Cultura

El piano de Grigory Sokolov regresa al Maestranza

Gregory Sokolov (Leningrado, 1950), coloso del teclado y uno de los más grandes pianistas de nuestro tiempo, regresa esta noche al Maestranza diez años después de su sobrecogedor recital Rameau, Beethoven, Brahms. Dos años antes había hecho su presentación en la temporada de la ROSS con un recital que ha quedado en la memoria.

el 15 sep 2009 / 00:14 h.

Gregory Sokolov (Leningrado, 1950), coloso del teclado y uno de los más grandes pianistas de nuestro tiempo, regresa esta noche al Maestranza (20.30 horas) diez años después de su sobrecogedor recital Rameau, Beethoven, Brahms. Dos años antes había hecho su presentación en la temporada de la ROSS con un recital que ha quedado en la memoria de la orquesta y del teatro.

Desde que ganase, hace más de cuarenta años, el concurso Tchaikovski de Moscú, Sokolov no ha dejado de sorprender al público con un repertorio lleno de vida y con la enorme, casi tangible, fortaleza de su música. Con un control absoluto del pedal, una articulación asombrosa y un ataque preciso, crea una variedad de sonidos casi ilimitada, tan extensa como su paleta de colores, su imaginación y su dominio de la línea melódica. Sus interpretaciones, asimismo, son poéticas, y su libertad rítmica lo hacen muy diferente a los demás pianistas.

Sin embargo, esa naturalidad en su manera de tocar, su estilo y concepción musical auténticamente únicos y reconocibles, cualquiera que sea el repertorio que intérprete, no es solamente fruto de su inspiración y de su técnica. Invitado habitual de los más prestigiosos auditorios y festivales conoce, como pocos técnicos, los pianos. A pesar de estar en lo más alto continúa estudiando todos los días en cada ciudad donde tiene actuación.

En el recital del Teatro de la Maestranza interpretará, dos sonatas de Mozart, la KV. 280 y la KV. 332 y los Preludios, Op. 28 de Chopin, uno de los compositores hacia los que siente una especial afinidad.

Refiere Georg Sand que el compositor escribió estos veinticuatro Preludios en la Cartuja de Valldemosa: "Son obras maestras. Muchos de ellos me traen a la memoria visiones de monjes difuntos y ecos de los cantos fúnebres que acosan la imaginación de Chopin mientras que hay otos caracterizados por su melancolía y suavidad (?) Los compuso en las horas de sol, con las risas de los muchachos que jugaban bajo su ventana, ecos lejanos de rasgueos de guitarra y gorjeos de pájaros en el follaje?"

Los documentos nos dicen, sin embargo, que la mayor parte de ellos, si no todos, habían sido completados -y vendidos a Pleyel- en París antes de emprender el famoso viaje a Baleares en 1938. Chopin era, no obstante, minucioso y perfeccionista extremo a la hora de completar sus obras. El ambiente de la Cartuja, unido a su carácter, pudo llevarlo a revisar una vez más las partituras y que, como nos dice Sand, les diera forma definitiva en aquel romántico Invierno en Mallorca.

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