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El 'pepegriñán', esa rara avis

José Antonio Griñan, a sus 62 años es un político con una larga trayectoria política habiendo estado trabajando con Chaves y con Felipe Gonzáles entre otros. Destaca sobre todo por su agudo sentido del humor y por su ironía.

el 24 sep 2009 / 12:25 h.

José Antonio Griñán
Hidalgo caballero, de los de Boja en astillero, ortodoxia antigua, rocín flaco y galgo corredor, sabedor de que en el mundo de los euros y las cuentas públicas nunca son iguales galgos y podencos. Y si es por correr, corre todos los días, porque correr, dice, no es de cobardes. Es José Antonio Griñán Martínez, un madrileño nacido para la biografía política en Córdoba hace 62 junios y formado para la ciencia del Derecho en la Universidad de Sevilla.

Seco de carnes, delgado de rostro y barbado, consumidor de los cinemas paradisos de Sevilla con los ojos de Totó, lector de buenos libros sin perder la cabeza, afiliado a la conversación y el debate, listo, intuitivo, tenaz, serio y riguroso; bromista y colchonero confeso, pese a lo cual, lúcido; cuidadoso con la administración de la Hacienda, consejero de la Sanidad andaluza con Chaves, ministro de Sanidad y Trabajo con Felipe González, de nuevo consejero de Economía y Hacienda con Chaves.

Felipista, amigo de Chaves, y autor, además de tratados técnicos sobre Empleo y Seguridad social, de un opúsculo, que aunque no vio la luz editorial circuló con fervor entre sus amistades, sobre la desaznarización que debió afrontar Zapatero al alcanzar el trono de aquel señor de bigote tan malencarado y mal educado que ponía los pies en la mesa del rancho del Bush y tan mal acostumbrado a los oropeles que casó a la niña en el Escorial con ínclitos personajes firmando como testigos. "El aznarismo, una contrarreforma para el nuevo milenio" se tituló aquel ensayo, en el que el próximo presidente de la Junta de Andalucía se encargaba de detallar cómo el señor de los párrafos anteriores utilizó el Estado y creó un nuevo poder económico que sirviera a los intereses del PP.

Casado, padre de tres hijos, abuelo de cuatro nietos, propietario de una vivienda en Sevilla, de un Fiat Tipo y un Nissan Primera, poseedor de 25.000 eurazos en la cuenta corriente y otros 24.000 en un plan de pensiones a nombre de él mismo, artífice del Pacto de Toledo... Y hasta aquí les podemos contar, como decían en el 1,2,3... responda otra vez antes de leer la tarjeta que le otorgaba al concursante la calabaza o el apartamento en Torrevieja, Alicante. Porque lo más interesante viene ahora. Aunque a ese futuro inmediato no habría llegado José Antonio Griñán si no hubiera tenido además un currículo político como el de pepegriñán.

El Griñán del cv oficial es, queda dicho, un tipo serio con las cosas de comer, riguroso y hasta ascético si fuere menester, un servidor público cabal, con discurso político, dotado para la finta dialéctica. Pero es que el pepegriñán es a la vez una referencia para los suyos por su lucidez, virtud que le ayuda a cultivar la ironía. El pepegriñán es el tipo al que todos recurren cuando quieren un buen consejo: brújula y luz, norte y Lao Tse, el maestro de Confucio, cuando dijo aquello de: "las palabras agradables no son sinceras y a veces las palabras sinceras no son agradables". Cuando no se puede elegir, le suelen preguntar a pepegriñán, quien goza de lo que académicamente se llamaría autoridad epistemológica. Las cosas del diccionario.

Va a afrontar a los 62 años la mayor responsabilidad de su vida y lo hace pensando en un proyecto de siete años, con las manos libres como los hijos de la mar para -"reclamo mi derecho a equivocarme"- hacer y deshacer y, de hecho, ya se aventan cambios de nombres y estilos. Es la sucesión, que ha llegado y nadie sabe cómo ha sido. Aunque Chaves sí lo sabía desde hacía tiempo: tenía claro que su sucesor sería ese pepegriñán, que es rara avis, al que Zapatero quiso para alcalde de Sevilla, el mismo al que cuando se le soplaban al oído sugerencias tales frivolizaba y desviaba el tiro. Y decía aquello de la edad, sintiéndose tan joven, y pese a estar en las quinielas como relevo de Solbes.

Roberto Bolaño, ante el que se rinde Griñán, escribe en La parte de Archimboldi, en 2666, uno de los libros del siglo: «Es bien sabido que la historia, que es una puta sencilla, no tiene momentos determinantes sino que es una proliferación de instantes". Quizás vaya por ahí la cosa, un instante de al menos 3+4 años (con permiso de las urnas y del PP), justo cuando pensaba ya en otras actividades profesionales y humanas. Es lo malo de ese volar alto del pepegriñán, esa ave extraña y planeadora, que ves mejor y que te ven mejor. Así que de entrada, enfila tres años endiablados que endulzará entonando en sus ratos de asueto arias de Verdi. Verdi que te quiero Verdi, que cantaba Manzanita. O el Verdi de la verdiblanca.

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