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El reencuentro de la Patrona con el ‘Papa peregrino’

La Virgen de los Reyes modificó ligeramente su tradicional recorrido para rendir visita al nuevo monumento del Papa polaco

el 15 ago 2012 / 08:14 h.

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Una vez hubo completado su giro al perímetro catedralicio, ya de vuelta en la plaza que lleva su nombre, la Virgen de los Reyes se adentró por un estrecho pasillo delimitado por vallas. A las órdenes de un felizmente recuperado Eduardo Bejarano Uceda -51 años mandando ante el paso de la Patrona-, el palio de tumbilla se desviaba unos metros de su recorrido tradicional para rendir visita al recién inaugurado monumento a Juan Pablo II. Asomadas a las celdas del cenobio, las monjas del encalado convento de la Encarnación eran testigos de tan excepcional instante: el reencuentro de la Patrona de Sevilla con el Papa peregrino que hasta en dos ocasiones se postró de hinojos a sus plantas para rezarle. Hasta el alcalde, Juan Ignacio Zoido, abandonó por un momento su lugar protocolario en la procesión para incorporarse a la estela del paso y compartir presidencia junto al arzobispo. Con la mirada de la Virgen y el Niño apuntando hacia Mateos Gago, 25 pares de zapatillas blancas iniciaron entonces una revirá de 180 grados que situó por un fugaz instante frente a frente a dos sonrisas viejas conocidas: la gótica de la imagen fernandina y la del gesto lleno de felicidad que desprendía siempre el Papa polaco subido a los altares. El pueblo, sabio, remarcó la magia del momento rompiendo la regla de silencio de la procesión y prorrumpiendo en un sonoro y breve, pero a la vez intenso, aplauso.

Fue la estampa excepcional que ayer nos regaló la procesión de tercia de la Virgen de los Reyes por las gradas de la Catedral, una salida procesional enmarcada en los cánones tradicionales y que, a diferencia de lo que suele ser habitual, se desarrolló en una mañana fresca y con cierta nubosidad, lo que casi impidió que los rayos de sol acariciaran el candoroso rostro de la Patrona. Las suaves temperaturas echaron en masa al público a las calles, un bullicio que se prolongó hasta bien entrado el mediodía. Miles de sevillanos se agolparon un año más en torno al primer templo metropolitano para renovar la cita secular de cada 15 de agosto con su Patrona que, fiel a su costumbre, asomó a las ocho de la mañana por el portón de Palos.


Después de dos años consecutivos exento de vallas, el recorrido de la procesión amaneció vallado, una decisión que si bien preserva el lucimiento del cortejo evitó que muchos fieles pudieran acceder a las gradas catedralicias, agolpando a numeroso público en los cruces del recorrido.


A una hora de que el palio de tumbilla franquease el dintel de la Puerta de Palos, el trasiego de fieles en el interior de la Catedral es continuo. Son muchos los jóvenes que, mochila al hombro y vara de peregrino en mano, culminan de madrugada su recorrido a pie desde los pueblos limítrofes de la capital. Muchos de ellos asisten respetuosos a alguna de las tres misas que de madrugada se celebran ante el paso de la Patrona, oficiadas este año por Francisco de los Reyes, Fernando Borrego y Adolfo Petit. “Son sacerdotes que suelen venir siempre a estas misas”, refiere desde el interior de la sacristía de los Cálices la religiosa encargada de tener listos sus hábitos.


Mientras tanto, en el exterior de la Catedral, y a medida que se avecina la hora de salida de la Virgen, cada vez se hace más complicado abrirse un hueco en primera fila de vallas para plantar la sillita plegable (otro de esos ritos inalterables de la mañana de la Asunción). Ese problema no lo tiene los huéspedes del hotel Eme, a los que basta con abrir los balcones de sus habitaciones para asistir admirados a cuanto acontece a ras de suelo. A alguno se le pegaron las sábanas y asomó al balcón envuelto en una bata.


Joaquín de la Peña
, diputado mayor de gobierno sin vara de todas las procesiones catedralicias, da la orden. Solemne, el cortejo empieza a salir a las siete y media a una plaza de la Virgen de los Reyes rebosante de público. Entre los 200 cirios de los miembros de la Asociación de Fieles de la Virgen de los Reyes y San Fernando destacan los de contera azul, reservados a su junta gobierno. Asenjo toca por tres veces el león que sirve de llamador al paso de la Patrona. Levantá a pulso. En el Altar del Jubileo tiemblan las mil varas de nardos y los borlones de la tumbilla inician un cadencioso baile. En esta mañana de resonancias fernandinas, en el órgano catedralicio atrona la Marcha Real. El paso se desliza por el enlosado marmóreo de la nave de Palos buscando la luz que empieza a colarse desde la plaza de la Virgen de los Reyes. Franqueado el portón de Palos, la Virgen se detiene unos intantes en el atrio entre el repique jubiloso de las campanas de la Giralda y del cercano convento de la Encarnación, un estruendo al que por arte de magia sigue un imponente y hondo silencio.


En la procesión no hay vivas, ni aplausos, ni tampoco son vitoreados los cambios de arma del regimiento que acompaña a la procesión, muy celebrados por contra el día del Corpus. La banda militar que acompaña en la lejanía al paso hace gala de un ínfimo repertorio. Sólo cuatro marchas para un recorrido en el que la Banda Municipal es capaz de desgranar hasta 12 composiciones. Demasiado tiempo a redoble de tambor. Es lo de menos.
Tras su reencuentro con el Papa peregrino, a las 9.40 horas, la imagen la sonrisa gótica es engullida por la penumbra catedralicia. Toca esperar un año.

 

 

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