Local

El peligro de la ‘hibernación’

El Gobierno local puede desacelerar su ritmo tras la salida anunciada del alcalde

el 06 mar 2010 / 20:33 h.

TAGS:

Las setas de la Encarnación.

La confirmación de la salida de Alfredo Sánchez Monteseirín abre un periodo de interinidad en el Ayuntamiento de Sevilla del que será muy difícil sustraerse en los catorce meses que aún quedan para las elecciones municipales. Ya se vaya de modo inminente o lo haga al final del mandato, el anuncio de su despedida confirma el fin de ciclo anticipado de un gobierno que está ya de vuelta a pesar de que todavía no se ha ido.


A ello contribuyen las circunstancias en las que se ha desarrollado el relevo. Aquí, a diferencia de otras ciudades como Barcelona o A Coruña, al alcalde se le ha señalado la salida de una forma abrupta y sin que se hayan resuelto dos claves esenciales: una relativa a su situación personal -¿dónde irá después de diez años en la Plaza Nueva?- y otra aún más importante en clave orgánica: ¿quién será el candidato del PSOE a la Alcaldía de Sevilla?


Estos son los interrogantes más claros que se han abierto, pero el retrato de esta transición imperfecta no estaría completo si no se analiza otra cuestión sustancial: cómo se piensa administrar un ayuntamiento que tiene que dirimir en este año y pico que quedan para las elecciones asuntos capitales para la ciudad. En definitiva, cómo se van a afrontar problemas para cuya resolución se necesita de un fuerte liderazgo político que, a día de hoy, ha desaparecido.


Esto no es hablar por hablar ni una mera elucubración. Inmersos en una crisis económica que hace estragos en las economías familiares y en las cuentas de las administraciones, no sería razonable que el tiempo que queda para las elecciones se convierta en algo similar a los minutos de la basura con los que acaban los partidos de baloncesto cuyo resultado está claro mucho antes del final de la contienda. El Ayuntamiento no puede afrontar ahora una etapa de gobierno acomodaticio y sin pulso, que se dedique a las tareas de intendencia y que deje para otro momento político más estable la resolución de problemas de una magnitud extraordinaria.


Podríamos hacer una relación muy prolija de este tipo de asuntos, pero bastará con señalar algunos de los más significativos. En los próximos meses, este ayuntamiento tiene que tomar medidas en torno a la situación de empresas municipales en estado de quiebra técnica como Tussam; debe buscar una solución financiera a Mercasevilla, que une a sus embrollos judiciales una situación ruinosa de sus arcas que puede agravarse si al final tiene que hacerse cargo de los nueve millones de euros que cuesta el expediente de regulación de la empresa acordado por la anterior dirección; ha de encontrar el dinero necesario para la ampliación de Fibes y ha de afrontar la continuación de las obras de los parasoles de la Encarnación, cuyo sobrecoste se ha disparado en otros casi veinte millones. Y todo esto en un escenario de economía de trinchera que ha obligado a recortar en un 20% el presupuesto de todas las áreas municipales excepto la de Bienestar Social.


Pero no sólo se necesitará un impulso decidido en materias ligadas al apartado financiero. Este ayuntamiento tiene por delante decisiones de gran calado que no se pueden soslayar y que necesitan de una dosis de empuje difíciles de encontrar si el ayuntamiento entra en un estado de hibernación, agravado además por el impacto mediático de la recta final de las investigaciones judiciales de los casos Unidad y Mercasevilla.


Ahí están los ejemplos de la ampliación del Metrocentro, aún por decidir; la negociación con la Junta del trazado de la línea 3 del Metro, que Obras Públicas quiere que sea en buena parte en superficie y el Consistorio en subterráneo; y, por último, uno de los proyectos más polémicos, el cierre al tráfico privado del centro histórico de la ciudad. ¿Alguien cree que un Gobierno municipal con tal grado de amortización está en condiciones de defender una pelea de este calibre? ¿Y que se van a enfrascar en ella concejales y altos cargos que pueden estar centrados ya en ese momento en saber qué va a pasar con ellos?


Tal vez escuchemos ahora declaraciones de concejales que subrayarán que la salida del alcalde no les va a restar un ápice de ilusión por su trabajo y que hasta el último momento seguirán trabajando para que el proyecto socialista sea revalidado en las urnas. Pero una cosa son las palabras y otra el estado anímico real de un equipo socialista roto por dentro que ha asistido con desconcierto a la extraña ceremonia de salida de su regidor.


Ahora toca recomponer la figura después de este zarandeo, pero será difícil. Si se queda Monteseirín, que evidencia fuertes síntomas de cansancio, se va a decir una y otra vez que está liquidado. Y si se va, quien le suceda, seguramente Rosamar Prieto, tendrá tal grado de interinidad que su capacidad de maniobra quedará muy constreñida para afrontar tantos desafíos.

  • 1