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El porcentaje femenino en la plantilla de la Policía Nacional sevillana es sólo del 5,6%

Por más que llamen la atención y los políticos las destaquen en cada discurso, de los 1.800 efectivos de la Policía Nacional en Sevilla sólo 101 son mujeres. Repartidas desde los laboratorios a los antidisturbios, ni se sienten distintas ni se quejan de trato desigual.

el 15 sep 2009 / 19:48 h.

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Por más que llamen la atención y los políticos las destaquen en cada discurso, de los 1.800 efectivos de la Policía Nacional en Sevilla sólo 101 son mujeres. Repartidas desde los laboratorios a los antidisturbios, ni se sienten distintas ni se quejan de trato desigual: ven "más machismo fuera que dentro" del cuerpo.

"Una vez me dijo un compañero que prefería trabajar con un tío con la espalda así de ancha que conmigo; le respondí que yo también prefería a un tío así en vez de a él". Es una de las pocas anécdotas que admiten las mujeres policías de Sevilla, que niegan tener un papel especial en un cuerpo que en España no registró presencia femenina hasta 1979. Tampoco encuentran explicación a una cifra de mujeres tan raquítica: sólo son el 5,6% de la plantilla, casi tres puntos menos que la media nacional, del 8,4%.

Salvando minucias como que el uniforme femenino es tan incómodo que la mayoría de las mujeres arreglan la cinturilla del pantalón o piden uno de hombre, las trabas llegan a la hora de conciliar trabajo y familia. Pero tendrían las mismas que sus compañeros si no fuera porque ellas suelen relegar un ascenso si choca con su vida de pareja o el cuidado de los hijos... lo que hacen las mujeres en todas las profesiones. "La principal discriminación es la autodiscriminación -dice María del Mar, delegada del Foro de la Mujer del Sindicato Unificado de la Policía (SUP)-, pero la situación individual de las policías en su puesto de trabajo es buena". Niegan conocer casos graves, de acoso o presiones.

Aunque muchos las consideran "mejores para seguimientos y vigilancias, porque nadie sospecha de ellas", las agentes no suelen comulgar con ese toque femenino. "Yo siempre digo que ocupamos un puesto de policía, no de mujer", remacha María del Mar, a la que una madre agredida por su hijo le dijo una vez, hace años, que no entrara a detenerlo porque le iba a pegar a ella también: "¡Por favor, llama a tus compañeros!", le insistía.

Hoy las distinciones las marcan los galones, que las dejan por debajo de los hombres: la policía de más rango en Sevilla es inspectora jefe. No hay comisarias, y menos aún comisarias principales, ya que hacen falta años para ir subiendo escalones.

Pero las que son jefas, ejercen. Ana Belén, inspectora responsable del grupo de Inspecciones Oculares de la Policía Científica, con 40 años y 15 de servicio, recuerda en un despacho repleto de fotos y dibujos infantiles que ingresó ya como jefa porque antes hizo Pedagogía. "Mi padre me dijo que no había criado a una hija para que se la matara ETA y me hizo estudiar otra carrera; si luego quería seguir siendo policía, se rendía". En su primer destino, Las Palmas, ya había muchas mujeres, policías básicas y jefas, así que no llamó la atención. En Morón fue otra cosa: "La primera mujer y llegué mandando".

Supone que "fue una sorpresa", en un pueblo pequeño, pero no se lo hicieron ver. Le habilitaron como vestuario el cuarto de las limpiadoras, y si entre esos antiguos policías de pueblo hubo reticencias, se amoldaron sin rechistar. Hace ocho años recaló en Sevilla y desde hace dos es jefa de Inspecciones Oculares de la Policía Científica, un "trabajo en el que me pagan por divertirme". "Es cuestión de rutinas, de interiorizar los pasos" para encontrar todas las pruebas de un delito. Eso de los polvos blancos sobre la huella dactilar. "Esta mujer es la que más sabe sobre los reactivos que más le convienen a cada superficie para sacar huellas", la piropea sin atisbo de marca de género un compañero.

