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El presentador

Mucho se ha hablado del debate, y poco de cualquier otra cosa, que el instrumento -para conocer las propuestas de los candidatos- se ha convertido en un fin en sí mismo. No hay campaña, sino debate, una semana antes hablando de la preparación, un día de debate planteado como un derbi...

el 15 sep 2009 / 00:53 h.

Mucho se ha hablado del debate, y poco de cualquier otra cosa, que el instrumento -para conocer las propuestas de los candidatos- se ha convertido en un fin en sí mismo. No hay campaña, sino debate, una semana antes hablando de la preparación, un día de debate planteado como un derbi -"quedan tantos minutos?"-, y una semana de valoración y glosa, que encabalga con la de calentamiento de la segunda sesión. Los periodistas deportivos, me parece -como los del corazón, me temo-, han contaminado con su estilo y sus tics a los demás profesionales del ramo. Yo hablaré del presentador, de su protagonismo desmedido, de su autobombo presentando el debate como un logro, en vez de como un fracaso -se hizo, pero mal, un debate de bajo nivel por el formato acordado-. De cómo cortaba a unos candidatos que tenían sus intervenciones calculadas al segundo, con una rigidez innecesaria; de cómo se permitía dirigirse a un presidente del Gobierno y a un jefe de la oposición. De cómo, sobre todo, aceptó un debate tan coartado, tan tarado, tan muerto, haciéndole el juego a unos partidos que seguramente no se merecían tantos miramientos.

No me gustaron ni el debate ni su presentador, por más que a éste no le discuta ni el mérito ni la intención. Creo que los ciudadanos nos merecíamos algo más de nuestros políticos y de nuestra Academia.

Catedrático de Derecho del Trabajo

miguelrpr@ono.com

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