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El que calla...

el 27 feb 2013 / 17:10 h.

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Hay que ver la que se formó el otro día en la Sevilla cofrade con la suspensión del Viacrucis; todo el mundo enchufado a la radio; las tertulias televisivas sin parar; las redes sociales echando humo.

Pasa ya demasiadas veces que ante cualquier decisión, comienza un infernal ruido de murmuraciones y opiniones, una cadena de comentarios y desmentidos que hacen prácticamente imposible tomar pacífica y quietamente cualquier decisión en el mundo de las cofradías. Ante la falta de criterio de los órganos cofrades de decisión, el caos crece entre insinuaciones: “han dicho en Palacio”, “el arzobispo me ha pedido que siga”, “eso no lo van a permitir”, “a ese lo han vetado”, “el otro no está bien visto...” Más bien temprano que tarde se descubre que ni Palacio había dicho nada, ni el arzobispo pidió, ni nada de nada. No son sino argumentos de quienes carecen de argumento.

Ante el silencio de algunos y la tolerancia de otros, el pueblo cree firmemente que el que calla otorga, cuando lo cierto es que quien  calla no dice nada, salvo que tenga obligación de hablar.

Es deseable que las cofradías, como toda la Iglesia, hablaran con una sola voz clara, precisa, meditada, responsable. Entiéndase que no pretendo la unanimidad, ni acepto una dictadura, pero cuando se tome una decisión conforme a los procedimientos establecidos, que no la contradigan ni sometan a continua revisión.

Para ello es preciso que quien tenga la potestad, y sólo el que la tenga, la ejerza. Quien tenga voto, que vote. Quien tenga que trasmitir, no añada de su propia cosecha. Quien tenga que hablar que hable. Y el que no tenga nada que decir que mantenga la boca cerrada.

Si queremos llegar a buen puerto que cada palo aguante su vela y quien deba llevar el timón gobierne la nave con pericia.

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