulta se traduce en apoyo electoral, agrupa desde la derecha autoritaria, nostálgica del franquismo, hasta los conservadores, liberales y antiguos democristianos. Y es natural que esta diversidad genere tensiones internas y el intento de "centrar" el partido, cada vez que hay elecciones por la necesidad de atraer el voto moderado, sin cuya concurrencia la victoria electoral deviene difícil por no decir imposible. Este propósito de buscar el centro perdido es lógico y natural en líderes como Arenas y Gallardón, pero llama poderosamente la atención en un político como Fraga.

La pasada legislatura el PP exhibió, en diversas esferas, pero sobre todo en el Parlamento, su posición más dura y reaccionaria y con tal actitud provocó que miles de ciudadanos dieran su apoyo al PSOE por temor a ese posicionamiento autoritario y trasnochado. Ya no bastan las meras declaraciones, sobre todo cuando de manera tan evidente como oportunista, contradicen lo que ha sido una constante desde la mayoría absoluta de 2000. A esta compleja situación hay que añadir la figura de Mariano Rajoy. El origen de su liderazgo está en la decisión personal de Aznar y no en una elección de congreso o asamblea del partido, cuyo respaldo mayoritario habría obtenido sin duda alguna. Dotado de una buena formación, el ejercicio de responsabilidades políticas en distintos ámbitos, nacional y autonómico, le ha proporcionado experiencia política. Si a todo ello, formación y experiencia, se le añade un talante moderado y un tanto de socarronería galaica, es difícil comprender su baja valoración como líder político. En todas las encuestas estaba por debajo del aprobado y añadía poco o nada al haber electoral del PP. En un ejercicio de responsabilidad política ha asumido dirigir el partido hasta el congreso y obtener en él su confirmación.

Hoy no hay otra alternativa, aunque de forma soterrada en el ámbito interno del partido y de forma pública en algún medio se cuestione su liderazgo. Por ello tiene por delante un duro trabajo durante la presente legislatura y sus actuaciones serán analizadas con espíritu crítico y comparadas constantemente con las de su principal adversario político: Rodríguez Zapatero.

Antonio Ojeda Escobar es notario

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