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El PSOE toma nota del 22-M y aparca sus pulsos orgánicos

El temor a la derrota que anuncian las encuestas en las autonómicas sirve como factor de unión

el 02 jul 2011 / 21:05 h.

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Autocrítica. De las declaraciones de la noche electoral a la resolución aprobada en el comité provincial del PSOE de Sevilla y las más de 27 intervenciones que se realizaron hay un abismo. Un proceso progresivo de autocrítica en el que los dirigentes socialistas se han desprendido del escudo de la crisis, han abandonado expresiones como “hemos salvado los muebles” y han dejado de lado los lamentos de una supuesta incomprensión por parte de los ciudadanos de un discurso y una gestión bien realizadas. El análisis plasmado en el documento encaja, con mayor o menos exactitud, con dirigentes de todos los sectores. Se han hecho “cosas mal”, se ha producido un distanciamiento del PSOE con los “sectores progresistas”, se han menospreciado valores como la “austeridad” y se ha dado pie a imágenes de “malas prácticas” y “corrupción”. El comité, como ha ocurrido con las asambleas en las agrupaciones de la capital y con las tensas reuniones de análisis del 22-M, sirvió como ejercicio de catarsis. Sin tabús. Hasta la número dos del PSOE-A, Susana Díaz, en presencia de José Antonio Viera –exconsejero de Empleo– situó a los ERE como uno de las principales claves de la derrota.

Integración. Con esta base el PSOE de Sevilla tenía ante sí dos opciones. La vía Almería o Cádiz, donde la derrota acabó por desatar la tormenta siempre latente. O un cierre de filas que dejara a la ejecutiva reforzada. Ambas tenían sus pros y sus contras. Una crisis implicaba cambio, pero al mismo tiempo inestabilidad. Lo contrario evitaba la imagen de un partido centrado en sus problemas y no en los ciudadanos, pero a la vez suponía continuidad. La incógnita debía despejarse en el comité del viernes. Y se optó por la segunda ruta. Lo hizo la dirección que tendió la mano a distintos sectores del partido, y lo hicieron las corrientes críticas, que optaron por plegar velas y aparcar los pulsos. “No toca un debate orgánico”, repitieron unos y otros durante la larga sesión. El miedo a la derrota que anuncian las encuestas para las autonómicas fue el factor desequilibrante. Para unos y para otros. 

Voces. No hubo un movimiento organizado en el comité. Hubo decenas de voces con distintos planteamientos, principalmente desde la capital. Alfonso Rodríguez Gómez de Celis, que abrió el turno de intervenciones –tras la dirección– pidió una ejecutiva de integración que fue bien acogida por la dirección y un cambio del discurso socialista; Evangelina Naranjo promovió otro modelo de agrupaciones socialistas de forma que no se ajusten a territorios, sino también a sectores o colectivos; Evaristo Troya o Ramón Díaz hicieron llamadas a la unidad; la agrupación de Cerro-Amate de Francisco Fernández y Juan Manuel Flores reclamó la comisión ejecutiva municipal, mientras que José Caballos pidió un cierre de filas. El hecho de que hasta dirigentes como Bernardo Bueno bajaran su agresivo tono de los últimos días, dejó en evidencia dos duras intervenciones. Por un lado, la de Raúl Medinilla, de Bellavista, que denunció una “campaña” interna contra él y llegó a exigir a José Antonio Viera que se disculpara ante todos los militantes de Bellavista ante los resultados del 22-M. Por otro, el que fuera aspirante a candidato en las primarias, Luis Ángel Hierro, que pidió prácticamente una dimisión generalizada en la ejecutiva. La provincia permaneció en un segundo plano. Francisco Toscano no acudió. Gutiérrez Limones guardó silencio; y sólo Javier Fernández se convirtió en protagonista al liderar la propuesta de resolución aprobada por unanimidad en el comité.

Intermunicipal. Y mientras el PSOE encajaba la victoria, el PP continuaba con su efusiva celebración del 22-M que tiene en Sevilla su salón de fiestas principal. Los populares se ven cerca de la Junta, e incluso divisan una vía cómoda hasta San Telmo. Zoido, como dijo ayer Arenas, es quien abre el camino. Y de ahí la importancia de cada uno de los pasos que dé. Y éstos no son tan fáciles. Sus primeras medidas de configuración del gobierno reflejan más austeridad de la existente en el anterior mandato, pero no son ni mucho menos una ruptura con lo anterior. El ahorro es aún casi simbólico en un presupuesto de 1.000 millones y, sobre todo, las cifras siguen sin estar claras, como tampoco lo estuvieron con PSOE e IU. El alcalde, como el PP, apuesta casi todo al consenso. A un cambio en las formas. Pero el equilibrio es complejo, como demuestra el último barómetro socioeconómico. Si Zoido quita el Plan Centro no responderá a una aclamación, sino que irá en contra de un amplio sector de la población. Si paraliza el tranvía, no cumplirá un deseo unánime, sino el de una parte. Gobernar es eso, aunque alguien quiera vender lo contrario.   

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