El reverso de su labor puede ser la de María José, policía sin galones de 33 años, con 10 en la Policía y cinco en las botas, como se llaman entre ellos los miembros de las unidades antidisturbios. No llegó allí por casualidad; era lo que siempre había querido. 250 funcionarios, cuatro mujeres.

Su labor es mucho más de calle, más física, pero ella no cree que sea cuestión de fuerza, aunque se ejerza en partidos de fútbol o manifestaciones: "Estamos para garantizar la libertad del ciudadano, y eso es lo más gratificante, el contacto con la gente. A mí me gusta que me pregunten, ayudar". Si hay que actuar, "todos somos iguales, es un trabajo en equipo y vamos a una", dice la joven, que realiza una preparación física intensa, idéntica a la de ellos. Admite que "cuando llegas nueva sientes que tienes que demostrar que sabes hacer tu trabajo, pero cuando te conocen eres uno más".

Fuera del cuerpo "sí hay miradas y comentarios, y a veces te tienes que poner más seria para que te traten igual", concede. Si ocurre, los demás dejan "que lo resuelva ella sola, como cualquiera", apostilla su jefe. La desenvoltura de la joven lo acredita: parece cualquier cosa antes que necesitada de un protector que la salve.

El Foro de la Mujer Policía del SUP cita como lo más grave que a alguna mujer se le haya preguntado si pensaba tener hijos al optar a un puesto. En lo demás "puede haber machistas, a lo mejor no les gusta que haya mujeres, pero se cuidan mucho de discriminar porque se les caería el pelo", ya que la voluntad política de fomentar la igualdad es clara, opina María del Mar. Otra cosa es que haya policías "demasiado protectores con nosotras, pero yo no me voy a ofender porque un compañero me abra la puerta".

El Foro ya logró que se rebajara la altura de la mujer para acceder al cuerpo, que antes estaba por encima de la media femenina -la talla que se pide a los hombres es más alta, pero inferior a la media masculina-. Ahora, mientras gestiona que haya vestuarios femeninos en todas las sedes, está embarcado en algo más esencial: guarderías en los centros de trabajo, para evitar que las mujeres renuncien a mejores puestos por lo intempestivo del horario. "Hay muchas parejas de hombre y mujer policías, y siempre es ella la que se pide una oficina al tener hijos; él ni se lo plantea". En Sevilla se solicitó en marzo de 2007 pero, como en el resto del país, Interior aún se lo está pensando.

Llegará tarde para Ana Belén, que durante sus dos embarazos trabajó "con la panza hasta el último día, así de guerrera me ha salido la pequeña". Los beneficios de las gestantes están blindados -dejan de salir a la calle, y de llevar uniforme y pistola en cuanto les molestan-, pero en la crianza sí precisan ayuda familiar. "En el grupo tenemos un miniplan Concilia; todos tenemos hijos y nos echamos una mano para tener horarios flexibles y poder atenderlos".

María José, que ahora comparte los jaleos de la casa con su pareja, también policía, cree que tener niños sería "muy complicado con este trabajo, pero para los dos". Los antidisturbios viajan mucho -en los dos últimos meses ha estado fuera 45 días- y les cambian los turnos con poca o ninguna antelación. "No te puedes arriesgar a comprar entradas para el concierto de Madonna", así que de niños, ni hablamos. Muchas relegan los hijos si buscan ascender, porque los cursos son en Madrid y duran entre un mes y un año.

Pero eso no parece explicar tan escasa presencia femenina. "Yo animo a entrar a las que les guste, es un trabajo precioso", invita María José. "No hay más porque no quieren", advierte un compañero, que recuerda que las pruebas físicas son distintas, algo menos exigentes para ellas. Pero la tendencia no está variando: de los últimos 120 policías incorporados, siete son mujeres, el 5,8%... dos décimas más que la media.

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