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El PP y el pianista el Titanic

Esta semana, no hubo trasvase de agua hacia Andalucía pero Almería le brindó un trasvase de afecto a Mariano Rajoy: frente a los doscientos hooligans que abuchearon en Madrid al hasta ahora líder del PP...

el 15 sep 2009 / 05:20 h.

Esta semana, no hubo trasvase de agua hacia Andalucía pero Almería le brindó un trasvase de afecto a Mariano Rajoy: frente a los doscientos hooligans que abuchearon en Madrid al hasta ahora líder del PP, los conservadores almerienses volvieron a gritarle "presidente", a pesar de su obstinación electoral en no llegar a serlo. Y si bien es cierto que Javier Arenas se pasó tres pueblos al calificarle como el "dirigente español más comprometido con Andalucía", ya era hora de que algún pessonovante de su propio partido le diera cuartelillo y un abrazo en público.

Durante las últimas semanas, el PP al que no le salen las cuentas de los votos está aprendiendo a restar y a dividir a marchas forzadas. Habría que remontarse a los tiempos de la UCD para recordar un clima de cisma interno similar en la reciente democracia nuestra. Y sus dirigentes tendrían que recordar como aquella coalición de centroderecha terminó, por ello, como el rosario de la aurora.

En ese contexto, resulta ejemplar a escala interna la actitud de los populares andaluces. Y no sólo en lo que se refiere a la estructura del partido, que viene demostrando una lealtad hacia Rajoy que, con la que está cayendo, despierta simpatías incluso entre quienes no son afines a dichas siglas ni a su actual presidente. Incluso a escala personal merece un cierto reconocimiento la actitud por ejemplo del jerezano Miguel Arias, que sigue apoyándole a pesar de que en las últimas listas le relegasen a un octavo puesto por Madrid.

El PP contuvo a la extrema derecha y ahora la derecha extrema quiere hacerle la cama al elegido por Aznar: si no se afina una solución de aquí al próximo congreso de junio ahí se masca una ruptura que ignoro si le hará bien a la democracia pero que no le hará bien a sus propios escrutinios en urnas. Ayer, Félix Pérez Miyares recordaba en Canal Sur cómo en el congreso de la UCD de Andalucía en Torremolinos, tras la caída de Manuel Clavero, él renunció a la presidencia porque un veinte por ciento de los compromisarios había votado no. A las tantas de la madrugada, exigió una candidatura alternativa y alguien se presentó, pero apenas logró un once por ciento de los votos. Hace bien Rajoy en insistir en presentarse y en exigir a la disidencia que presente su propia alternativa.

Arenas, mientras tanto, lejos de oír las sirenas que le llaman a una eventual y nueva dirección estatal de su partido, sigue haciendo su trabajo en Andalucía; hoy con la financiación, ayer con el trasvase y dentro de un rato con cualquier otro frente. De un tiempo a esta parte, dan ganas de aplaudirle. Se parece mucho al pianista del Titanic.

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