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"El que esperara a la Macarena por Parras salió decepcionado"

Barbeito defiende un pregón «hecho para mí»

el 22 mar 2010 / 22:25 h.

García Barbeito a su llegada a la sala Joaquín Turina junto a las autoridades

Era la primera vez que Antonio García Barbeito se enfrentaba a un auditorio desde que su voz se apagara el domingo en el Teatro de la Maestranza, y el pregonero mantuvo un discurso basado en una Semana Santa vivida desde la distancia y entre la soledad del campo. "No se me ocurre hacer un pregón a la medida de nadie, ni a la medida de Sevilla sino a la mía".

Barbeito era consciente de que sus palabras resonarían más allá de las paredes de la sala Joaquín Turina, donde anoche se presentó la edición impresa de su pregón, y siguió al dedillo el guión iniciado el domingo durante su intervención en el Maestranza. "El que estuviera esperando a la Macarena por la calle Parras o la Esperanza de Triana por el puente se habrá llevado una gran decepción", recalcó. Llegó unos minutos tarde, tranquilo y relajado, con un look informal con chaqueta clara y camisa negra, según él "como el verdadero Barbeito", y fue recibido entre los aplausos del público que casi llenaba la sala de la calle Laraña. El primero en tomar la palabra fue el presidente del Consejo, Adolfo Arenas, que no dudó en bromear con el pregonero para descargar parte de la tensión que se intuía en el ambiente. Arenas agarró el micrófono y volvió a insistir, como ya lo hiciera el domingo, en que Barbeito "jugó con nosotros, marcó los tiempos, hizo lo que quiso y fue dueño de sus silencios". Unas palabras con las que quiso agradecer "la gran lección" que el pregonero dio el domingo sobre las tablas del Maestranza, mostrándole sus felicitaciones "por lo que le has hecho y le has dicho a Sevilla y por haber puesto a Dios más cerca de nosotros".

El nerviosismo que por entonces tensaba el rostro de Barbeito dejó paso, en ese instante, a una tímida sonrisa que se hizo cómplice con la de la delegada de Fiestas Mayores, Rosamar Prieto, que en su corta intervención quiso redundar en su felicitación al pregonero "porque no buscó los aplausos durante su intervención". Un guiño a la disertación del domingo de Pasión que fue agradecida por Barbeito con un gesto de afecto a su presentadora en el Teatro de la Maestranza. Y así llegó uno de los momentos con más contraste sentimental de toda la noche. Lutgardo García, a la postre prologista del acto y sobrino del pregonero, quiso convertirse en confesor de Barbeito y responder a algunas de las afirmaciones que habían rondado la figura del pregonero durante los últimos días. "El poeta (refiriéndose a Barbeito) sabía que si aceptaba sería para cantar su Semana Santa y no para acudir al atril disfrazado de otro". Primera defensa hacia el pregonero, pero no la única, pues Lutgardo García estructuró sus palabras, de gran calidad literaria, en reproducir las inquietudes y dudas que le surgieron a Barbeito desde que el Consejo le propuso ser quien debía abrir las puertas de la Semana Santa en el corazón de los sevillanos. "Me llamó en otoño y me dijo: sobrino creo que voy a decir que no, y yo sólo sabía decirle: cuántos días tengo para convencerte". Unas conversaciones familiares que alteraron el gesto del pregonero, que no paraba quieto en su asiento, y que incluso le hicieron sudar alguna que otra gota que se afanaba en eliminar con un pañuelo que sacó de su bolsillo. Era la hora de las confesiones y Lutgardo García -que con su prólogo se postuló para tomar el relevo de su tío en el Maestranza- recalcó que el pregonero "no se atrevió a reconocerse creyente, aún siéndolo, porque no quería castigar los oídos de Dios".

Llegó entonces la hora de Barbeito. Con un gesto relajado empezó su esperada intervención dando las gracias y pidiéndole perdón a los miembros del Consejo "por la cruz que os he echado estos días". Así comenzó la justificación del pregonero ante todos los comentarios que habían surgido en torno a su persona. "El domingo estuve muy tranquilo en el Maestranza porque había escrito lo que quería escribir y podía defenderlo", una imagen de un hombre firme y seguro de sus palabras que quiso reafirmar a continuación. "El pregón estaba entregado en la imprenta antes de todo el tsunami, yo no he metido ninguna maldad ni he respondido a nadie, ni siquiera he abierto el texto para atacar. Que mis amigos estén tranquilos porque yo no considero enemigo a nadie", unas palabras que fueron respondidas por el aplauso del público apostado en la sala, cómplice durante toda la noche de las palabras de Barbeito.

Una intervención, la del pregonero, en la que también tuvieron cabida los recuerdos, como aquellos que hacían referencia a las palabras de complicidad que le dedicó a monseñor Asenjo durante el almuerzo en el Alcázar, "nunca el arzobispo lo ha tenido más fácil para beatificar a una persona", e incluso para que las lágrimas brotaran de sus ojos. "El pregón se terminó de imprimir el primer viernes de Cuaresma, el mismo día que mi padre regresó de la guerra en 1939", dijo emocionado y entre sollozos, "al fin y al cabo son mis padres...", recordó. Entre aplausos se diluyeron sus palabras y sólo quedaron las líneas que articulan su pregón -con beneficios para Cáritas-, un texto donde descubrir al verdadero Barbeito.

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