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El presidente galo también cautiva a los diputados

Nicolás Sarkozy conquistó ayer a los diputados y senadores que presenciaron su intervención en el Congreso. Los parlamentarios, que siguieron con entusiasmo su discurso, tampoco perdieron de vista la presencia silenciosa de su esposa, Carla Bruni, sentada en la tribuna de invitados.

el 16 sep 2009 / 02:00 h.

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Nicolás Sarkozy conquistó ayer a los diputados y senadores que presenciaron su intervención en el Congreso. Los parlamentarios, que siguieron con entusiasmo su discurso, tampoco perdieron de vista la presencia silenciosa de su esposa, Carla Bruni, sentada en la tribuna de invitados.

La Cámara Baja acogió la visita con gran expectación. Sarkozy fue recibido en el patio por Zapatero y los presidentes del Congreso y del Senado, José Bono y Javier Rojo, con quienes intercambió sonrisas y comentarios muy distendidos antes de que los himnos francés y español marcaran el comienzo de la ceremonia. Paralelamente, en el hemiciclo, los miembros del Gobierno y el resto de diputados fueron ocupando sus asientos. Después de los saludos, Sarkozy se dirigió a la tribuna presidencial del plenario y, tras dedicar algún gesto de complicidad a su esposa, pronunció su discurso.

Las palabras de Sarkozy generaron unos cuantos aplausos y más de una sonrisa. Sorprendió el alto nivel de francés de los miembros del Gobierno porque únicamente Beatriz Corredor, ministra de Vivienda, tuvo que hacer uso de la conexión de traducción simultánea. Sarkozy no habla español, pero lo disimuló muy bien con un pequeño pinganillo que se trajo de casa, que apenas se dejaba ver en su oreja. Como es habitual en este tipo de visitas hubo también un intercambio de regalos. El líder francés ofreció una placa con la imagen del palacio del Elíseo y recibió de Bono la medalla del Congreso y un facsímil de la Constitución en edición de lujo, y de Rojo la medalla del Senado y un atlas.

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