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El Príncipe encabeza el funeral en Gran Canaria a los dos militares muertos

Ha sido oficiado por el arzobispo castrense Juan del Río, que se ha preguntado: "¿Qué precio tiene la libertad?".

el 28 jun 2011 / 09:58 h.

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El funeral en Gran Canaria a los dos militares fallecidos en  Afganistán ha comenzado a las 10.10 de la mañana, oficiado por el  arzobispo castrense Juan del Río, y con un despliegue de autoridades  presidido por el Príncipe Felipe de Borbón.

Del Río se preguntó "¿qué precio tiene la libertad?" porque la  espera se hace "interminable" mientras los militares españoles se  "topan con aquellos que han hecho del terror su vida". "Toda la sociedad española está con vosotros; toda", aseveró. A su  vez, dijo: "la Conferencia Episcopal me pide que os transmita sus  condolencias, igual que el obispo Cases al que agradezco su  compañía".

Y es que Del Río estuvo acompañado del obispo de la Diócesis de  Canarias, Francisco Cases, y dos coroneles capellanes para el oficio  de la ceremonia, aunque no intervinieron en ella.  

Mientras, entre las autoridades se encontraban el presidente del  Gobierno de Canarias en funciones, Paulino Rivero, la vicepresidenta  canaria en funciones, María del Mar Julios, el portavoz del PP en el  Senado, Pío García-Escudero, el presidente del PP canario, José  Manuel Soria: miembros de la mesa del Parlamento regional como Agueda  Montelongo o Manuel Fernández, además de Fernando Bañolas o Román  Rodríguez entre otros.

También presentes en la ceremonia la banda del Mando aéreo de  Canarias, la Bandera Canarias 50, la escuadra de gastadores, la  compañía de infantería ligera y unos 40 militares del Soria-9 que  vinieron de Fuerteventura, algunos de los cuales fueron los  encargados de portar los féretros de los dos militares.

Los familiares, colocados frente a frente con el Príncipe y resto  de autoridades, vivieron la ceremonia con tristeza, cabezas bajas y  sin poder contener las lágrimas.  

La ceremonia, que duró unos 55 minutos y estuvo todo el tiempo  coronada por la bandera española a media asta, se dirigió a su final  con la imposición por parte del Príncipe de la Cruz del mérito  militar con distintivo rojo tanto al sargento como a la soldado,  situándoselas sobre los ataúdes, envueltos en banderas de España.  

Una corona de flores, varias intervenciones de la banda militar  --incluido el himno de infantería-- y disparos al aire sirvieron de  homenaje tanto a los dos soldados como al resto de militares  españoles caídos y, por último, se realizó la entrega de las banderas  que estaban sobre sus féretros junto con la boina militar a los  familiares presentes, lo que precedió al himno nacional y la marcha  fúnebre para el abandono de los féretros acompañados de familiares y  amigos.

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