sábado, 23 marzo 2019
19:07
, última actualización

El PP ajusta sus cuentas internas

La sucesión de Zoido en Andalucía exhibe los tirones en el partido y atrae a la pugna a voces críticas como Esperanza Aguirre.

el 06 feb 2014 / 23:35 h.

Esperanza Aguirre y Javier Arenas conversan en una imagen de archivo. / EFE Esperanza Aguirre y Javier Arenas conversan en una imagen de archivo. / EFE Si hay un partido acostumbrado a resolver sin estridencias y con férrea disciplina interna sus procesos internos, ése es el Partido Popular. Hasta ahora. La designación del futuro presidente del partido en Andalucía y sucesor de Juan Ignacio Zoido está dejando al descubierto todas las vendettas internas. Los más veteranos lo habían advertido: convocar el congreso de la sucesión sin señalar a un candidato no solo es «inédito» sino una «torpeza». Sobre todo, en el PP en el que Manuel Fraga señaló con el dedo a José María Aznar y éste hizo lo mismo con MarianoRajoy tras consultarlo a solas con su antológico cuaderno azul. Andalucía se ha convertido en rehén y víctima de las luchas internas del partido. El miércoles Zoido, después de un año pidiendo el relevo, se despidió con una llamada a la unidad y a que cesen las injerencias. El pulso interno librado entre la secretaria general, María Dolores de Cospedal, y el histórico Javier Arenas –que demuestra que está más vivo políticamente de lo que muchos habían hecho creer– han impedido lo que Zoido quería: irse con todo amarrado y un presidente in péctore, José Luis Sanz. Esta situación anómala ha abierto la veda y atraído a la pugna de Andalucía a las voces más críticas. Ayer quien no se midió lo más mínimo fue Esperanza Aguirre, a quienes muchos consideran ya uno de los versos sueltos del partido. Aguirre metió el dedo en el ojo a sus compañeros. Durante una entrevista con Jiménez Losantos en Esradio, pidió que el PP democratice la elección de sus líderes. En relación a Andalucía, arremetió contra Cospedal y Arenas, a quienes acusó de «mangonear» para controlar el proceso sucesorio. «Ya está bien de dedo divino. Lo que tiene que suceder en Andalucía es permitir que opinen los militantes», sostuvo durante la entrevista. Según la expresidenta de la comunidad de Madrid es un error que Cospedal trate de imponer al actual secretario general, José Luis Sanz, como su candidato. Sus palabras fueron más duras contra Arenas, viejo enemigo. Del vicesecretario del partido, que ha ejercido durante décadas un hiperliderazgo andaluz, concluyó que «tiene el recuerdo de los congresos de la UCD». Mientras que otros partidos como el PSOE tratan, con más o menos éxito y no sin tejemanejes y batallas internas, de abrirse a las primarias para elegir a sus principales líderes y candidatos en las urnas, el PP está todavía muy lejos de copiar esta fórmula abierta. Aguirre pidió ayer que sean los militantes quienes elijan. Como ejemplo puso en el PP puso a dos de sus barones, José Antonio Bauzá, presidente de Baleares, o a Alberto Núñez Feijóo, que preside Galicia, porque «no temen la democracia en los partidos». «¿A una militancia tan baqueteada no le vamos a dar el derecho a votar al líder que prefieran?», señaló. A raíz de sus palabras, fueron muchos –también desde el PP andaluz– quienes pidieron a Aguirre que se aplique sus propias recetas. Tras su marcha de la comunidad de Madrid ella jamás puso en marcha mecanismos abiertos para elegir a su sucesor y designó directamente a dedo a Ignacio González. Las reflexiones de Aguirre tuvieron rápida respuesta en la cuenta oficial en Twitter del PP de Andalucía. La expresidenta de Madrid dejaba este recado en forma de tuit: «La militancia es quien debe elegir al candidato que cree que pueda conseguir más votos. Ya está bien de tanto dedo divino». Los populares andaluces le replicaron: «Los compromisarios en #14CongresoPP-A elegirán libre y democráticamente al Presidente del PP-A que logrará el cambio en Andalucía». Las puyas internas llegaron así a la red. Por más que el partido niegue que haya pulsos internos en la designación del futuro líder de los populares andaluces, ganan las evidencias. El miércoles, después de más de un año con Zoido en lista de espera y Génova dando largas a su deseo de dedicarse de lleno a la alcaldía de Sevilla, Cospedal debutó en la Junta Directiva regional del partido para anunciar que el próximo cónclave de la sucesión se celebrará los días 1 y 2 de marzo. La orden fue no señalar ningún nombre. No eran esos los planes. El presidente del PP andaluz pensaba cenar un día antes con los líderes provinciales para dar por hecho que sería Sanz quien tomará las riendas. Esa cena fue desconvocada y sustituida por un almuerzo con Cospedal como protagonista en el que se evitó poner nombres sobre la mesa. La teoría más extendida es que Rajoy había mandado frenar por segunda vez –ya lo hizo a finales de noviembre– la designación de Sanz. Las dudas que genera el actual número dos y alcalde de Tomares (Sevilla) pueden tener que ver con el hecho de que su ayuntamiento esté siendo investigado por la justicia por una supuesta trama de contratos falsos. Tres de sus ediles están imputados. Otros aseguran que no es el candidato idóneo para medirse a la socialista Susana Díaz y recuerdan que no tiene escaño en el Parlamento andaluz. Todo esto puede ser verdad pero en el fondo hay un pulso de poder, que viene ya de antiguo, entre Arenas y Cospedal. El expresidente del PP andaluz habría maniobrado para colocar a alguien de su confianza como número dos del futuro organigrama. Muchos señalan a Carmen Crespo. Esto le permitiría seguir conservando su influencia. El PP de Málaga, molesto con el hecho de que el PP de Sevilla –el que cosecha históricamente los peores resultados electorales– acapare el poder, rechaza a Sanz. Tampoco lo avala el PP de Cádiz, con Antonio Sanz, históricamente mano derecha de Arenas, al frente. Ayer la presidenta del comité organizador del congreso de marzo, Carolina España, criticó las «intoxicaciones» desde el exterior que apuntan a un «dedazo». El proceso es «absolutamente abierto, democrático, transparente y participativo», defendió. Cualquiera con 90 avales y el apoyo de al menos del 20% de los compromisarios (315) podría optar a la presidencia. Al PP ese escenario, no previsto de momento, le horroriza. Esperan el dedo de Rajoy. «El consenso es siempre importante», remachó España.

  • 1