El relojero de Los Palacios y Villafranca Marco Martínez se cuela en el catálogo de artesanos

Entre los artesanos reconocidos como tales por la Consejería de Turismo, Comercio y Deportes destacan los bordadores, los marroquineros o los ceramistas. Pero sólo hay dos relojeros en toda Andalucía dedicados en cuerpo y alma a la reparación de estas máquinas que siegan el tiempo a cada tic tac. Los dos son de Sevilla: el clásico Rafael Torner, en la calle Sagasta de la capital hispalense y, desde hace sólo unos días, Marco Martínez, vecino de Los Palacios y Villafranca que ostenta ya el mismo título.

el 23 dic 2010 / 19:27 h.

Marco Martínez en plena tarea en su taller de Los Palacios y Villafranca.
Él y su hermano constituyen la cuarta generación de una familia dedicada plenamente a la reparación de relojes. Su bisabuelo comenzó en esta artesanía de engranajes microscópicos hace un siglo. Su abuelo continuó la saga, y su padre, desde que llegó a Los Palacios y Villafranca en 1956, también lo hizo. Pero ninguno de ellos tenía un título que los reconociese como tales. Hasta hace unos días, después de casi dos años de trámites para aprovechar la Ley de Artesanía de Andalucía, aprobada en 2005 y que persigue la ordenación y promoción de la actividad económica del sector en la comunidad autónoma.


Reparador de relojes es un oficio que no abunda. "Si acudimos al relojero por una avería, sólo estamos dispuestos a pagar un pequeño porcentaje del precio del reloj", advierte este profesional. Para una pieza que cuesta 20 euros, el relojero tendría que cobrarnos sólo unas monedas para que no optemos por comprarnos un aparato nuevo. Pero su trabajo puede llevarle varias horas. La conclusión es decepcionante para estos artesanos a los que se les pasa el tiempo encorvados, con los cinco sentidos y el monóculo sobre una virguería suiza o resucitando las entrañas oxidadas de un cuco.

El reloj, a menos que prefiramos el que no marca las horas del bolero, es ya un objeto de lujo, y la relojería es la reina de la mecánica, pero precisa de nuevos usos para sobrevivir con los tiempos que corren. Y éstos pasan por la resurrección de máquinas centenarias, con más valor sentimental que utilitario, y por la relojería monumental. Las primeras dependen de coleccionistas y la segunda de las administraciones. Y en ese nuevo campo se abre camino esta familia de Los Palacios y Villafranca para aguantar.

En su taller y tienda de la calle Postas, se le pasan a este hombre las horas enfrascado en mil y una excursiones por los entresijos oníricos de estas máquinas cuyo pálpito mecánico se interrumpe o se recupera en sus manos de gorrión, cirujano del tiempo. Desmonta piezas milimétricas de un reloj de cuarzo o monta el caparazón bombeante de uno de pared, como un ataúd centenario al que su posición vertical lo animase a cantar las horas.

Sus preferidos son los relojes mecánicos de hace un siglo o dos, cuyas máquinas, una vez recuperadas, prometen seguir latiendo varias centurias más. No sólo porque estas reparaciones son las únicas rentables, sino porque en su latir encuentra la razón de ser de su oficio, que cada día depende más del mantenimiento y reparación de relojes monumentales.

Por otra parte, además de los que anuncian las horas a campanada limpia en el Ayuntamiento de Los Palacios y Villafranca y en la plaza de abastos del pueblo, esta familia presta sus servicios en casi toda la parte occidental de Andalucía, especialmente para los relojes monumentales, que son los que por ahora garantizan un salida a este sector. Por eso ahora aporta orgulloso su título de artesano, cuya validez, vaya paradoja, tiene los años contados: cuatro, es decir, exactamente 35.041 horas.

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