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El precio de la identidad

El entrenador del Sevilla, Antonio Álvarez, planteó un encuentro de puro músculo. El conjunto de Nervión figuró con un 4-4-2 sin variantes en el que Kanouté y Luis Fabiano ejercieron de referentes ofensivos.

el 25 abr 2010 / 22:13 h.

La posesión del esférico fue intermitente y la ausencia de un cerebro -Zokora es un clase A en labores defensivas- condicionó una pizarra en la que hubo carestía de equilibrio. Cala ocultó los errores de Escudé, aunque no los de Stankevicius, pésimo en los marcajes y el achique de espacios.

Con un déficit de energía en defensa y ante un Pedro León disfrazado de cazador insaciable, el Sevilla adoleció de la templanza necesaria para administrar los tiempos del encuentro.

Fue sometido desde el inicio por un rival muy móvil en la definición gracias a la capacidad de penetración del propio León y a la versatilidad y rapidez de Adrián.

En el segundo acto, y con victoria en el marcador, Álvarez sacrificó a Stankevicius y otorgó su confianza a Lolo, que retrasó su posición original hacia la zaga y generó que Cala permutase a la banda diestra.

Y fue en los últimos minutos, con el Getafe lanzado y la guadaña afilada, cuando las alternativas desaparecieron. La expulsión de Kanouté, el concurso de Romaric y la absurda pérdida de balón de Negredo retrataron al Sevilla en un final de pesadilla.

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