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«El periodista debe de ser el primer filtro hacia el respeto»

Después de casi 40 años trabajando para Televisión Española, Rosa María Calaf ha cambiado sus corresponsalías por un sinfín de congresos, simposios y entrevistas. Es su particular forma de seguir contándole a todo el que quiera escucharla lo que ocurre en el periodismo y en el mundo.

el 16 sep 2009 / 04:28 h.

Después de casi 40 años trabajando para Televisión Española, Rosa María Calaf ha cambiado sus corresponsalías por un sinfín de congresos, simposios y entrevistas. Es su particular forma de seguir contándole a todo el que quiera escucharla lo que ocurre en el periodismo y en el mundo.

En un encuentro con los medios organizado por la Asociación de la Prensa de Sevilla y con una humildad que resulta pasmosa, Rosa María Calaf asegura que lo que le está sucediendo desde que la prejubilaron el pasado 1 de enero es como asistir a su propio funeral. Su palmarés es cada vez más extenso, pero ella asegura que cuando tu trabajo es también tu auténtica pasión, el mejor premio que se puede recibir es precisamente dedicarse a ello.

Calaf ha sido corresponsal en Nueva York, Moscú, Roma, Viena y Hong Kong y asegura que muchas veces ha sido totalmente consciente de que estaba contando a su país un importante momento histórico. Los que más le han marcado han sido el desplome de la URSS, los primeros cambios hacia la liberación de América Latina, la devastación causada por el tsunami y el año olímpico de Pekín.

Sincera y directa, Calaf reconoce que le duele el espectáculo en el que se han convertido los informativos de las televisiones privadas y se siente afortunada de haber trabajado en una cadena pública, ya que los entes conceden más margen al periodista y le permiten trabajar bajo una menor presión empresarial.

En constante huida del sensacionalismo informativo, Calaf siente que su labor periodística es el primer filtro hacia el respeto que los espectadores han de tener para con quienes sufren catástrofes o conflictos que merecen un hueco en el informativo.

Subraya la importancia de la comunicación no verbal, esos pequeños detalles como pueden ser el atuendo o el paisaje que se elija para grabar la pieza informativa, porque también es una forma de lanzar mensajes tanto tranquilizadores como alarmantes a los espectadores y no le tiembla la voz cuando asegura que hay que ser cuidadoso con los compañeros locales, entre los que incluye a las fuentes y a los traductores.

Calaf dice que no le gusta que la traten como a una heroína, pues, bajo su punto de vista, no lo es: tan sólo se corren riesgos que son intrínsecos a la profesión. Lo que no se debe -asegura- es ser inconsciente, realizar temeridades de forma sistemática o lanzarse a la aventura sin una mínima preparación y un equipo de protección adecuado.

A sus 64 años, Calaf es feliz también en su vida personal. Nunca quiso tener hijos y, tal y como dijo Hemingway, "las casas no son para vivir, sino para volver a ellas". Pero a Calaf aún le queda mucha información por dar antes de volver a su casa y a su Barcelona natal.

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