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El presidente de los abrazos

No habría hecho falta que Griñán avisase de que era el día de los sentimientos porque mucho antes de que él entrase en la sala los besos, los abrazos, los lamentos y las alegrías se arremolinaban sobre la moqueta el Parlamento, más pisada en esta legislatura que en ninunga otra: dos presidentes han tomado posesión en sólo un año.

el 16 sep 2009 / 01:47 h.

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No habría hecho falta que Griñán avisase de que era el día de los sentimientos porque mucho antes de que él entrase en la sala los besos, los abrazos, los lamentos y las alegrías se arremolinaban sobre la moqueta el Parlamento, más pisada en esta legislatura que en ninunga otra: dos presidentes han tomado posesión en sólo un año. El abrazo de ambos -con Chaves refugiándose en el hombro de José Antonio Griñán, llorando de emoción tras el relevo definitivo- fue de los más fotografiados, en una jornada con muchas imágenes. Se repitió la más común de estos días: un Griñán solícito abriéndose paso entre la concurrencia perseguido por un reguero de cables, cámaras y periodistas.

Pero antes de la estampa del sucedido y el sucesor hubo otras muchas. La de los salientes, Evangelina Naranjo, Luis García Garrido, Teresa Jiménez y Francisco Vallejo, que recibieron el aliento de todo el que llegaba. "¿Cómo está?", le preguntó Canal Sur Radio al consejero de Innovación en funciones. Y la respuesta fue sincera: "Mal". La todavía titular de Justicia aprovechaba para despedirse de los representantes de la judicatura en el acto y decirles que pueden seguir siendo amigos y García Garrido ponía su mejor cara. A Teresa Jiménez, enlutada con un traje negro, la estrecharon muchos en sus brazos pero el saludo más cariñoso que recibió fue de Manuel Chaves, que la apretujó durante un buen rato. Él la aupó hace un año al Gobierno del que ahora se va.

Las imágenes del adiós contrastaban con las de la consejera revelación: Rosa Aguilar. Vestida de rojo y escudada en su sonrisa de siempre, la todavía alcaldesa de Córdoba era la única militante de IU -aunque por poco tiempo- del lugar. Atendió a la prensa, conversó con la número tres socialista, Leire Pajín; besó a su antecesor en el cargo y se colocó, cuando iba a tomar la palabra el presidente, entre las mujeres de Griñán. Dos teresas, su esposa (María Teresa Caravaca) y su madre (Teresa Martínez, que cumple en julio 85 años).

A la madre del presidente la delataban el parecido físico y el mismo timbre de voz del dirigente socialista. Y lo "muy emocionada" que estaba. Confesó sentirse "muy orgullosa" de su hijo no por el cargo sino por el trato que estaba reciendo en estos días. "Por las cosas tan bonitas que dicen de él", comentó. El día anterior se lo había pasado frente a la tele viendo el debate de investidura y preparándose para asistir a la toma de posesión. Por unos momentos llegó incluso a robar el protagonismo al presidente, también orgulloso en ese momento de la soltura con la que la señora atendía a la prensa. Contaba con desparpajo que ella era "católica, apostólica y romana" y recordó que le escribió al Papa para preguntarle por cosas que no podía entender de la Iglesia. No le respondió a sus dudas, pero le mandó "una bendición para toda la familia". Para ella fue suficiente.

Gran parte de la familia -a los nietos no los llevaron- acompañaron al presidente en un discreto segundo plano, pese a que él les dedicó su discurso. Sobre todo, dijo, a su hijo Miguel. Reconoció que, "por su edad", no le ha dedicado mucho tiempo.

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