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El poder de las palabras

Cuenta José Antonio Marina, a propósito de las experiencias vividas, que determinados personajes, pertenecientes a ámbitos distintos de las artes y las letras, aprovechan el enorme caudal que aquéllas acumulan para dotarlas de vida. Entre sus herramientas se encuentran las palabras y su uso.

el 15 sep 2009 / 08:45 h.

Cuenta José Antonio Marina, a propósito de las experiencias vividas, que determinados personajes, pertenecientes a ámbitos distintos de las artes y las letras, aprovechan el enorme caudal que aquéllas acumulan para dotarlas de vida. Entre sus herramientas se encuentran las palabras y su uso.

Y cita a Francisco Umbral de quien rescata lo siguiente: "La lengua elige unos cuantos tipos para expresarse, para salvarse, para decir todo lo mucho que tiene que decir, que es decirse a sí misma". Cierto es, que del mismo modo que embellecemos el lenguaje podemos también deformarlo.

Y en vez de vernos envueltos en las palabras y sentirnos transportados por ellas, movidos por la pasión y los sentimientos, como prefería el pensador francés Foucault, nos dejemos arrastrar por el mero interés, la ambición personal y, a veces, por el servilismo al poder establecido. Cosa que, lamentablemente, acontece con demasiada frecuencia. Las palabras, entonces, pervierten el lenguaje y la propia condición humana.

La flexibilidad se encuentra entre estas últimas. Expresión tentadora para quienes la promueven, e inquietante, por el contrario, para quienes han de padecerla. Se utiliza frecuentemente con la intención de encubrir decisiones difícilmente aceptables. Cuando se utiliza con este propósito, flexibilidad significa, paradójicamente, endurecimiento. Hace tan sólo unos días, los expertos, esa enigmática profesión que casi siempre profetiza malas noticias, advertían de la necesidad de flexibilizar.

Flexibilidad laboral, naturalmente. Esto es, efectivamente, lo que reclamaron, el pasado jueves, los 22 expertos convocados por la Oficina Económica del Gobierno. Justamente, cuando Iberdrola comunicaba que en los seis primeros meses del año han ganado 1.959 millones de euros netos. Lo que representa un crecimiento del 78% respecto al mismo periodo del año anterior.

Parecen ignorar, estos expertos, que las razones de la crisis no están en los costes laborales o la rigidez del mercado que regula las relaciones de trabajo. El Gobernador del Banco de España reconoció, a principios de mes, que éste ha sido lo suficientemente flexible como para generar la mitad del empleo de la UE en los últimos años y acertó al señalar que los beneficios empresariales son un agente importante de la presión al alza de los precios y no tanto los salarios.

Mañana martes Gobierno, sindicatos y patronal firmarán un documento que a decir de sus mentores marcará la hoja de ruta para hacer frente a la crisis. El texto acordado elude aquellos aspectos más duros en los que suele traducirse la idea de flexibilidad en el ámbito de las medidas de política económica. La reforma laboral, insistentemente requerida por la patronal, queda fuera del documento.

Como afirmase Sócrates: nadie es capaz de hacerle frente a un trabajo si no se siente competente; sin embargo, muchos piensan que son capaces de controlar el más difícil de los trabajos: el gobierno. Esperemos, por el bien de todos, que las palabras no queden hueras y que impere la cordura y el buen gobierno.

Doctor en Economía

acore@us.es

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